La verdad de Morante y la farsa del Juli se premian por igual: dos orejas por barba

Décimo cuarta corrida de la temporada. Aniversario número 71 de la inauguración de la Plaza de toros México

Gastón Ramírez Cuevas
Foto: Sylvette Charroin
La Jornada Maya

Lunes 6 de febrero, 2017

Toros: Seis de Teófilo Gómez, anovillados, débiles y mansos. El primero, el cuarto y el quinto se dejaron hacer fiestas. El segundo de la tarde fue fuertemente pitado en el arrastre y al segundo del lote del Juli le concedieron una absurda vuelta al ruedo.

Un séptimo de Fernando de la Mora, de mejor presencia que los primeros 6. Lo regaló Luis David Adame. El toro le propinó un tumbo espectacular al picador, pero después se reparó de la vista y no sirvió para nada.

Toreros: Morante de la Puebla, a su primero lo mató de un metisaca y media ligeramente baja: silencio. Al cuarto le recetó una entera un pelín caída: dos orejas.

Julián López “El Juli”, al tercero de la función le pinchó una vez y luego le propinó un julipié descaradamente artero: inexplicablemente salió al tercio. Al quinto le pinchó y luego le asestó un sablazo trasero aliviándose como acostumbra: dos orejas.

Luis David Adame confirmó su alternativa. Al primero de la tarde le recetó un pinchazo hondo y luego le descabelló con acierto: salió al tercio con fuerza.
Al sexto le despachó de un feo bajonazo. Al de regalo le pinchó una vez, luego le pegó una entera en buen sitio, pero tuvo que descabellar en un par de ocasiones: palmas tras aviso.

Entrada: Lleno en numerado y algo de gente en general, probablemente unas 30,000 personas.


Las corridas de aniversario en la plaza más grande del mundo son hasta cierto punto previsibles. El embudo de Insurgentes se llena de gente que no acostumbra ir a los toros pero hace un esfuerzo para conseguir entradas y presumir de haber presenciado cosas maravillosas. Luego algún diestro regala un toro y el festejo dura más que un día en canoa.

Sin embargo, en esta ocasión hubo dos acontecimientos extraordinarios. Uno: por primera vez desde que tengo memoria se cantó el himno nacional después del paseíllo, para conmemorar los cien años de la Constitución del país. Fue un momento realmente emocionante y exento de patrioterismos baratos. Quizá es la mejor idea que ha tenido la nueva empresa en lo que va de la temporada. Y dos: Morante le tumbó las orejas a un toro por tercera vez consecutiva.

Esto es lo que pasó toro a toro.

En el de la confirmación de alternativa, Luis David Adame estuvo fenomenal con el capote. Hubo una media fantástica, una serpentina, chicuelinas modernas, un quite por las afueras y magnificas zapopinas. Después de brindarle a su hermano Joselito, Luis David demostró que tiene sitio, elegancia, variedad y mucho temple. De la faena de muleta destacaremos los naturales, uno de pecho rodilla en tierra, las dosantinas y las joselillinas. Lástima que el bicho de Teófilo no tuvo ni fuerza ni raza y que todo quedó en una ovación en el tercio para el torero de Aguascalientes.

El segundo de la tarde era una bestezuela muy fea, anovillada y con una debilidad asombrosa. El público protestó enérgicamente, pero para esos menesteres todos los jueces son sordos. Morante hizo algún esfuerzo, pero ahí no podía pasar nada.

Le tocó su primer turno al Juli, quien se enfrentó a un torito que, como todos sus hermanos se fue prácticamente sin picar. Julián estuvo basto con el capote y ya con la muleta logró doblarse con clase y pegar una media docena de buenos derechazos. El resto de la faena fue un compendio de pases a larga distancia pero ligados: ¡El sueño del villamelón!

Cuando vino la hora del julipié, el coleta español perdió la vergüenza y el respetable le pitó cuando dejó un espadazo casi en la penca del rabo. No obstante, el bondadoso gentío le sacó al tercio.

El milagro ocurrió en el cuarto. Con ese toro, un ejemplar débil pero con ganas de embestir, Morante se lució a la verónica y quitó por cuatro medias colosales. Es imposible lancear con más suavidad y más arte.

La faena de muleta tuvo momentos majestuosos. El torero sevillano estaba feliz y se prodigó, toreando con esa clase y esa genialidad que le caracterizan. Hubo por ahí un pase con la zocata que valió no sólo el boleto, sino el derecho de apartado. Es un gusto ver a Morante cargar la suerte y pasarse al toro por la faja. Ahí quedan para el recuerdo un par de tandas de derechazos que pusieron a la gente de pie.

Tampoco faltaron los naturales a pies juntos (un guiño al maestro Manolo Vázquez) ni los remates plenos de torería. Después de una buena estocada entregándose, Morante cortó dos orejas, aunque algunos protestaron la concesión del segundo apéndice.
La vuelta al anillo fue apoteótica y quedó comprobado una vez más que José Antonio Morante Camacho y el público de La México se quieren de verdad. Que quede claro que ver tres faenones morantistas seguidos en la misma plaza no es cosa fácil.

Juli no iba a quedarse tan tranquilo después de la lección dictada por Morante y se lanzó a la carga, echando mano de todo su arsenal de lances y pases de relumbrón. El rumiante fue fácil y colaboró pese a su nula bravura, permitiéndole al madrileño componer una sinfonía intermitente de toreo ventajista.

Del centenar de muletazos que pegó El Juli, creo recordar unos diez bastante buenos, en los que no toreó quebrando la cintura hasta parecer una alcayata. Don Julián intentó perpetrar su julipié pero pinchó, cosa que le obligó a ajustarse un pelín más al segundo envite. Las dos orejas inmediatas fueron una exageración colosal, pero lo realmente patético fue que el juez de plaza hizo que le dieran la vuelta al ruedo a un toro rajado y manso.

Con el sexto, Luis David Adame se topó con lo peor del encierro, que ya es decir. Ese toro sin presencia ni casta, ni fuerza ni nada, no tuvo un pase. Queriendo agradar, Adame regaló un séptimo. Ese morlaco parecía más toro y a punto estuvo de desnucar al varilaguero y de destripar al caballo. Lamentablemente, al salir del medio puyazo se reparó de la vista y dio al traste con las esperanzas del público y de Luis David. No se puede torear con éxito a un bovino que mansea, desparrama la vista y huye.

Total, fue un festejo interesante en el que pudimos ver a un genio del toreo, a un albañil de los ruedos y a un coleta pundonoroso que dará mucho de qué hablar en el futuro.