La voz del poeta

La ESAY fue testigo de la audición pública de algunos poemas de Carlos Duarte Moreno

José Juan Cervera
Foto: ESAY
La Jornada Maya

Miércoles 11 de diciembre, 2019

La voz delata el universo interior de quien suelta sus amarras a la vastedad del mundo y a la comprensión de las personas, transmite la mudanza de las emociones y llena espacios vacíos que otras formas de expresión abandonan a su suerte. Guarda en sus acentos la clave de signos ocultos y las turbaciones o la firmeza que cada uno cultiva en el caudal de su existencia.

El 7 de diciembre de 2019 acaeció un hecho de singular importancia: la audición pública de algunos poemas de Carlos Duarte Moreno grabados con la voz del propio autor en una cinta de carrete que su familia conservó con el debido cuidado. El escenario de este suceso se situó en la antigua Estación Central de Ferrocarriles de Mérida, edificio que hoy ocupa la Escuela Superior de Artes de Yucatán, cuyo departamento de investigación organizó unas jornadas culturales a las que denominó Estación de Encuentros; de ellas formó parte un círculo de escucha con motivo de los 10 años de fundación de su Fonoteca Adda Navarrete.

El suceso resulta más significativo por haber ocurrido medio siglo después del deceso del escritor, el cual sobrevino el 22 de abril de 1969.

El archivo sonoro fue restaurado en la Fonoteca Nacional y en la ESAY recibió la intervención técnica del especialista Edgar David Tzab, quien equilibró las variaciones de su volumen original para poder apreciarlo mejor. Su duración es de poco más de media hora, si bien esta vez solamente se escucharon los poemas Balada de la luna lavandera, El milagro joyero y Delirio.

El primer poema es un canto a la maternidad y por ello desborda tiernas resonancias en sus versos octosílabos, los cuales pueden leerse, entre otros materiales impresos, en la antología Rosa poética que José Díaz Bolio auspició como el número 9 de su Registro de Cultura Yucateca, de 1946: “Del río en el agua clara/y usando la piedra dura,/la madre amorosa lava/bajo el claror de la luna.//¡Son los pañales de albura,/son abriguitos de lana;/el algodón de las blusas/y las fundas de la almohada!//La luna, con ser tan alta,/la ropa a lavar ayuda/y se deslíe en el agua/y hace más fértil la espuma.//Y la madre, arrodillada,/ablanda la piedra dura/¡y la ropa se hace blanca/con el jabón y la luna!//Y queda el agua empapada/de maternales ternuras/y al estar lava que lava/¡se vuelve madre la luna!”

El milagro joyero es un poema también conocido como La sangre del Rabí, y en su versión más antigua figura como El milagro de su sangre, tal como apareció en la página literaria del periódico El Popular el 10 de diciembre de 1921. El texto está dedicado a Camilo P. Franco y se anunció como parte de un libro titulado Cristales al sol, que no llegó a publicarse y que en 1936 se volvía a señalar como una edición próxima a ver la luz, tal como indicaba el programa de la cena anual del Ateneo Nacional de Ciencias y Artes, en México, D. F., sesión en la que intervino el escritor yucateco. Refiere la actitud de un judío que se resiste a aceptar el origen divino de Jesucristo al encontrarse frente a él en la cruz.

Delirio es un poema que expone la vena sensual de Duarte Moreno, quien exalta con su pluma las formas exuberantes de una mujer de ascendencia africana, como aquellas que conoció durante su estancia en Cuba en la primera mitad de la década de los treinta y a las que recrea en otras muestras líricas de su talento.

Aunque no contiene indicaciones explícitas que permitan afirmarlo con plena seguridad, este registro sonoro puede fechase alrededor de 1964, ya que al ofrecer algunos comentarios de los versos que recita, Duarte Moreno alude a una visita de Nicolás Guillén a Yucatán tres años antes, y en efecto, en una carta de junio de 1961 el poeta antillano le agradece al hijo del Mayab las atenciones recibidas durante su estancia en esta tierra, en la que también selló lazos de amistad con Leopoldo Peniche Vallado, Clemente López Trujillo, Carlos Moreno Medina y otros distinguidos intelectuales de ese entonces.

Una copia de la grabación se resguarda en el acervo de la Fonoteca Adda Navarrete de la ESAY, valioso documento que la familia de Duarte Moreno brinda con generosidad a los admiradores de su legado poético.

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