Todas las caras de AMLO

Mesa Chica

Hugo Martoccia
Foto: Twitter @lopezobrador_
La Jornada Maya

Lunes 21 de octubre, 2019

Los últimos días han sido, sin duda, los más polémicos de la administración de Andrés Manuel López Obrador. No sólo está la explosión de la inseguridad en diversas zonas del país, con su punto más alto y difícil en Culiacán, sino también otras discusiones que venían desde antes, como el caso del presupuesto, que no termina de convencer a los gobernadores.

Esa situación deja de manifiesto el complejo desafío que significa para cualquier gobernador lidiar con un hombre con el poder, el estilo y la centralidad política de López Obrador. Pero hay dos versiones de AMLO; o mejor dicho, dos versiones con dos opciones cada una.

Primero, están las dos versiones diversas del trato personal que AMLO les dispensa a los gobernadores. En este caso particular, a Carlos Joaquín. Ha habido entre ellos, desde el inicio, una relación dual: un trato personal muy amable entre ambos, pero que no se siente igual en las cosas de la administración pública.

Por otro lado, están las posibles versiones de lo que AMLO pueda ser políticamente en el futuro. Hoy, es una avalancha electoral difícil de frenar. Pero la situación de Culiacán; el impacto general de la inseguridad, que no cesa, y la economía, que no arranca, podrían ser su Talón de Aquiles, nunca mejor utilizada la expresión.

Sea una u otra de esas versiones la que prevalezca, será muy diferente el escenario. Un AMLO súper poderoso es, para cualquier gobernador de Quintana Roo, más un problema que una solución. Pero un AMLO que debilite su peso en el sector independiente y se refugie en su “voto duro”, podría ser un problema aún mayor, por su añeja y extensa influencia en el electorado local.

Dos caras

El gobernador siente que el trato personal con el Presidente es muy bueno. Se puede hablar con él, y hay opciones de pactar también reuniones abiertas con sus funcionarios. Todo cambia cuando se trata de que esa cordialidad llegue a la administración pública: hay una diferencia de fondo en el tema económico: Carlos Joaquín cree que Quintana Roo requiere de más presupuesto y aportes federales, en una relación más justa con lo que el estado aporta a la Federación.

AMLO insiste que los multimillonarios aportes al Tren Maya (dos mil 500 mdp tan sólo en 2020) y los programas sociales que llegan directamente a los ciudadanos (quieren llegar a medio millón de beneficiarios en el estado) son un aporte mayor de su gobierno a los quintanarroenses.

En el gobierno estatal consideran que es loable ampliar los programas sociales, pero Carlos Joaquín cree más en los caminos institucionales, en programas multisectoriales, en planes medibles, que en este formato que el Presidente propone, y que tiene un claro componente personalista.

Carlos Joaquín y AMLO han tenido también cruces abiertos, como el sargazo, que se dirimió públicamente: el gobernador era partidario de un plan de largo plazo, que fuera una solución definitiva al problema. El Presidente dijo que no autorizaría un plan de más de mil mdp para eso, y aseguró que había un negocio detrás de ese pedido. Las acusaciones las hizo aquí mismo, en Quintana Roo. Luego le pasó el tema a la Marina, y ahí quedó todo.

La decisión de la Federación de hacer algunos recortes en los fondos federales en 2020, que impactarían en alrededor de 300 mdp en Quintana Roo, fue el último cruce entre dos hombres que sin duda ven la política de manera diferente.

Dos futuros probables

A pesar de que la derecha mediática y política casi festejó la situación del Presidente en Sinaloa, la realidad es que escarbando en las redes sociales, fuera del círculo rojo, las cosas se ven de otra manera.

El hecho impactará a AMLO, pero difícilmente avance más allá de una cuestión momentánea, porque nadie está en capacidad de aprovechar una eventual caída de la imagen del Presidente. Hoy, la oposición es un espacio casi vacío, cuyos mayores representantes son los medios de la derecha política y financiera, y algún ex progresista extraviado.

El problema real de AMLO va más allá de lo que ha pasado estos días. La seguridad es, sin duda, uno de los problemas centrales que afrontará en su sexenio, y parece claro que la comprensión y la paciencia de la sociedad, aún entre sus partidarios, no será eterna.

El Presidente también enfrenta un desafío mayúsculo en el área económica. El país debe salir del estancamiento en los próximos dos años, porque de otro modo será difícil consolidar la 4T más allá de ese tercio de los votantes que siempre le ha sido fiel.

Hay que recordar que en otros procesos progresistas de América Latina, como el de los Kirchner en Argentina; Lula en Brasil, Rafael Correa en Ecuador, o Evo en Bolivia, convivieron gigantescos programas sociales con un crecimiento económico a “tasas chinas”, lo que generó un proceso de movilidad social ascendente que les dio una gran base electoral hasta en las esquivas clases medias.

Sin esos dos atributos de manera simultánea, la 4T podría no alcanzar la profundidad y permanencia de aquellos procesos políticos; eso repercutirá en la relación con Carlos Joaquín.

¿Que será preferible?: ¿Convivir con un Presidente exitoso, con niveles de aprobación inalcanzables, que se mueve como una sombra sobre todo el mapa político? ¿O enfrentar a un Presidente que pierda apoyo en las clases medias, pero que radicalice su discurso y unifique a su tropa detrás de una guerra de buenos contra malos?

En cualquiera de los dos casos, por la ascendencia política y electoral de AMLO en Quintana Roo, se trataría de un problema importante.

Relaciones peligrosas

Carlos Joaquín parece haber decidido, últimamente, sumarse al grupo de gobernadores del PAN que son, hoy, una de las expresiones políticas institucionales más críticas del Presidente. La decisión es, por una parte, buena: lo aleja de la crítica inconsistente de Vicente Fox y Felipe Calderón, el ataque interesando de la prensa de la derecha, y de la intrascendencia política del PAN de Marko Cortés. Por otro lado, también lo expone a pararse en la acera de enfrente de un Presidente que, más allá de lo sucedido esta semana, conserva una enorme aprobación popular.

No es un dato menor que cada cierto tiempo el nombre de Pedro Joaquín Coldwell sea asociado a alguna de las causas de corrupción que el gobierno federal parece tener guardadas para los momentos difíciles.

Un viejo priísta que aprendió política leyendo los mismos libros que López Obrador lo explicó así: “Pedro está en la primera línea de fuego del Presidente”. Quiso decir que esa amenaza será una constante en la relación de AMLO y Carlos Joaquín, y difícilmente las cosas terminen bien si el gobierno de AMLO avanza sobre el ex gobernador.

Quizá por todo eso, desde un tiempo a esta parte es clara la tendencia del gobernador de marcar distancia de AMLO. Hasta ahora, lo hizo más con silencios que con palabras.

En ese sentido, hay un dato que no pasó inadvertido para la clase política local. En los días que siguieron a la situación de Culiacán, varios gobernadores, entre ellos Carlos Joaquín, publicaron en sus redes sociales un tibio apoyo al Presidente.

El gobernador del estado no hizo nada para que su mensaje se diera a conocer más allá de lo básico. Dejó que la dinámica de las redes sociales lo desaparecieran en ese mar de críticas en que se convirtieron por esas horas.

Esa frialdad y esa distancia parecen más bien una postura silenciosa que, en realidad, dice muchas más cosas de las que calla.

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