“No existe nada que no sea consumible”, esa es una de las premisas que evoca el artista mexicoestadunidense Gabriel Lengeling con su creación de obras de arte hechas paleta de hielo.

Uno de los objetivos del artista, además de dar un recorrido por la historia del arte, es que cualquier persona pueda consumir las piezas, aunque sea comiéndolas.

El Calendario azteca sabor mango con chile, el Obelisco roto de chicle, Xochipilli de vainilla, Venus de Milo sabor beso de ángel o la Venus de Willendorf de chocolate son algunas de las propuestas que el artista ha convertido en paletas de hielo que tarde o temprano serán consumidas por el público o por el tiempo.

Lengeling ha explicado en diversas entrevistas que le han realizado durante su participación en ferias de arte que su proyecto es un juego reflexivo sobre la experiencia en el consumo del arte.

Con este proyecto, el público participa de forma activa en la exposición de Gabriel Lengeling y sus esculturas comestibles.

Para lograr estas figuras, el artista usó moldes creados en una impresora 3D, por lo que puede puede repetir la exposición en diferentes espacios.

Una de las reflexiones principales de esta exposición es sobre la forma en la que consumimos el arte y cuál es nuestra interacción con las obras.

“Exhibir y desaparecer”, es la leyenda que se aprecia en el congelador que resguarda las paletas.

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