Azeez al Shaair, defensivo de los Texanos de Houston, volvió a rendir homenaje a las víctimas del genocidio que comete Israel en la franja de Gaza —ahora en la derrota de su equipo 17-19 ante Indianápolis— en la tercera jornada de la NFL, al portar sobre la pintura oscura bajo sus ojos los nombres de dos niñas palestinas asesinadas por bombardeos israelíes: Lana y Bana Ahmed.
Horas antes del encuentro, el jugador anunció a través de sus historias en la red social Instagram que saldría al campo con los nombres de las niñas y con la bandera de Palestina en sus zapatos. También compartió una publicación donde se explica el ataque de Israel.
El rostro de Al Shaair se ha convertido en un espacio de memoria y protesta, pues es la cuarta ocasión que condena el genocidio por este medio, a pesar de las sanciones de la NFL. La semana pasada portó el nombre de otra niña palestina que murió tras ataques israelíes y, de acuerdo a The Athletic, un funcionario de la liga le informó que debía quitarse la marca de la cara o no se le permitiría continuar en el partido.
La NFL contempla sanciones por “mensajes personales” y prohíbe que los jugadores exhiban o transmitan este tipo de mensajes durante el periodo del día de partido en que son visibles para el público del estadio o la audiencia televisiva, salvo autorización previa, motivos por los que Al Shaair ha recibido dos multas económicas, la última por 11 mil 941 dólares.
"¿Vale una vida 11 mil dólares? Una vida no tiene precio. No puedes perderte tanto en tus propios problemas como para no sentir compasión por los demás", declaró entonces el atleta de 29 años, quien es musulmán practicante y suele manifestarse abiertamente sobre la situación en Gaza.
Este acto convierte la identidad de las víctimas en un elemento de “memoria y disputa simbólica” frente a los límites que las instituciones deportivas imponen a sus jugadores.
Un espacio de memoria y protesta,
“Su rostro puede considerarse un espacio de memoria y protesta, el que use los nombres implica dar identidad social a las víctimas, focalizándose en la infancia. El nombre de las niñas, al ser difundido a gran escala, tiene la potencia de volverse simbólico, pues el hecho de designar a las víctimas del genocidio mediante una identidad sociocultural, de género y edad permite una aproximación más emotiva”, explicó a La Jornada Erick Suaste, doctor en ciencias políticas y sociales, especialista en análisis del discurso y semiótica de la cultura.
“Es inadecuado decir que el deporte debe mantenerse al margen de la política, pues en cuanto se emite una resolución de no opinar, se está siendo político, se asume una postura de censura y con ello, hay una implicación a favor del genocidio. Así pues, la NFL y otras organizaciones deportivas tienen intereses comerciales, ideológicos si es que estos están alineados con la política intervencionista de Estados Unidos y, por ende, legitiman el silencio”, agregó.
Al Shaair escribió en los dos primeros juegos de esta temporada sobre la pintura oscura bajo sus ojos, técnica utilizada para reducir el reflejo del sol o la iluminación del estadio, los nombres de las niñas: Wafa Aquila e Hind Rajab. A inicio de año portó la frase: “Alto el genocidio”, escrito en inglés.
“Lo que revela el acto de Al Shaair es la presencia de la contracultura: un movimiento en contra de lo hegemónico que intenta visibilizar a un pueblo. La memoria de las víctimas se construye de esa manera, volviendo simbólicos sus nombres, así como mantener su presencia en sistemas simbólicos que denoten su nacionalidad y cultura”, concluyó Suaste.
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