El soundtrack de Mérida

Un volumen de ruidos y sonidos

Fabrizio León Diez
Foto: Archivo
La Jornada Maya

Miércoles 19 de abril, 2017


¿Qué es?,me dijo.
¿Qué es qué?, le pregunté.
Eso, el ruido ese.
Es el silencio.
Juan Rulfo


Si nos formulamos la pregunta ¿a qué sabe Mérida?, habría tantas respuestas como recetas de la cocina yucateca, cuyos recados, asados y picantes la hacen diferente, única.

Sucede lo mismo si nos cuestionamos ¿A qué se oye Mérida?, pues su paisaje sonoro es distinto, basta con poner atención en las voces.

Esa es la pregunta que en el fondo se hacen los vecinos y usuarios del centro de la ciudad, junto con las autoridades del Ayuntamiento, a partir de una serie de quejas sobre la música que se produce en los bares y que en la noche molesta a los habitantes aledaños.

Nada más irritante que la falta de silencio en las madrugadas; no hay sonido más atroz que aquel que no está en nuestra decisión escuchar; sobre todo si es nuestra cama la única que nos espera, al final del día.

Tampoco existe bar libre de los ripios, onomatopeyas y chasquidos de los parroquianos, combinados con los ritmos modernos y antiguos que nos han marcado.

Lejos está el día en que los trenes, camiones, autos, alarmas y publicidad, dejen de sonar. Aunque de los citados, quizá el nostálgico pitido del tren es el más agradable; sin embargo, es igual de inevitable, como los sonidos y los ruidos de cualquier ciudad.

Pueden regularse algunos, o blindarse otros con los que hay que convivir.

Tal panorama ha llevado a los funcionarios públicos a actuar y, a petición de una importante comunidad de meridanos extranjeros que habitan en el centro, a revisar y clausurar algunos sitios que contaminan la audición.

Las autoridades, ante una regulación insuficiente, pues no había parámetros para sancionar por el ruido, buscaron otras omisiones o fallas en los bares, con el ánimo de apaciguar las quejas con algunas clausuras temporales y, finalmente, reunirse con las partes para llegar a un acuerdo.

En este intríngulis, uno de los lugares más afectados fue La Mezca; pero esa afectación llevó a sus propietarios a implementar una de las inversiones más sanas: contar con bases profesionales de medición de decibeles para disminuir el impacto sonoro al exterior; lo que significa un punto de partida para que otras empresas se pongan al día, los habitantes estén satisfechos y tranquilos y regidores y diputados, regulen el sonido público en Mérida con reformas vanguardistas.

En días pasados en oficinas públicas del Ayuntamiento, cercanas al parque de La Mejorada, se llevó a cabo un interesante encuentro entre funcionarios del alcalde Mauricio Vila y 35 empresarios.

Ahí se estableció un plan de acción contra el ruido excesivo en el centro capitalino que tendrá por resultado bajar el volumen nocturno o, más bien, concentrarlo para quien lo quiera oír dentro de los establecimientos y que los hoteles y casas también aíslen sus habitaciones, como bien propuso uno de los inversionistas del famoso Mercado 60.

Es la tercera reunión que se lleva a cabo y podemos afirmar que es un hito, pues los acuerdos de este tipo no son frecuentes, donde se le apuesta a la fusión de intereses y soluciones comunes y no al antagonismo irresoluble; además de que se da ruta para que el volumen de ruidos y sonidos sea el correcto y quien quiera solazarse en el murmullo del silencio, en cuyo manto sólo pueden distinguirse la vida de las aves o ciertas onomatopeyas que dan cuenta de nuestra propia existencia, lo haga.

Mérida, Yucatán
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