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La Jornada
26/08/2026 | Ciudad de México
Alberto Aceves
Mientras decenas de jugadores jóvenes aceptan reducciones salariales para enrolarse en el futbol de Europa y seguir su desarrollo en la élite global, una corriente opuesta retrata la paradoja de la Liga Mx: futbolistas consolidados, que ante la pérdida de protagonismo al otro lado del Atlántico, optan por la “repatriación” al cobijo de lucrativos contratos, lejos de la exigencia de la competitividad internacional.
Los mundialistas Orbelín Pineda (Monterrey), Jorge Sánchez (Atlas) y César Huerta –quien perfila su retorno a Pumas tras la travesía de dos temporadas con el Anderlecht belga– han elegido ese camino. Los tres se suman este semestre a la nómina de mexicanos que decidieron poner punto final a su aventura europea para volver al torneo local a cambio de cifras millonarias.
Desde 2022 a la fecha, alrededor de 15 elementos: Néstor Araujo (2022), Diego Lainez (2023), Jesús Manuel Corona (2023) y Andrés Guardado (2024), entre ellos, fueron reintegrados al mercado nacional al diluirse su continuidad en el extranjero.
El caso de Huerta, de 25 años, ilustra con nitidez el mismo fenómeno. El atacante pactó con la directiva universitaria un contrato por tres campañas para dar por concluida su etapa en Bélgica.
Con la persiana del periodo de transferencias a punto de cerrarse –entre el 31 de agosto y el 1º de septiembre– y un margen reducido de maniobra, debido a su escasa participación en el reciente curso (sumó 2 mil 162 minutos de juego en 38 encuentros oficiales), “Chino” prepara su desembarco en la Ciudad de México para formalizar el traspaso.
“Se están cerrando puertas”, asegura el ex portero internacional Adolfo Ríos, al referirse hasta dónde está dispuesto el futbolista mexicano a sacrificar una vez que ya dio el paso más complejo, que era llegar a Europa.
“Ha habido elementos que lo hicieron con firmeza, como Raúl Jiménez o ‘Memo’ Ochoa, quienes, aún sin estar en equipos de gran prosapia, decidieron mantenerse. Por supuesto, aquí se les considera estrellas, pero dejan un camino que se cosechó de larga data”.
Desde hace varias campañas, el mercado interno del futbol mexicano opera mediante dinámicas inflacionarias.
La solidez financiera de las instituciones les permite ofrecer sueldos que pocos conjuntos de la media europea pueden. Esa burbuja económica actúa como una barrera que encarece la salida de las promesas en formación y, al mismo tiempo, representa una zona segura para quienes interrumpen su carrera internacional ante la pérdida de minutos en la cancha.
“Vives cosas que no pasan en México. Adaptarte, estar lejos de tu familia. Te sientes deprimido por esas cuestiones. Me tocó el primer año en Países Bajos (2022); estuve tres meses con los míos y luego viví un trimestre sin mi esposa ni mi madre cerca”, relató Jorge Sánchez al ser presentado como refuerzo del Atlas, procedente del PAOK de Grecia, luego de recibir una oferta cercana a dos millones de dólares, según estimaciones. “No sé si es un fracaso (regresar). Cada uno sabe la razón de sus decisiones”.
En esa misma línea se sitúa el traspaso de Orbelín Pineda, por quien el Monterrey desembolsó cerca de ocho millones de dólares –de acuerdo con múltiples reportes– al AEK de Atenas, club donde el centrocampista perdió espacio en la alineación titular.
“Valoro el interés que el equipo mostró por mí. Soy consciente de que no siempre se puede estar en un gran nivel, pero trabajo a diario para alcanzar mi mejor versión”, señaló el guerrerense tras un ciclo de tres campañas en el futbol heleno.
Pineda, Sánchez y Huerta son el pulso de una generación que pondera el protagonismo garantizado en el circuito local por encima del compromiso con la máxima exigencia europea.
La brecha se acentúa al contrastar con el contingente de jóvenes que puede sacrificar sus ingresos inmediatos con tal de buscar acomodo en España, Inglaterra o Italia. Entre ellos destaca Érik Lira, capitán de Cruz Azul, quien mantiene gestiones abiertas para su traspaso al Mónaco francés.
Edición: Ana Ordaz