La Mérida que se desploma

Demoler en vez de recuperar

Felipe Escalante Tió
Foto: @PCivilMerida_
La Jornada Maya

Jueves 29 de junio, 2017


La semana pasada, las páginas de La Jornada Maya ofrecieron a los lectores un reportaje de Paul Antoine Matos sobre la recuperación de los predios del Centro Histórico y el Paseo de Montejo, en Mérida, que en una de sus partes deja ver, con optimismo, que el número de casonas en riesgo había disminuido a seis y que la conservación de estos edificios históricos va avanzando impulsada por el turismo y el interés de algunos empresarios.

Ahora, el Ayuntamiento ha dejado ver su intención de demoler esas casonas, con el consabido argumento de que constituyen un riesgo para la población, ya que con las lluvias –ya no digamos un huracán –podrían venirse abajo. Y de nuevo se opta por la solución que termina por crear lunares en Mérida, en lugar de recuperar la belleza de la ciudad.

El problema de las casas abandonadas no es nada nuevo. La idea de que se tratan de una porción del patrimonio histórico y arquitectónico de la ciudad y sus habitantes sí es mucho más reciente. Tratar de conciliar el interés de Mérida con la conservación de sus edificaciones y el interés de las autoridades en turno parece ser algo mucho más complejo.

Lo que se vaya a hacer con las seis casonas es la respuesta a qué ciudad queremos. Una restauración respaldada por un aprovechamiento por parte de los meridanos es la solución más difícil y la que requiere de más recursos económicos y conjunción de talentos. Demoler puede tener efectos dramáticos de los que la urbe no se recuperará jamás. Tal vez el caso más significativo sea la residencia de Sixto García, en la que se alojó Porfirio Díaz durante su visita al estado en 1906, que hoy es un estacionamiento, localizado en el cruce de las calles 63 y 64. ¿Ese será el futuro de los seis predios?

Otras mansiones sobre Paseo de Montejo sufrieron la misma suerte: fueron derrumbadas y sustituidas por adefesios. Es el duro choque con la realidad, en la que la conservación, ya sea de carácter cultural, artístico o incluso ecológico, como apunta nuestro colaborador Rafael Robles de Benito, no es popular entre quienes elaboran los presupuestos.

El gran pretexto para que el Ayuntamiento no intervenga es que se trata de predios particulares, en los que existe un juicio de sucesión intestada y no hay quien se haga responsable de estas propiedades. Se mencionó incluso que uno es “un intestado de 90 años”. Hasta donde tengo noticia, pues no ejerzo el derecho, no hay proceso legal que lleve tanto tiempo. Hasta los sucesores han fallecido, y “herencia” se transmite al fisco, y aquí el Ayuntamiento sería parte interesada, por el adeudo del impuesto predial.

No todos los proyectos de recuperación de espacios deberían incluir a los propietarios. Debe hacerse, eso sí, un estudio legal minucioso en beneficio de la ciudad. En este caso, debió ser responsabilidad de la subdirección de patrimonio cultural, dependiente de la dirección de desarrollo urbano del Ayuntamiento de Mérida, prever los riesgos de los edificios en cuestión, proponer una evaluación de la situación legal de los mismos a la dirección encargada de asuntos jurídicos y, en un momento dado, elaborar un proyecto de aprovechamiento.

Todavía hace unos años se tenía la intención de hacer de Mérida una ciudad Patrimonio de la Humanidad, y fue Campeche la que en verdad respondió y consiguió este nombramiento, con un Centro Histórico particularmente bello, para orgullo peninsular. La capital yucateca lleva casi 20 años con un programa de recuperación de fachadas, pero las casas siguen en riesgo.

Es tiempo que los meridanos y sus autoridades apliquemos el cerebro en busca de soluciones que hagan de esta urbe un lugar bello para todos.

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