Festivales para todos… menos mi cartera

Ocupaciones impropias

Jhonny Brea
Foto: Felipe Escalante
La Jornada Maya

Martes 15 de octubre, 2019

Sin duda octubre y noviembre son una amenaza para todos los bolsillos. Mi propia cartera, de lo lánguida que está, ya nada más tiene estertores. La pobre ya vio que los boletos para el concierto de Silvio Rodríguez en la Sala de Fiestas Montejo costarán apenas unos centavos menos que los de Ricky Martin… y la verdad es que hay mucha diferencia entre ambos, tanto en público como en cotización. ¿Será que esa es la cuota de recuperación para todo el Festival de la Trova o pusieron esos precios para que no vayan hippies, tamborileros, antropólogos y otros malvivientes que suelen saberse todas las canciones del cubano?

Al menos la tribu no está pensando en ir a ver a Silvio. Es más, mis engendros ni saben de quién se trata. Yo, hace mucho que dejé de cantar La desilusión; solía hacerlo cuando lavaba sus pañales en la batea. Ya saben, las labores propias de mi sexo. La de Ojalá, como podrán suponer, está vetada del playlist para sacudir y barrer, so pena de ser sometido a miradas más inquisidoras que las de un auditor del SAT.

Nada más me pregunto si habrá más espectáculos en el mismo escenario, porque si es así hace falta un presentador que tenga el estilo del Primo Abraham que en paz descanse. Así sí grito aquello de "Sala de Fiestas Montejo, ¡allá nos vemos!"

Por lo pronto nos libramos del Festival del Panucho. Con todo y que La Xtabay me advirtió que íbamos porque íbamos a La Ermita el sábado que acaba de pasar, y que sometió a La Cutusa a un entrenamiento intensivo como linebacker, simplemente el gentío fue tanto que resultaba inútil cualquier esfuerzo hasta para llegar a una cola.

Eso sí, mi dulce tormento está emocionada por una próxima edición. Ya empezó a cavilar que se abra un corredor peatonal entre La Ermita y el parque de San Sebastián para que haya más expositores, y que la oferta sea mayor a la de pavo, carne molida o huevo. Hasta se imaginó que lleguen los gourmet de Campeche. Yo nada más me animé a responderle que lo que hacen ahí son salbutes, pero eso nada más fue darle cuerda.

"Allá también los hacen de mariscos. Imagínate uno de camarones, jaiba o pulpo; seguro que se te antojan", me dijo con cara de que pintura sacra, de esas en las que los santos están en actitud de éxtasis (religioso, por supuesto), tal vez visualizándose como futura secretaria de Fomento Turístico.

Lo que sí, como buen macho omega grasa en pecho, espalda peluda, nalga de milanesa, abdomen de lavadora y bebedor de cerveza light, preferí mantener el silencio y no quise recordarle la ocasión que visitamos Campeche y en una fonda nos dijeron que el marisco no se come de noche porque hace daño; así que mi cartera tiene posibilidad de salir sin tanto daño en la próxima edición.

Para rematar, ahí viene el Festival del Panda, que no entiendo cómo es que lo hacen si no son animales propios de la península. Dicen que es de las ánimas, pero como que no me cuadra. Por lo pronto los carteles que ya sacaron tienen la estética de Coco y lo del desfile parece de una de las últimas películas de James Bond. Si es así, benditos Disney y Hollywood que nos enseñan cómo vivir nuestras propias tradiciones.

Bueno, para ese día estaré escondido porque es tiempo de finados y la cartera lo sabe. Ni crean, desde hace rato que estoy cotizando la hoja de plátano, ya revisé mis latas y tengo suficiente puerco. Nada más caigan unos pesos y me lanzo al mercado a comprar una gallina y manteca. Aunque después me reclame La Xtabay. Eso sí, esta vez mis rapaces no se salvan porque ya hasta conseguí una palangana para que aprendan a dejar la masa en su punto.

Macho omega que se respeta

Para cuando inauguren la Feria del Tamal, todavía quedará suficiente p'iib congelado. Además, algunos aún estaremos bien retacados, así que de esa nos vamos a salvar gracias a la mala planeación.

Mérida, Yucatán
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