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Ana Ramírez
29/04/2026 | Cancún, Quintana Roo
El número de migrantes que llega a Quintana Roo se ha incrementado considerablemente en los últimos meses, principalmente de mexicanos que vivían en Estados Unidos, cifra que en los primeros cuatro meses de este año ya corresponde al 89 por ciento de la registrada en todo 2025, compartió Marilyn Torres, presidenta del Consejo Internacional Sumando Venezuela (CISVAC).
"Van 598 deportados mexicanos de Estados Unidos que han venido a Quintana Roo”, destacó Torres, quien se especializa en temas de derechos humanos y migración. En todo 2025, la asociación que dirige atendió a 672 mexicanos deportados, cifra que ya casi se alcanza en menos de la mitad de tiempo, pues llevan 598 casos hasta ahora.
En números generales, el 2025 cerró con la atención directa e indirecta a más de 4 mil 870 personas, pero muchos viajan con sus familias, por lo que el impacto pudo alcanzar hasta a 43 mil personas, considerando núcleos familiares completos.
Los cambios en las políticas fronterizas de Estados Unidos, detalló, han provocado un aumento de deportados que llegan sin recursos, ni identidad legal; esta situación afecta no solo a extranjeros, sino a cientos de mexicanos que regresan a un país donde se sienten como extraños, con casos de quienes vivieron más de 60 años en el país vecino.
El 68 por ciento son hombres, todos mayores de edad, no han llegado menores de edad; hay desde los 19, 20 años, hasta los 80. Estas cifras, actualizadas al primer trimestre de 2026, revelan el drama de quienes vivieron la mayor parte de su vida en el extranjero y son arrojados de vuelta sin documentos, ni apoyo institucional", compartió.
Al llegar a la entidad, relató, los deportados enfrentan el obstáculo de no contar con identificaciones básicas como la credencial del INE o la CURP y sin estos papeles es imposible acceder al empleo formal o realizar trámites fiscales ante el SAT.
La falta de programas de atención específicos en el estado, acotó, obliga a estas personas a acudir a organizaciones civiles, ya que las autoridades locales manifiestan no tener recursos suficientes para atender la demanda, ni está activo el "Bienvenido paisano".
Además de la atención a mexicanos, se sigue atendiendo a personas de Cuba, Venezuela, Honduras y Guatemala, principalmente, algunos deportados desde Estados Unidos. De estas nacionalidades y otros que van llegando apenas de su país, especialmente de Centro y Sudamérica, han recibido a un total de 2 mil 340 personas en lo que va del año.
Una de las carencias principales, informó, es la carencia de albergues públicos en Quintana Roo, lo que ha derivado en la formación de campamentos improvisados en construcciones abandonadas. Ante esta realidad, la sociedad civil ha creado redes de apoyo para ofrecer hospedaje temporal, aunque la magnitud del problema supera con creces los esfuerzos ciudadanos.
"Muchos terminan durmiendo en parques o playas, intentando sobrevivir al hambre diaria en un entorno que les resulta ajeno", reportó. Desde el sector empresarial, aseveró, se intenta canalizar a los deportados hacia la industria turística, aprovechando que muchos dominan el idioma inglés tras años de residencia en el extranjero.
Sin embargo, la inserción laboral es lenta debido a los retrasos administrativos para regularizar su situación; mientras esperan una oportunidad, deben lidiar con la falta de un techo y el estigma social, lo que incrementa el riesgo de crisis humanitarias en zonas urbanas.
"El problema es que estás deportado, pero todo migrante, no importa de la nacionalidad que sea, sufre el síndrome de Ulises, es un síndrome mental de ser deportado... le da, sobre todo, a una persona migrante que te puede durar desde una semana o cinco años. Este padecimiento sicológico subraya la necesidad de atención especializada y trato digno, pues el impacto emocional de la deportación puede incapacitar a las personas para retomar su vida productiva de forma inmediata en territorio mexicano", lamentó.
Edición: Fernando Sierra