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La Jornada
06/01/2026 | Ciudad de México
Durante estas fechas invernales, mientras tomo un té para entrar en calor, me surge una duda al ver el vaho en la ventana, ¿cuánto frío puede soportar una persona antes de morir?
En un país como México la respuesta no está al alcance de nuestra mano, pero si volteamos la mirada a un lugar como Suecia encontraremos la historia de Anna Bågenholm. Una mujer que, en 1999, durante una excursión, cayó por un camino de hielo y la mitad de su cuerpo quedó sumergida en agua gélida por más de un hora.
Durante los primeros 40 minutos del accidente, Bågenholm estuvo moviéndose para intentar salir del agua, antes de quedar inconsciente. Luego, sus amigos pasaron otros 40 minutos rompiendo hielo para poder sacarla del agua. Cuando llegó el equipo de rescate, el traslado al hospital fue más fácil. De acuerdo con la BBC News, su temperatura descendió hasta 13.7 °C.
Si bien la historia es impresionante, el caso más extremo de hipotermia es el de Adam. Un niño polaco de casi 3 años que en 2014 salió de su casa, inesperadamente, entre las 3 y las 4 de la madrugada, mientras la temperatura rondaba los -7°C. Al principio nadie notó su ausencia, sino hasta las 7 de la mañana cuando se reportó su desaparición. Desafortunadamente, pasaron 2 horas antes de que un policía descubriera el cuerpo a 620 metros de la casa.
De acuerdo con el National Health Institute, Adam “no mostraba signos de vida y tenía las pupilas fijas y dilatadas. El niño fue llevado a la casa más cercana, donde se inició la reanimación y continuó hasta que los paramédicos llegaron a las 9:24 a.m.”. El único signo vital detectable en ese momento era el nivel de glucosa, 19.5 y la temperatura corporal más baja, registrada durante la reanimación, fue de 11.8°C.
En ambos casos hubo una recuperación efectiva, pero indudablemente surgió otra pregunta ¿qué le pasa al cuerpo durante la hipotermia? De acuerdo con la Mayo Clinic, el pulso se debilita, hay somnolencia y la mente comienza a desconectarse. Esto última provoca que se arrastren las palabras, hay falta de coordinación, desorientación y pérdida de conocimiento. En algunos casos la gente (irónicamente) puede desvestirse, como en el caso de Adam, a quien encontraron descalzo y sólo con la parte superior de su pijama.
Afortunadamente, nuestro país no es un lugar gélido. Sin embargo, en estas fechas el optimismo, la valentía y las ganas de lucirnos puede llevarnos a tomar malas decisiones. Por eso escuchemos a nuestra madre cuando dice “tápate tu pechito, no te vayas a enfriar”.
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Edición: Estefanía Cardeña