Destacan profundo conocimiento de la cultura náhuatl de León Portilla

Le rinden magno homenaje nacional al historiador y catedrático

Carlos Paul
Foto: Yazmín Ortega Cortés
La Jornada Maya

Ciudad de México
Viernes 5 de julio, 2019

En el marco del magno homenaje nacional que se le rinde al historiador y catedrático don Miguel León Portilla, este jueves se realizaron tres mesas de reflexión en el auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología, durante las cuales se destacó su profundo conocimiento de la cultura náhuatl, sus destacados estudios como traductor de los códices mesoamericanos; sus facetas como historiador, humanista, filósofo y cronista; así como su sentido crítico y ético.

En la primera mesa titulada Vida y obra de Miguel León Portilla participaron los especialistas, Francisco Morales Portilla, Ana Rita Valero y Adriana Cortés Koloffon, quien estuvo acompañada por Gerogina (ahijada), y Miguel y Fabio (nietos) de don Miguel.

Morales se refirió a las aportaciones que como historiador y traductor ha realizado el maestro León Portilla, en particular al Códice Florentino, el libro Diálogo de los primeros 12 franciscanos, y a las figuras de Fray Bernardino de Sahagún y Fray Juan de Torquemada, ambos de la orden franciscana.

Su singular, novedosa y creativa traducción del texto náhuatl permite dilucidar en torno a distintos e importantes temas filosóficos y teológicos que implican la traducción del simbolismo y conceptos cristianos al simbolismo y conceptos indígenas; tales como la encarnación, la redención, la revelación y la Biblia, entre otros, explicó Morales Portilla. Lo que resulta “una gran aportación al tema del encuentro entre dos culturas”.

Valero destacó el dominio que don Miguel tiene sobre la escritura antigua mesoamericana. “Sobre los códices escritos antes y después de la conquista española, ya que la escritura de códices no se detuvo, como ocurrió con la arquitectura.

“Con ello, el maestro León Portilla se ha empeñado en desarrollar la poca atención al potencial social y semántico de los códices”.

Para concluir la primera mesa de reflexión, Adriana Cortés y los nietos y ahijada del maestro León Portilla, compartieron algunas anécdotas personales y familiares.

Durante la segunda mesa, en la que participaron Aída Castilleja, secretaria técnica del INAH, los historiadores Rodrigo Martínez Baracs y Salvador Reyes y la escritora y cronista Ángeles González Gamio, se encargaron de destacar las facetas de historiador, humanista, filósofo y cronista del homenajeado.

Se habló de su sentido ético y de sus investigaciones inteligentes y rigurosas; de su interés por el tiempo y la existencia. “Como historiador su obra ha sido portentosa para nuestra autoconciencia histórica como nación”, se destacó.

Su libro La visión de los vencidos, explicó Martínez Baracs, “no es una obra terminada, es una llamada de atención al proceso de la conquista. Es uno de los pasos para asumir la derrota y para superarla, más allá de los conquistados y conquistadores, vencedores y vencidos”.

Su trabajo todo, el cual ha contado con el apoyo y la colaboración profesional de su esposa y también investigadora Ascensión Hernández Triviño, abundó Martínez Baracs, “es decisivo para el orgullo de la nación y no para la vergüenza de hablar una lengua indígena”.

Por su parte, Salvador Reyes expresó: Don Miguel, autor de La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes , “es uno de los escasos humanistas que tenemos en el presente”.

González Gamio destacó: “es uno de los especialistas con mayor credibilidad, sencillo y con sentido del humor. Casi todo su trabajo es una gran crónica del alma de los antiguos mexicanos”.

Para la tercera mesa, titulada Conjuros, palabras que curan, participaron el historiador y lingüista Víctor Cata, la señora Fidelfa Francisco Santiago, “curandera que cura con maíz” de San Juan Guichicovi, Oaxaca y el señor Nazario Galicia Lucio, de Xalitzintla, Puebla; “granicero y tiempero náhua”.

Don Miguel León Portilla, se dijo durante las tres mesas de reflexión, es un hombre generoso para compartir su conocimiento, curioso y entusiasta, un sabio que ha entregado su vida al estudio de la filosofía y el pensamiento antiguo, una de las mentes más preclaras, un esposo, un compañero, un padre y abuelo amoroso y solidario, un investigador y catedrático nada condescendiente, sensato y con un sentido crítico y creativo; además de ser un hombre sensible a la lacerante realidad de la situación contemporánea de los indígenas y del país.