A los 41 años, Bertha Moreno se convirtió por primera vez en abuela de una niña que ahora tiene 13 años y tres años después duplicó esa alegría. Ella recuerda que no todos los abuelos son de la tercera edad, y en su caso, dice, haberse convertido en abuela joven ha resultado ventajoso, porque más allá de una relación tradicional con sus nietos “soy su amiga, su confidente y aún me queda ánimo de jugar con ellos”.

“Me casé siendo muy joven, a los 16 años… conocí a mi esposo por medio de su hermana que estudiaba conmigo en la secundaria. Él falleció hace 11 años, apenas conoció a su primera nieta, a la que le ayudó a dar sus primeros pasos. Cuando tenía 17 nació mi primer hijo, quien me hizo abuela de Inés y tres años después mi hija me dio la alegría de ser abuela por segunda ocasión”, cuenta Bertha, quien recientemente cumplió 54 años. 

Narra que se siente afortunada de ver a sus nietos ya grandes y de que aún tenga ganas de seguir jugando con ellos: “Me tienen confianza, y eso me hace poder aconsejarlos y guiarlos en la medida que me corresponde, porque lo demás le corresponde a sus papás. Me llevo muy bien con los dos, nos amamos y es el regalo más maravilloso que Dios me haya podido dar, me siento muy satisfecha con la oportunidad de verlos crecer”.

Bertha recuerda que antes de casarse, duró siete meses de novia con su esposo, con quien cumplió 27 años de casados hasta que él murió en 2009. De ese matrimonio, nacieron tres hijos: un varón que ahora tiene 37 años y dos mujeres, de 34 y 31 años. 

En 2017, cuando Bertha tenía 41, recibió con sorpresa la noticia de que sería abuela. Recuerda mucho la relación de su mamá con sus hijos, porque fue una abuela muy consentidora que le gustaba estar con sus nietos, a quienes amaba profundamente y que significó un apoyo para educarlos.

El día en el que nació su primera nieta, recuerda, “fue una felicidad muy grande, un alivio porque llegó con bien”. Siempre ha estado muy unida con ambos y ha podido disfrutarlos en sus primeros años y estar presente en sus primeros pasos y escucharlos decir sus primeras palabras.

“Con los dos platico mucho, jugamos, nos apapachamos mucho y son celosos conmigo;  llegaron ellos y todo cambió, me hacen sentir completa ¿qué más puedo pedirle a la vida? Los dos son muy hermosos, inteligentes y de buenos sentimientos; ahora aprendo de tecnología con ellos”, cita. 

 

Edición: Enrique Álvarez