El duelo culposo, una de las consecuencias del COVID-19: experta

Señala que al no despedirse ni practicar el rito funerario, no asimilan la muerte normal
Foto: @serpervil

La muerte de muchas personas a causa del COVID-19 ha dejado como resultado deudos que no pueden vivir un duelo sano. No pueden despedirse, no se practica el rito funerario y por tanto, no asimilan la muerte normal; algunos cargan consigo la culpa de haber contagiado a su familiar, lo que se conoce como duelo culposo, destacó Esmeralda Canul Uc, experta en tanatología.

Explicó que cuando los seres humanos experimentamos una pérdida de cualquier tipo, como de trabajo, la pareja, cuando los hijos crecen y se van, el dinero y por supuesto la muerte de un ser querido, pasamos una tristeza profunda que se conoce como duelo. 

En un contexto normal los duelos se viven en diferentes etapas: la primera de ellas es la negación, cuando la persona no puede creer o niega el acontecimiento, lo que es un mecanismo de defensa que el cerebro activa ante el dolor de la noticia; la segunda fase es el enojo, cuando regularmente buscamos culpables.

En una tercera etapa viene la negociación, “es que ya estaba grande, ya vivió”, que es una negociación ante la noticia, y muchas veces después de esta fase llega la depresión, que puede ser biológica o sicológica. Superarla significa la aceptación de la pérdida, que no significa superar la pérdida, sino aprender a vivir con la ausencia del ser querido.

La especialista en tanatología precisó que en el contexto de la pandemia la forma en cómo asumimos las pérdidas de las personas cercanas es distinta, pues cuando podemos cuidar durante la enfermedad a un ser querido guardamos la satisfacción de que hicimos lo posible para mantenerlo bien y con vida, no así en los casos de COVID-19.

“No tenemos la normalidad de esas etapas, mucha gente ve a su familiar enfermo, lo lleva al hospital lúcido y de pronto le informan que murió; no pueden entrar a lo que llamamos el duelo sano, que si bien no es lineal ni generalizado, por COVID-19 es diferente, porque al familiar le queda la incertidumbre de cómo fueron sus últimos momentos, de si fue bien atendido, quién lo cuidó y lo que más mueve es la incertidumbre de los últimos momentos”, precisó Canul Uc.

Incluso, dijo, cuando las personas mueren súbitamente por enfermedad o accidente los deudos cuentan con el rito funerario o velación, que sirve para que el cerebro comience a aceptar la idea de que el ser querido se fue “pero cuando es por COVID-19 te hace falta eso”. 

El proceso solo se asemeja a cuando el familiar o ser querido ha sido secuestrado y la familia o deudos tienen la incertidumbre de los últimos momentos: “es como cuando secuestran a un familiar, no hay un cuerpo que velar, no hay a quien llorarle, más cuando se entregan las cenizas, no hubo un proceso de despedida y a nivel emocional las personas se quedan con esa falta, por eso mucha gente en los hospitales agrede a los médicos, no transitan por la negativa, sino que van directo a la ira”.

En casos extremos el deudo vive además un duelo culposo, cuando es la persona que contagió al fallecido, algo que solo se asemeja a un suicidio. 

“Ahí no es solamente el duelo, sino un duelo culposo, que es el doble de doloroso, pues además de atravesar la pérdida, te estás echando la culpa de que fue por ti (…) en el suicidio la familia experimenta la vergüenza, de hecho, la gente ni lo menciona y luego está la culpa de decir cómo no lo vi, cómo no me percaté de qué pasaba”, explicó la entrevistada.

La especialista añadió que aprender a vivir con una pérdida bajo este contexto podría llevar un proceso más largo. Al final, concluyó, las personas deben comprender que la muerte es como una fila en la que estamos formados sin saber quien va delante o detrás, pero que debemos tener certeza de qué vamos a hacer mientras avanzamos en ella.

 

Edición: Laura Espejo