Joana Maldonado
Foto: Raphaël Covain
La Jornada Maya

Chetumal, Quintana Roo
Jueves 29 de agosto, 2019

A diferencia de otras partes del país, el pez diablo, cuyos primeros hallazgos en el río Hondo datan entre 2012 y 2013, no ha mostrado un comportamiento riesgoso ante otras especies o su entorno, caso contrario a lo predicho.

Los investigadores del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) consideran que “existe algo que no le gusta de nuestro río” a este pez.

Considerada una especie invasora para el río Hondo, el pez diablo ha mantenido una reproducción normal, sin representar un riesgo para el entorno, y mucho menos para la Laguna de Bacalar.

“Afortunadamente no ha progresado su invasión como lo ha hecho en pantanos de Centla o al norte de Chiapas, Campeche, Tabasco u otras cuencas como la del río Balsas, o incluso del Pánuco, en donde ha sido una catástrofe pesquera y ecológica”, indicó el investigador y académico de Ecosur, Juan Jacobo Schmitter Soto.

El investigador recordó que en 2012, el departamento de pesca de Belice alertó sobre el hallazgo de esta especie pero aún cuando había fotografías, físicamente no lo habían encontrado. No fue sino hasta el 2014 cuando se hizo común su presencia en el río Hondo que desemboca en la zona menonita de Blue Creek, en Belice.

A partir de ahí, esta especie eventualmente llega al río Hondo y si bien ha aumentado desde entonces su presencia, no ha sido en los índices que los investigadores y autoridades habían pronosticado cuando incluso alertaban sobre el riesgo que corría una treintena de especies nativas.

Su presencia en territorio mexicano comenzó en la comunidad de Cocoyol y también en La Unión, en la ribera del río Hondo.

“La población se ha mantenido en la zona de la Unión y Belice por Blue Creek y ha bajado por el río Hondo hasta Ramonal sin llegar a Juan Sarabia ni a la entrada de Bacalar y es probablemente que no llegue pues parece que hay algo que no tanto le agrada a esta especie”, apuntó Schmitter Soto.

En julio de 2016 el investigador dirigió los estudios de monitoreo precisamente en Bacalar con el temor de que al llegar esta especie afectara los estromatolitos.

El pez diablo, originario de Sudamérica puede depositar hasta 3 mil huevecillos.

Sus características le han permitido tomar ventaja de los hábitats en donde ha sido introducido, pues tiene una coraza que lo protege de los depredadores además de sus prácticas alimenticias poco exigentes, ya que se alimenta de materia orgánica y algas incrustadas, según cita el investigador Manuel Mendoza Carraza del departamento de ciencias de la sustentabilidad de Ecosur en Villahermosa.


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