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Ana Ramírez
04/03/2026 | Cancún, Quintana Roo
La violencia digital es una de las principales problemáticas que enfrentan las mujeres en la actualidad, con pocos resultados aún en la resolución de casos y la necesidad de seguir actualizando la legislación conforme avanzan las tecnologías, aseguraron representantes de colectivas feministas estatales.
Vanesa González Rizzo, coordinadora general de la organización Derechos Autonomías y Sexualidades (DAS) Cancún, advirtió que lo que sucede en las pantallas no es un fenómeno aislado, sino un reflejo directo de las agresiones físicas y analógicas que padece la sociedad.
"Particularmente los cuerpos que se viven como cuerpos feminizados (son quienes la padecen)... eso también impacta y deja huella en la piel. Es decir, detrás de cada mensaje digital hay una piel, hay una persona, y lo recibe otra", acusó.
Esta premisa busca derribar el mito de que el acoso en línea carece de consecuencias tangibles, señalando que existen casos documentados de mujeres que han llegado al suicidio debido a la violencia sistemática recibida por vías digitales. Desafortunadamente, acotó, en un contexto donde la tecnología y la vida cotidiana se entrelazan de forma inseparable, la violencia contra las mujeres ha encontrado un nuevo y fértil terreno en el ecosistema digital.
La crueldad en el mundo digital, aseveró, impacta de manera directa en los cuerpos y la integridad emocional de las víctimas. Al respecto, enfatizó la dimensión humana que existe detrás de cada interacción en red.
En Quintana Roo, especificó, las cifras oficiales no reflejan la magnitud del problema; existe una tendencia institucional a minimizar estos delitos o a clasificarlos de forma errónea. "El problema de las cifras es que no son reales, no dan la cuenta; ya lo están manejando como lesiones, suicidio, minimizan el delito", denunció la coordinadora de DAS.
Esta falta de precisión en el registro invisibiliza el crecimiento de prácticas alarmantes, como la creación de grupos en plataformas como Telegram o Signal donde se comparten fotografías y videos de mujeres bajo efectos de sustancias o sin su consentimiento.
Aunado a ello, hizo hincapié en la sofisticación de las agresiones, que incluyen desde granjas de bots programadas para difundir mensajes de odio hasta el uso de inteligencia artificial para violentar la intimidad.
Ante este panorama, enfatizó que la justicia sigue siendo una materia pendiente: las defensoras digitales reciben aproximadamente cuatro denuncias al mes y se enfrentan a una Fiscalía cuya respuesta es "bastante más lenta de lo que necesitan las personas".
Finalmente, la coordinadora de DAS hizo un llamado a la alfabetización digital y a la actualización del Código Penal local para diferenciar claramente la violencia digital de la violación a la intimidad, asegurando que la protección de los derechos de las mujeres debe ser una prioridad tanto en las calles como en la red.
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Edición: Estefanía Cardeña