Servicios ambientales gratis para la industria turística

Comunidades mayas, igual de pobres

Carlos Meade
Foto: Notimex
La Jornada Maya

Lunes 19 de junio, 2017

Se ha dicho que ponerle precio al oxígeno, carbono, biodiversidad y a la captación y conservación del agua es someter a las leyes del capital nuestros medios de vida más básicos. Desde la limitada lógica capitalista, lo que no tiene un valor monetario, lo que no está mercantilizado, no prosperará en el mundo. Esto es absurdo, pero más absurdo es argumentar que es posible “compensar” las emisiones de gases de efecto invernadero con la captación de carbono. Una propuesta falaz pues de lo que se trata, para detener el deterioro ambiental y el cambio climático, es disminuir la emisión de gases. De ninguna manera es posible compensar el incremento del calentamiento global con los bonos de carbono que las industrias contaminantes pagan para poder seguir contaminando.

Al ponerle precio a los bienes naturales comunes (agua, oxígeno, biodiversidad) se evade el hecho de que, en torno al manejo de estos bienes por las comunidades locales, existen valores culturales, conocimientos, prácticas y técnicas tradicionales asociados, que no están considerados en la valorización monetaria, la cual sería, además, harto complejo de estimar.

Estos bienes naturales comunes, bajo la lógica del mercado, ahora son llamados servicios ambientales. De acuerdo a una extraña aritmética que nadie es capaz de explicar, estos servicios tienen precio tasado por hectárea. En México la Conafor ha aplicado el programa REED+, con el que se pretende contribuir a detener el cambio climático. REDD+ significa Reducción de Emisiones por Deforestación, Degradación de los bosques Más conservación y aumento de almacenes de carbono y manejo sostenible de bosques. Este programa reconoce como servicios ambientales la captura de carbono, servicios hidrológicos y el mantenimiento de la biodiversidad.

Durante su crecimiento, los árboles capturan carbono de la atmósfera, que retienen en su tejido leñoso. Una selva en recuperación, pero también una mono-plantación comercial, son candidatos a recibir financiamiento vía bonos de carbón comprados por empresas trasnacionales que, literalmente, pagan por contaminar mientras esto les retribuya en el volumen de su negocio y en sus utilidades.

Los ecosistemas menos alterados ayudan a conservar la biodiversidad natural y ésta, a su vez, contribuye a mantener la salud de los ecosistemas. Existen diferentes formas de aprovechamiento de los ecosistemas de tal manera que unas contribuyen a su conservación y otras a su destrucción. El manejo tradicional de bosques y selvas por parte de los pueblos originarios es una de las que ha ayudado a la conservación de la biodiversidad. Ahora, el programa REDD+ pretende que con estímulos monetarios las comunidades indígenas establezcan áreas de conservación de la biodiversidad. Este esquema no asume que la visión indígena es holística y que es el manejo integral de un territorio, no un área de conservación, lo que contribuye a mantener la biodiversidad. Debido a ello, tal parece, el esquema de pagos por servicios ambientales de la Conafor ha empezado a modificarse.

Selvas y bosques atraen y conservan el agua de la lluvia, que luego es usada en las ciudades y la industria. De acuerdo al concepto de cuenca, todo un ciclo hídrico depende de que se conserven las áreas de recarga y almacenamiento. En el caso de la península, las selvas mejor conservadas son las que atraen y conservan más agua. A través del acuífero, ésta llega a las ciudades costeras y hace factible el desarrollo turístico en la costa de Quintana Roo.

El deterioro de la selva y el uso intensivo del agua son dos factores que, unidos, pueden alterar el ciclo hídrico y cancelar la viabilidad del desarrollo turístico. Menos agua captada y más usada son causa de la intrusión marina, lo que significa que, en lugar de un amplio lente de agua dulce, tendremos una capa cada más delgada del líquido, flotando sobre agua salada.

Pese a la perversión que significa la mercantilización de los bienes naturales comunales, quizá sea factible, en el caso de Tulum, hacer justicia a las comunidades mayas pagando su esfuerzo por mantener los ecosistemas naturales funcionando, considerando que el agua que gracias a ello se capta es utilizada en las ciudades de la costa y en la industria hotelera. Sería una forma de equilibrar la enorme inequidad que existe entre el boyante desarrollo turístico y la precaria economía de las comunidades mayas en este municipio.

Ésta es una más de las oportunidades para que las comunidades mayas reciban algún beneficio del desarrollo turístico costero y, en este caso, no sigan regalando sus servicios ambientales a quienes mayor provecho obtienen de ellos.

Mérida, Yucatán

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