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Ana Ramírez
16/06/2026 | Cancún, Quintana Roo
El Atlas de Violencia de Género 2019-2024, presentado recientemente, revela que la agresión hacia las mujeres en Quintana Roo es un fenómeno con bases territoriales y socioeconómicas profundas, donde predomina la violencia sicológica y la modalidad familiar. Los municipios del norte, especialmente Benito Juárez y Playa del Carmen, así como Chetumal, en el sur, concentran los mayores niveles de riesgo para ellas, los cuales están estrechamente vinculados a las condiciones de vida precarias y a la rápida expansión de sus centros urbanos.
"En cuanto a la naturaleza de la violencia, predomina la violencia sicológica y la modalidad familiar, lo que evidencia que el principal entorno de riesgo para las mujeres continúa siendo el ámbito doméstico. No obstante, persisten riesgos relevantes en el espacio público y laboral, así como la presencia de violencia letal extrema en municipios como Tulum y Puerto Morelos. Las modalidades en la Comunidad, Laboral y Digital, muestran un avance sostenido, confirmando que la violencia se despliega en múltiples dimensiones", destaca el documento realizado por investigadoras locales.
Respecto a las modalidades más recurrentes, la violencia sicológica afecta al 29.2 por ciento de las mujeres en el estado, seguida de la violencia sexual, que ha alcanzado un 26.9 por ciento; en el ámbito comunitario, 46.9 por ciento de las quintanarroenses reporta haber sufrido agresiones en espacios públicos, una cifra que supera el promedio nacional.
El Atlas de Género del Estado de Quintana Roo: Evaluación y Diagnóstico Geoespacial de la Violencia es un proyecto financiado por el programa Mujeres en la Ciencia, del Consejo Quintanarroense de Humanidades, Ciencia y Tecnología. Está liderado por la doctora María Luisa Hernández Aguilar, de la Universidad Autónoma de Quintana Roo, junto con un equipo de mujeres investigadoras, entre ellas las doctoras Bonnie Lucía Campos Cámara, Norma Angélica Oropeza García, Lucinda Arroyo Arcos, Margarita de Abril Navarro Favela y Alicia Cuza Sorolla; las maestras Dalia Siboney Romero Lara y Silvia Barbosa Polanco; la ingeniera María Inés Cima Ruiz y la bachiller Kassandra Rosado Lagos.
El documento se construyó a partir de la integración de información de fuentes oficiales federales y estatales como el Sistema Nacional de Llamadas de Emergencia 911 (Secretaría de Seguridad Ciudadana); el Banco Nacional de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres (BANAVIM); el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP); y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), mediante ENDIREH y SIESVIM.
El diagnóstico geográfico identificó focos rojos donde la violencia letal se intensifica de manera alarmante, como en Cancún, con la mayor densidad de casos en zonas populares y asentamientos irregulares, lejos de los corredores turísticos tradicionales. En el análisis espacial de la violencia feminicida en Cancún entre 2019 y 2024, se observa que las zonas con mayor intensidad se concentran en áreas populares como Villas del Mar Plus, Porvenir y Nuevo Amanecer.
En Playa del Carmen, el riesgo se localiza en barrios residenciales consolidados, como las colonias Gonzalo Guerrero y Luis Donaldo Colosio, además de Palmanova, Real Lucerna, Real Ibiza, Real Toledo, Villas del Mar II y Real Bilbao, situadas al sur de la avenida 28 de Julio; mientras que Chetumal presenta concentraciones críticas en sectores como las colonias Proterritorio y Solidaridad, confirmando que la violencia impacta con mayor fuerza en las áreas habitacionales densas.
Los registros estatales muestran un incremento del 78.1 por ciento en los casos reportados entre 2019 y 2024, con picos de incidencia marcados durante los domingos y lunes; es decir, los conflictos familiares se intensifican durante los fines de semana, lo que exige que las autoridades ajusten sus horarios de atención y respuesta.
De esta manera, la evidencia confirma que la violencia contra las mujeres no es un hecho aleatorio, sino que responde a la urbanización acelerada y a la desigualdad estructural, ante lo cual la respuesta del Estado debe ser intersectorial y estar focalizada específicamente en las colonias identificadas como de alto riesgo.
Edición: Estefanía Cardeña