Conocer, recordar y habitar en 'Anamnesis III'

Karnouk recoge la experiencia adquirida a lo largo de su estadía en paisajes diversos
Foto: Centro Cultural La Cúpula

Johanna Martín Mardones

El trabajo de la artista  egipcia Liliane Karnouk, acrílicos sobre papel, es una atractiva mezcla entre la academia, “regresé a la Academia donde pasé años aprendiendo cómo dibujar modelos en vivo, estudiando anatomía, perspectiva, historia del arte” (L. Karnouk); la experimentación, “más tarde emigré a Canadá donde toda mi preparación académica fue descartada para hacer espacio a la experimentación y nuevas aproximaciones al arte contemporáneo” (L.Karnouk);  y, la cercanía emotiva con su propia historia, “hace tiempo regresé a Roma a visitar de nuevo los lugares que recordaba de mis primeros años estudiando arte” (L.Karnouk). Este último aspecto fundamental en la relación que la artista establece entre el pasado y el futuro cuyo inicio está, sin duda, en la academia y que la llevó, posteriormente, a (re)visitar lugares donde extrae la materia prima para su proceso creativo. 

El soporte teórico, así como su propuesta artística, asume el habitar como el entendimiento del valor que posee el momento exacto que se está viviendo, valor trascendente en su obra “(…) siempre estuve atenta a la interfaz del pasado y el futuro (…), donde vi estatuas de mármol blanco de Dioses de la antigüedad, habitar un espacio de hierro negro y hormigón gris que data de la revolución industrial” (L.Karnouk).

Anamnesis III, como se titula la exposición en el Centro Cultural La Cúpula expuesta desde el 19 de enero hasta el 26 de febrero, es la manifestación cierta del estar en el mundo en su diversidad y complejidad, “en sus pinturas y trabajos de instalación, ha explorado una variedad de técnicas, que van desde el antiguo arte de la fabricación de papel hasta la macroprogramación de células vegetales in vitro” (Museo de historia de Canadá); así como su especificidad y su sencillez, “el arte (...) se originó en su fascinación por las plantas como símbolos y también como materiales” (Museo de historia de Canadá). Karnouk recoge la experiencia adquirida a lo largo de su estadía en territorios y paisajes diversos (Roma, Canadá, Egipto, México) como reminiscencia de un pasado que ayuda a habitar el presente. Este ejercicio le permite analizar-estudiar, desde la intuición emotiva, la historia clínica de lo observado-vivido, “los vi habitar los intensos cielos yucatecos, reflejados en el agua de las piscinas de Mérida, escondidos en el inframundo de cuevas y cenotes” (L. Karnouk), y realizar un diagnóstico de esa experiencia para transformarla en obra, rudimento atemporal que une fragmentos diseminados en la memoria. 

Podríamos decir que el proceso que realiza la artista está más bien ligado a la anamnesis filosófica de la teoría de la reminiscencia, término acuñado por Platón donde conocer es  recordar, una especie de vida del alma en el mundo de las ideas fuera del cuerpo, visión innatista defendida por el filósofo. La propuesta de la artista rescata esta teoría en la idea que conocer es recordar sólo que ella, en su investigación, va más allá e incorpora el concepto habitar. Su obra transita por la ecuación conocer es recordar es habitar como urdimbre orgánica que teje la vida con retazos para no olvidar o, simplemente, oponer resistencia. 

Habitar en Anamnesis III es construir un andamiaje que hace de la obra un corpus histórico y cronológico y también una representación simbólica de lo que se habita y del lugar desde el que habitamos. 

Habitar en Anamnesis III es la necesidad urgente de otorgar sentido a la experiencia íntima que abriga y perturba; que emociona y reclama y asume, a ratos, una corporeidad cuya desnudez reside en el reflejo de otro tiempo, otro espacio, otra dimensión. El viaje que (re)visita los lugares vuelve al origen una y otra vez para mirar desde otro lugar y, al mismo tiempo, es un viaje del alma, cartografía del paisaje (no)habitado, el cordón que une y conecta, la palabra exacta o equívoca que define o nubla el recorrido por una historia que nunca termina de escribirse, porque cada (re)visita (re)define el lugar y con ello un nuevo lenguaje, un nuevo paisaje, una nueva realidad y así, sucesivamente. 

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Edición: Ana Ordaz