Cuando llegó al sureste la música norteña

Destino: Candelaria

Fernando del Moral
Foto: Portadas Juan Salazar y el Pirroro
La Jornada Maya

Candelaria, Campeche
Lunes 28 de agosto, 2017

Hace unos treinta años le pregunté a mi amigo Carlos Castañón (1947-1990), actor de cine oriundo de Chiapas, por qué la música norteña era tan popular en el sureste. Me dijo: “Acuérdate que también somos norteños, porque nosotros allá somos el norte del sur”. Y es que la norteña, como de aquí en adelante nos referiremos a esta música, primero empezó a difundirse regionalmente desde su zona de origen más conocida que tuvo a Monterrey, Nuevo León, como centro de producción y promoción, sobre todo a partir de los años cincuenta del siglo pasado, y en el presente tiene una difusión tan amplia que va más allá del norte mexicano.

Esto viene a cuento porque los norteños que contribuyeron a poblar Candelaria viajaron también con su música, no sólo en su gusto colectivo, sino que trajeron los primeros instrumentos y los tocaron desde el día de su llegada en 1963. El momento preciso lo refiere el escritor Ramón Rubín en el testimonio de su libro Río inmóvil (Secretaría de Cultura de Jalisco, 1992):

“Pero mientras la banda municipal y una marimba sureña celebraban nuestro arribo para colonizar la selva inhóspita de más adentro con un concierto en la desolada plaza pública, ellos extrajeron de su magro equipaje un clarinete, un pistón y una concertina [acordeón de forma hexagonal] e iniciaron su ejecutoria con una redova. Resultó una extraña simbiosis musical en la que las lánguidas cadencias del Istmo alternaban con el ritmo exultante y juguetón de las polcas norteñas…”

Con ellos llegaron también las primeras canciones que, ante la ausencia de tocadiscos que ya se adquirirían tiempo después, fueron interpretadas a pura voz donde fuera propicio el estado de ánimo, pues dicen que quien canta se acompaña aunque esté solo y, además, puede ser un recurso tan expresivo como efectivo para ahuyentar tristezas o alimentar nostalgias según sea la ocasión. Y si la canción se comparte entre más voces, los intérpretes se multiplican como los peces en el río.

Francisco López Serrano, el promotor del proyecto de colonización de Candelaria, refiere en su libro Del desierto a la selva (Diana, 1984): “Entre los campesinos que movilizamos no faltaban algunos compositores, y no malos, que alegraban con música norteña las noches de la selva. Un día de mi santo me sorprendieron con el Corrido al Lic. Serrano [del cual se transcriben en este artículo las cuartetas primera y última]: Voy a cantar un corrido / al licenciado Serrano / que todos calificamos / como un buen mexicano. Vuela vuela palomita / párate en aquella higuera / estos versos son compuestos / por los hermanos Herrera.” Y éste fue el primer corrido de los nuevos pobladores.

En este libro se cita también la letra y la partitura musical de la canción Candelaria, compuesta por el mayor licenciado Eliseo Rodríguez, quien además la cantaba. Y la letra dice así:

[i]Nació del alma cantarles la canción de Candelaria
Es una selva adornada con agua y tierra encarnada,
con cielo y sol, generoso de estrellas y luna clara.
Tu río es bello espejo que te sirve de camino:
por él llegaron colonos para forjar su destino,
ahora son campechanos y mejores mexicanos.
Colonia Miguel Hidalgo, de aguas verdes y claras,
allí renace la vida y hasta las penas se acaban
al verte, mujer querida, entretenida en el agua.
Tu selva llora hacia el río a través de manantiales,
al verte colonizada por hombres que son cabales;
allí comienza la patria de hombres libres y leales.
Me voy, colonias hermosas, las llevo en mi corazón;
les mandaré mis suspiros y les encargo a mi amor.
Si muero lejos de aquí, que me traigan por favor.[/i]

Estas fueron las primeras composiciones en una nueva tierra para los que apenas estaban conociéndola. Más adelante, Francisco Gutiérrez Navarro, otro colono, crearía el Corrido de Candelaria. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿cuáles eran los cantantes o canciones de la norteña que se escuchaban cuando llegaron aquí? Juan S. Garrido, en su Historia de la música popular en México 1896-1973 (Editorial Extemporáneos, 1974), se refiere a una figura central:

“De los nuevos compositores surgidos en 1961 tenemos a Eulalio González, actor de radio, cine y televisión conocido por El Piporro que ganó gran popularidad con sus cintas de corte festivo. Nacido en Nuevo León, impuso sus graciosas canciones norteñas en el país y en el extranjero. De éstas sobresalieron las polkas Los desfiguros y El taconazo; los corridos Chulas fronteras, Gumaro Sotero y El terror de la frontera…”

Grupos importantes de aquellos años fueron Los Montañeses del Álamo, Los Alegres de Terán, Los Gorriones del Topo Chico y Los Broncos de Reynosa. Y estaban acordeonistas notables como Antonio Tanguma y Narciso Martínez.

En este contexto de la norteña, el bolero y el corrido sonaban mucho y sus intérpretes estaban en el candelero, en las sinfonolas, hacían giras de presentaciones en las caravanas Corona, auspiciadas por una marca cervecera, y grababan discos frecuentemente. Ya tenían una fama pública cantantes como Juan Montoya, Pedro Yerena y Juan Salazar. El entonces muy joven Lorenzo de Monteclaro empezaba una trayectoria que todavía hoy, a sus 77 años, lo mantiene como el único intérprete que queda de esa época, todavía activo, tras la partida este año de Juan Salazar, retirado del micrófono desde hace tiempo, ya que era el último gran cantante de aquéllos.

Los colonos veteranos de Candelaria recuerdan a Juan Salazar y su voz inconfundible en su peculiar estilo. Entre sus mejores interpretaciones pueden incluirse: Mi último refugio, Amor brutal, Besos y cerezas, Esclavo y amo, De cigarro en cigarro, Mis desvelos, Tómate una copa, Amor escondido, Gracias y La corriente. Fue precisamente por la corriente del río Candelaria donde primero viajó la norteña para irse quedando por las orillas y coexistir con el son de la marimba que ya estaba aquí, en una tierra que abrió su espacio a la vida y donde la inspiración musical puede ser como un don otorgado por la naturaleza.