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del

Carlos Mena
Foto: Ap
La Jornada Maya

Viernes 11 de agosto, 2017

El éxito económico de Trump era fácil y predecible, si disminuye la migración aumenta el empleo, y así está pasando; si ofrece estímulos a la inversión la industria local se reactiva, y así está pasando; el déficit comercial ha disminuido, la bolsa estadunidense ha subido récords, tal parece que los norteamericanos están cambiando de valores y prefieren la compra local.

El precio ha sido el estigma de la cultura empresarial norteamérica, la adicción por los precios bajos creó la globalización, se olvidaron de los principios políticos y hasta son socios de los comunistas chinos con tal de seguir introduciendo los precios baratos en el mercado norteamericano. De hecho, el 75 por ciento de los norteamericanos quieren comprar local, pero sólo un 30 por ciento quiere pagar más. Sin embargo, ¿cuál es el valor real de las cosas?

Todos sabemos que la industria norteamericana y mexicana sucumbieron por los precios de los asiáticos, pero éstos están basados no solamente en el precio del trabajo, sino en la carencia de leyes y regulaciones que motivan inversiones e impuestos que pagan las empresas del TLC, las cuales hacen que los precios sean más caros que en Asia.

Esta verdad es la razón por la que los norteamericanos votaron por Trump. Del Producto Interno Bruto (PIB) norteamericano, sólo el 12 por ciento es industria, parece poco; no obstante, una industria paga más impuestos que los comerciantes importadores, además las industrias ayudan mejor al empleo, pero si frena la inmigración los sueldos suben también, por lo que a la economía norteamericana le va mejor.

Sin embargo, Trump va más allá, quiere sellar esta tendencia endureciendo más la leyes migratorias y cancelando el TLC para asegurar su industria y empleo, lo que no están viendo es que sus exportaciones de granos subsidiados hacia el mercado mexicano causan un efecto gravísimo en la productividad del campo nacional, es decir, no es rentable pues las importaciones de Estados Unidos están subsidiadas y hacen el mismo efecto que los bienes asiáticos en su país, hacen que los precios de los alimentos en México sean baratos, pero aniquilan la producción local que motivan al campesino a la migración.

Otro número que olvidan es que las grandes cadenas minoristas norteamericanos no sólo venden productos asiáticos, sino que exportan las utilidades que rondan los 20 mil millones de dólares anuales hacia fuera de México. En las negociaciones, los precios del campo deben estar libres de subsidios para que el empleo y el campo vuelvan a prosperar en México.

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