Atentado a Cubana de Aviación, 50 años de impunidad

En 1976, dos explosiones provocaron la caída al mar de una aeronave; murieron 73 civiles
Foto: Cancillería cubana

David Brooks, Jim Cason

Los autores intelectuales de la explosión del vuelo 455 de la aeronave de Cubana de Aviación que mató a 73 civiles, el peor atentado terrorista en el continente americano hasta Oklahoma City, fueron protegidos y asilados por el gobierno de Estados Unidos el resto de sus vidas y ambos criminales gozaron de plena impunidad.

El 6 de octubre de 1976, dos explosiones provocaron la caída al mar de la aeronave de Cubana de Aviación poco después de despegar de Barbados. Murieron todos sus ocupantes: 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco norcoreanos. Entre ellos viajaban integrantes del equipo cubano de esgrima que regresaba de competir en Venezuela.

La dimensión humana de aquella pérdida permanece en los testimonios de los familiares.

Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, acusados de ser los autores intelectuales de derribar un avión civil cubano el 6 de octubre de 1976 –justo hace medio siglo– encontraron refugio dentro del país que se autoproclama el líder de la lucha mundial contra el terrorismo.

Posada Carriles escapó de una prisión en Venezuela durante su juicio en 1985, mientras Bosch fue absuelto en ese mismo país en 1987 para retornar de manera ilegal a Estados Unidos. Ambos escaparían de toda consecuencia y vivieron el resto de sus vidas en plena libertad en Miami, no sólo sin enfrentar la justicia en Estados Unidos, sino que gozaron de su protección a los más altos niveles.

“Lo increíble de todo este caso es que, con toda la evidencia que había, con una solicitud de extradición pendiente de parte de Venezuela por un acto de terrorismo en la aviación civil que resultó en la muerte de tante gente –jóvenes casi todos ellos, incluyendo el equipo de esgrima juvenil cubano, una niñita guyanesa de 13 años, Sabrina–, a pesar de todo eso… incluyendo una orden de Interpol contra él por 73 cargos de homicidio calificado… los estadunidenses no quieren enjuiciar a Posada Carriles” por el atentado contra el avión, recuerda el abogado José Pertierra, quien representó al gobierno de Venezuela para extraditar a Posada Carriles, en entrevista con La Jornada.

“Lo más increíble es la impunidad. ¿Cómo es posible que este país haya ofrecido impunidad a Posada Carriles y a los terroristas cubanoamericanos que han hecho tantos actos terroristas contra Cuba a través de los años? ¿Cómo Miami los ampara? Este hombre murió en la cama en Miami. Bosch igual”, subrayó Pertierra.

Los dos responsables de colocar la bomba en el avión de Cubana fueron Hernán Ricardo Lozano y Freddy Lugo, quienes fueron arrestados en Trinidad. Según sus interrogatorios, la primera llamada después del atentado fue a las oficinas de Luis Posada Carriles para informarle que el operativo fue exitoso.

Posada Carriles, colaborador de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos desde los años 60 y uno de los conspiradores de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos en 1963, estaba involucrado en incesantes complots terroristas contra su país y sus líderes. Cuando escapó de la prisión en Venezuela, viajó a la base militar Ilopango en El Salvador para trabajar con la CIA con el fin de ayudar a suministrar armas a la Contra, en la operación que estallaría en el “escándalo Irán-Contra” en 1985. Muchos años después, sería procesado y declarado culpable por algunos de sus intentos de asesinar a Fidel Castro en Panamá, pero fue indultado en 2004 por la entonces presidenta saliente de ese país, Mireya Moscoso.


Secreto a voces

Aunque Posada y Bosch nunca fueron condenados por el atentado contra la nave de Cubana de Aviación, no había duda de su participación. Documentos oficiales estadunidenses desclasificados y analizados por el National Security Archive, centro de investigación independiente en Washington a lo largo de los últimos años, incluyen cables enviados al entonces secretario de Estado, Henry Kissinger en 1976, afirmando que Posada Carriles era un autor del complot, pero que la CIA “no tenía conocimiento” del plan.

Sin embargo, un informe secreto de la agencia cita a Posada declarando que “vamos a golpear a un avión cubano” y que “Orlando tiene los detalles”. Un informe de la Oficina Federal de Investigación (FBI) cita a un declarante que afirma que los dos hombres físicamente responsables de colocar el explosivo en el avión llamaron a Bosch para informarle que el plan había sido exitoso (los documentos desclasificados).

Pertierra explicó que los estadunidenses se vieron obligados a procesar a Posada Carriles por algo que no fuera lo del avión, ya que ante el tratado de extradición con Venezuela, se debe expulsar al acusado o procesarlo en el país. Es cuando hace esto último, en 2011, por “fraude migratorio”, porque cuando pide asilo en Estados Unidos responde a una pregunta de las autoridades sobre si ha cometido algún delito diciendo que no. Sin embargo, recuerda Pertierra, “hay dos entrevistas que él ha dado, una a María Elvira Salazar (entonces reportera de televisión hispana en Miami y hoy diputada federal) y otra a The New York Times, donde admite no la voladura del avión –siempre quiso negar eso porque sabía que tenía ese cargo independiente en Venezuela–, sino admite haber sido el autor intelectual de las bombas en un hotel de La Habana”, donde murió un turista italiano. Fue absuelto por el jurado después de más de tres meses de juicio en El Paso. Un juez falló que Posada no podía ser regresado a Cuba o Venezuela –ambos países deseaban enjuiciarlo– por lo que permaneció en Florida.

Bosch murió en Miami en 2011, donde vivió desde finales de los 80, indultado por el presidente George Bush padre de todos los cargos. Posada Carriles lo hizo de causas naturales y como hombre libre en 2018. Las familias de los 73 pasajeros del vuelo 455 de Cubana de Aviación, entre otros, siguen esperando la justicia en el caso.


La Habana honra la memoria de las víctimas

Cuba recuerda el 50 aniversario del crimen de Barbados con actividades de homenaje y reflexión histórica que incluyeron una vigilia en el Memorial José Martí, anoche, y continuarán este martes con el conversatorio Luz de Aurora, en esa institución habanera.

Durante medio siglo, cada 6 de octubre ha sido una jornada de recuerdo y de reclamo de justicia. La fecha, instituida en Cuba como Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado”, vuelve a reunir al país en torno a la memoria de quienes perdieron la vida en aquel atentado. Este cincuentenario tiene una significación especial: al homenaje a las víctimas se suma la responsabilidad de transmitir su historia a generaciones que no vivieron aquellos acontecimientos, pero que tienen derecho a conocerlos.

La vigilia rindió tributo a las 73 personas asesinadas en el atentado contra el vuelo 455 de Cubana de Aviación y a las más de 3 mil víctimas mortales del terrorismo contra Cuba. Según cifras oficiales, estas acciones han causado 3 mil 478 muertes y dejado a 2 mil 99 personas con discapacidad, víctimas de actos ejecutados por el gobierno estadunidense o perpetrados desde su territorio. Detrás de ellas hay familias cuya vida quedó marcada por una ausencia irreparable.

El homenaje seguirá este martes a las 10 de la mañana, con el conversatorio Luz de Aurora, anunciado por el Memorial José Martí. El encuentro se desarrollará en la sala 2 y estará dedicado a preservar la memoria de las víctimas y acercar a las nuevas generaciones al conocimiento de aquel crimen.

Organizada en coordinación con la Casa Editora Capitán San Luis, se proyectará un fragmento del documental Explosión a bordo. La verdadera historia del vuelo 455. Participarán especialistas, instituciones culturales y representantes de la sociedad cubana en un espacio de diálogo sobre la trascendencia del atentado y la necesidad de mantener vivo su recuerdo.

“A una persona tan extraordinariamente viva no se le puede asociar nunca con la idea de la muerte”, expresó Carlos Alberto Cremata, cuyo padre, sobrecargo del avión, murió en el atentado. Cremata, director de la compañía infantil de teatro La Colmenita, evoca a un hombre alegre, capaz de convertir la vida familiar en un escenario de juegos, canciones e historias.

En ese relato, explicó cómo la presencia de su padre lo acompañó en su trabajo con los niños. Cada pequeño éxito de la compañía le hacía imaginar la alegría que habría sentido al compartirlo. Su testimonio recuerda que el daño del terrorismo no termina con la explosión: permanece en los años de convivencia arrebatados, en las conversaciones que no pudieron ocurrir y en los hijos que crecieron sin sus padres.

A la memoria de las familias se suma la documentación sobre las responsabilidades del crimen. Archivos desclasificados de la CIA y la FBI, publicados por National Security Archive, vinculan a Luis Posada Carriles y Orlando Bosch con la planificación del atentado. Esos documentos también acreditan la relación de Posada con la CIA y que, desde junio de 1976, esa agencia disponía de información sobre planes de grupos terroristas de origen cubano en Miami para atacar una aeronave de Cubana de Aviación.

Cincuenta años después, el homenaje no se limita a recordar cómo murieron las víctimas, sino también quiénes eran y cuánto les quedaba por vivir. Mantener presentes sus nombres, sus sueños y la voz de sus familiares es una forma de impedir que el paso del tiempo normalice el crimen o debilite el reclamo de justicia.




Edición: Estefanía Cardeña


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