COVID-19 y Salud Ambiental

La contaminación del aire mata a 33 mil mexicanos cada año

Abelardo Rodríguez
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

Jueves 28 de mayo, 2020

La devastadora presencia del coronavirus (COVID-19) invita a la reflexión sobre la trilogía agua-aire-alimentación. El acceso limitado al agua y aire limpio, y falta de alimento nutricionalmente adecuado o insuficiente ingreso para lograrlo, son situaciones que no padecemos de manera equitativa. La salud pública y el medio ambiente están entretejidos y, mientras que las políticas públicas no afronten la causalidad de estos problemas, seguiremos observando menor bienestar común.

Desde 2010 el gobierno de México reconoce que el Carbono Negro (CN) —partículas de hasta 2.5 micro micras temporalmente suspendidas en el aire, resultado de la combustión incompleta del diesel y combustibles sólidos— perjudica al medio ambiente y la salud. El CN no es tan prominente como las emisiones de dióxido de carbono (CO2) pero una tonelada de CN tiene el potencial de efecto de gas invernadero de 5 mil toneladas de CO2 y se considera que el CN es la segunda o tercera causa del cambio climático.

Expertos del Banco Mundial estimaron en 2016 que la contaminación del aire mata a 33 mil mexicanos cada año, 20 mil de ellos debido a contaminación del aire en las poblaciones y ciudades, y 13 mil debido a la contaminación en los hogares, causada por la preparación de alimentos con leña y otros combustibles sólidos.

La contaminación del aire en los hogares de Campeche, Quintana Roo y Yucatán en 2015, ocasionó 538 muertes y 3.2 millones de días perdidos por enfermedad debido a problemas cardiovasculares, cáncer pulmonar e infecciones respiratorias. En comparación, el número de muertes anuales asociadas al suministro inadecuado de agua, saneamiento e higiene ocasionó 79 y el costo en número de días de enfermedad ascendió a 4.3 millones.

El costo total de los efectos medioambientales en la salud en la península de Yucatán es 13 mil 500 millones de pesos o 2.8 por ciento del producto doméstico regional. Casi la mitad se atribuye a la exposición de plomo en el aire (resultado de combustión de gasolina) que limita el desarrollo mental infantil, mientras 26 por ciento se atribuye a la contaminación en los hogares, 16 por ciento a la contaminación abierta (industrias manufactureras y extractivas, e incendios agropecuarios y forestales) y 10 por ciento debido al suministro deficiente de agua, saneamiento e higiene.

Sinergia entre CN y el coronavirus

El virus es más agresivo en personas con problemas de obesidad, hipertensión, cardio y cerebrovasculares, respiratorios e incidencia de infecciones. El COVID-19 es la gota que derrama el vaso de un cuadro de salud ya de por sí en riesgo.

Es necesario promover una cultura de planeación estratégica ambiental y de salud que aprecie las limitaciones y oportunidades de hacer las cosas de una manera holística. Se debería integrar el componente de salud pública, con el manejo de agua, agricultura, biodiversidad de los paisajes terrestres y costeros, así como el respeto a los valores bioculturales. Es interesante que el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 promueve el generoso uso de fertilizantes minerales que induce a los agricultores a una dependencia agroquímica mientras que promueve el manejo agroecológico en el sector agropecuario. Aprovechemos este episodio del COVID-19 para sentar bases de un esquema que mejore nuestra capacidad de enfrentar a los desastres naturales en el contexto socioeconómico cambiante.

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Edición: Ana Ordaz