¿Y si AMLO y CJ ya pactaron la elección?

Mesa Chica

Hugo Martoccia
Foto: Fernando Eloy
La Jornada Maya

Lunes 21 de enero, 2019

La versión ha crecido como un rumor sordo, una suerte de suave ventisca que se extiende por todos los rincones de la política estatal. Las heterogéneas coaliciones electorales que se presentaron días atrás, la multiplicidad innecesaria de partidos, las versiones cada vez más extendidas de futuras traiciones electorales de uno y otro lado, han dado pie a una especulación: a todos les conviene una próxima Legislatura de mayorías variables, con el PAN y Morena como referentes políticos e ideológicos, y los demás partidos yendo y viniendo, otorgando mayorías a uno y otro bando cuando sea necesario.

Digamos que Morena y sus aliados del PT y Verde logran una mayoría de 13 o 14 diputados (casi todos los escenarios electorales, hoy, le dan un triunfo amplio a esa coalición) pero con Morena con 10 diputados propios y el resto de sus aliados. Por otro lado, un PAN que sea la segunda minoría, digamos con 7 diputados, y luego el resto, que se repartan entre uno y dos cada partido.

Ese escenario permitiría que cuando haga falta el gobernador contaría con su mayoría, apuntalada en el PAN y sus circunstanciales aliados del PRD y PES, pero también PRI, MC, Confianza, y hasta PVEM, PT y alguno de Morena si hiciera falta.

cuando el presidente necesitara su mayoría (aprobación de reformas constitucionales) también la tendría asegurada entre Morena, PVEM y PT, pero también, si hiciera falta una mayoría calificada, el PRI, Confianza o el PRD podrían prestar ese servicio.

El escenario incluye la posibilidad de que la fuerza contraria, en uno y otro caso, pudiera votar en contra sin afectar la mayoría ya pactada. O sea, ni siquiera habría que cambiar el discurso.

Cuando se dice que a todos les convendría este escenario quizá habría que reducir esa lista a las cabezas de los grupos políticos: los principales beneficiados serían sin duda alguna Andrés Manuel López Obrador y Carlos Joaquín.

Un panista importante del estado consultado sobre esta posibilidad respondió, pragmático: “Ojalá, por la parte que nos corresponde”.

Un alto integrante de Morena dijo que esta especulación es mucho más que eso dentro del partido: hace mucho que tienen la instrucción de mantener una relación tersa con el gobernador.

Ahora, un potencial acuerdo de estas características El principal riesgo es uno muy simple: que todo lo que se acuerde en un mesa vuele por los aires, y el aluvión de votos de Morena sea tan alto, otra vez, que el partido de AMLO se quede con todo.

Algo de eso sucedió (dice otra especulación política del patio quintanarroense) en la pasada elección de Solidaridad. Habría habido un acuerdo para que gane Cristina Torres, pero algo salió mal.

Quizá nunca se puso sobre la mesa el hecho de que ese municipio es, históricamente, en donde AMLO sacó los mayores porcentajes de votación en el estado. Ahora se entiende que era casi imposible que un candidato suyo perdiera allí.

ANTECEDENTES

Lo primero que hay que decir sobre este potencial acuerdo es que ya existió alguna vez. En la elección pasada, hubo un acuerdo explícito o tácito entre esos mismos actores, para que el triunfo electoral en Benito Juárez fuera para Mara Lezama. Mara tuvo, desde siempre, el apoyo total de AMLO. Pero también el de Carlos Joaquin. El propio gobernador buscó a la periodista como candidata en su frente electoral, un año antes de la elección. Creía que era una candidata ganadora y, a la larga, como se vio, esa idea nunca lo abandonó.

No se plantea esto como un demérito de Mara. Al contrario. Es, quizá, el sueño de todo político, convertirse en el candidato más favorable para todos. El consenso mas amplio posible es el objetivo final de la política. En lo electoral, es una garantía de triunfo.

FUNDAMENTOS

La pregunta que hay que hacerse es por qué esta especulación tiene validez. Cuál es el contexto que le da fundamento. No hay duda de que López Obrador tiene una predilección especial por Quintana Roo. Uno de los mayores proyectos de infraestructura de su Gobierno es el tren maya, y el traslado de Sectur a Chetumal es otro proyecto central de su administración.

Playa de Carmen fue incluida entre las ciudades que recibirán más de 670 millones de pesos en proyectos de infraestructura social. El año que viene en ese grupo entraría Cancún. Lo que menos necesita aquí es un gobernador díscolo que le genere problemas.

Tampoco Carlos Joaquín tiene razón para cumplir ese papel. Está parado sobre una suerte de bomba de tiempo electoral. Hay pocos lugares en la República más lopezobradoristas que este estado.

Quizá por eso (y por un estilo político que prefiere los acuerdos a los enfrentamientos) Carlos Joaquín ha sido uno de los gobernadores de oposición que ha mantenido una relación tersa con el Presidente.

Si bien firmó el desplegado de los gobernadores panistas contra los superdelegados, inmediatamente se encargó de aclarar que él no tenia problema alguno en ese aspecto. Su relación con el “superdelegado” Arturo Abreu es más que buena. El funcionario federal defendió al gobernador en su guerra política contra la alcaldesa de Solidaridad, Laura Beristain.

El gobernador ni siquiera levantó políticamente la bandera de la desaparición del Consejo de Promoción Turística de México, que le pega directamente a Quintana Roo. Hizo de esa mala noticia la oportunidad de crear una nuevo organismo nacional, que estará liderado por el estado.

EL DOBLE OFICIALISMO

Había en el ambiente político dos versiones firmes sobre las estrategias del joaquinismo para quedarse con la mayoría en la próxima Legislatura.

La primera es una gran alianza de facto de todos los partidos contra Morena. Esta opción incluye la posibilidad de que el propio gobernador ponga los primeros lugares plurinominales en las listas de todos los partidos distintos a Morena.

La idea es que esos partidos lleguen al Congreso y actúen como una sola fuerza en contra de Morena. Esa idea decae, sin embargo, si el partido de AMLO logra la mayoría.

La otra estrategia, que no está reñida con la anterior, es infiltrar a Morena. Eso implica poner candidatos en el partido de AMLO, que ganen la elección, pero que luego, ya en el Congreso, trabajen para el gobernador y le den mayoría legislativa.

La opción de un pacto entre CJ y AMLO sería la tercera opción. Quizá las dos anteriores formen parte de la tercera. Quizá la infiltración es parte de ese acuerdo, tanto como el hecho de que lleguen diputados de varios partidos, y se genere una Legislatura amplia y ambigua.

Una mayoría variable en el Congreso daría lugar a una suerte de “doble oficialismo”, redituable para todos. Hoy, los números dicen que es una tarea casi imposible quitarle a Morena la mayoría en la próxima Legislatura. Entonces, lo mejor sería compartir o utilizar esa mayoría cuando fuera necesario. Si no puedes con tu enemigo, únete a él, sería el concepto detrás de esta jugada política.

Hay dos cosas que deben decirse. Esta columna es un ejercicio especulativo, que apenas alcanza el estatus de rumor. La otra es que ningún acuerdo electoral realizado en una mesa, podrá mantenerse si el morenismo decide salir a votar para apoyar la “cruzada épica” de su Presidente.

En ese caso, Morena será otra vez un tsunami imparable, y el 2 de junio será apenas una nueva etapa de su inevitable conquista de Quintana Roo.

Cancún, Quintana Roo
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