La música te hace mejor

Si hubiera más músicos seríamos una mejor sociedad: Javier Álvarez

Gloria Serrano
Foto: Eduardo Cervantes

Mérida
7 de mayo, 2015

Toda historia tiene un comienzo y en ésta, su primer acercamiento al sublime arte de las musas fue a través del clarinete que aprendió a tocar en el Conservatorio Nacional de Música. Compositor de propuestas arriesgadas y académico de mirada franca y sonrisa generosa, Javier Álvarez Fuentes (1956) no niega que recibir la Medalla Bellas Artes en reconocimiento a su labor profesional es muy halagador; sin embargo, lo que más satisfacción le provoca es ver que en su persona también se premia el talento de los compositores contemporáneos y se reconoce el importante aporte que han hecho a la cultura nacional.

La genética creativa y el instinto musical que posee, impiden que su obra se coloque en el cubo de lo genérico. Sus pares afirman que es un alquimista del sonido y un singular creador ecléctico que sabe atraer los oídos de quien lo escucha porque confronta y sorprende con cada pieza que presenta. Lo que más le admiran es la constancia y disciplina con las que ha llevado su carrera, pero, ¿cómo se ve a sí mismo este hacedor de música?

"Es interesante que otros profesionales vean cosas en mi trabajo que yo no veo con tanta claridad. Para mí cada proyecto tiene sus características particulares, por lo que no siempre lo abordo de la misma manera, tampoco estoy apegado necesariamente a una metodología única. Eso ha dado por resultado una diversidad estilística en mis obras y bueno, en cierta manera sí soy un compositor ecléctico porque me interesan un montón de cosas: la música, la fotografía, escribir, enseñar. Muchas vertientes informan mi actividad y conforman una unidad".

Lo popular de los ritmos latinoamericanos, el exquisito sonido de lo contemporáneo y la sutil fusión de lo acústico con lo electrónico, es parte de lo que podemos encontrar en su extenso portafolio de trabajo que incluye más de 80 obras para orquesta y de cámara, así como piezas para cine y danza que lo han hecho merecedor, entre otras distinciones, a la otorgada por la Federación Internacional de Música Electroacústica (Francia), el Prix Ars Electrónica (Austria) y más recientemente, el Premio Nacional de Ciencias y Artes (2013) y el Reconocimiento a la Trayectoria Profesional en Instrumenta Oaxaca (2014).

Como comenta, su quehacer es el espejo que refleja una voz compuesta de múltiples voces: "Yo soy instrumentista, la parte del performance es algo que siempre me ha gustado. Antes que compositor fui músico, así que la forma que he encontrado para que las obras funcionen es ganándote al instrumentista, que le guste lo que interpreta«. No solo eso, Javier Álvarez también retoma elementos de la música del pasado para combinarlos con los actuales y proponer así una necesaria renovación del lenguaje: «Sucede como con los escritores. Las palabras que usan son las mismas de toda la vida pero la forma de ordenarlas es lo que cambia y lo que da sentido. Lo vemos, por ejemplo, en los textos de Saramago y la manera en que escoge los adjetivos, dónde los pone, cómo se reserva el sujeto para lograr un punch climático. A mí me interesa el lenguaje musical de hoy, este es mi tiempo, pero también reconozco que hay cosas útiles en ciertos elementos de otras épocas".

Tras años de camino acompañado de Aedea y su lira, Javier Álvarez se ha armado de diversos recursos que le brindan inspiración. Cuando era más joven solía experimentar sin mayor intención que descubrir la elasticidad de un resorte llamado talento; sin embargo, con el paso del tiempo también comprendió la importancia de saber qué se quiere; es decir, tener clara la idea para luego experimentar con ella. En el caso de su participación en la cinta mexicana »Cronos« (Del Toro, 1992), por la que en 1993 estuvo nominado a dos premios Ariel en las categorías de mejor música de fondo y mejor tema musical, el proceso fue distinto: "Aquí tienes la imagen como un gran asistente para ver los picos dramáticos. También cuentas con un punto de inicio y un punto de terminación definidos, que son el marco con el que trabajas. Cuando se trata de una composición libre tú eres el que debe ir armando todo esto, comenzando por definir la duración de la pieza, quién la va a tocar, en qué contexto y a qué público. Algo indispensable es tener confianza en las ideas sin preocuparnos si serán exitosas. No hay que tener miedo a fracasar o a meter la pata porque estrictamente eso solo tú lo sabes".

Tozudo y ágil creador, Javier Álvarez siempre está al acecho de nuevos conocimientos. Lee de todo, desde filosofía hasta poesía. Ahora ha retomado la lectura de la obra de Roland Barthes, aunque lamenta que su reloj cotidiano no tenga más horas para ocuparlas en este placer. Su apacible perro, que desde un principio se coló a la entrevista, aprovecha gustoso para lamer y relamer mis manos mientras este talentoso compositor nacido en el Distrito Federal y radicado en Mérida por más de una década, me muestra una larga repisa retacada de discos compactos: "Me gusta la buena música y con esto quiero decir la música bien hecha, de calidad. Escucho música de concierto, la obra de mis contemporáneos nacionales y en otras partes del mundo. También escucho jazz, me gusta la música para bailar, Coldplay. A través de mis hijos descubro y descubrimos juntos nuevas canciones, ya que la música forma parte importante de sus vidas y esto también es indicativo del momento que nos ha tocado vivir; ahora en Youtube encuentras cualquier cantidad de cosas, puedes acceder a mil tipos de música y a cosas muy locas. A mis alumnos les digo que si quieren ser músicos, tienen que hacerse al ánimo de escuchar música y eso implica tiempo, pero es la única forma de que conozcan lo que otros hicieron antes que ellos".

Javier Álvarez sabe ser faro para quien busca llegar a puerto, es de esas personas que no se guardan el conocimiento sino que desinteresadamente lo comparten, algo que no hace sino darle mayor luminosidad a cada una de sus creaciones. Ya que menciona a sus alumnos, le pido nos hable un poco de la experiencia que vivió en Instrumenta Oaxaca: "Lo más chévere fueron los talleres. Escogieron a varios compositores profesionales o al inicio de sus carreras, de estilos y escuelas diferentes. Durante dos semanas hicimos todo tipo de experimentos y las obras se presentaron al final del curso. Fue un proceso súper lindo, como si fuéramos mecánicos de coche, todos ahí abajo arreglando el motor, eso es muy chévere porque se diluye la línea entre el maestro y los alumnos".

Ahora que escucho la palabra «maestro», pienso en esos grandes compositores de todas las épocas, así que le pregunto si hoy en día es posible crear obras portentosas a la sombra de Bach o Mozart:
"A principios del siglo XX los compositores tenían la sombra de Wagner que hizo obras monumentales, que expandió la armonía y que de alguna manera ya había hecho absolutamente todo lo que había que hacer con un lenguaje particular. Así que los nuevos compositores tuvieron que reinventarse, buscar en otra parte, mirar a otro lugar y no se dejaron ensombrecer. Eso es importante, tener la convicción de que tú tienes algo que decir y lo puedes decir".

¿Qué papel juega la tecnología en este proceso creativo?, le pregunto: "Bueno, Beethoven nunca habría escrito las obras que escribió si no hubiera tenido la suerte de que en su tiempo se logró crear el pianoforte que permitía graduar la intensidad del golpe sobre el piano y producir volúmenes diferentes. La tecnología digital posibilita el almacenamiento de memoria y los softwares musicales te permiten escribir y escuchar a la vez. Toda esta tecnología claro que tiene un impacto sobre el que escribe porque puede examinar su trabajo de manera más objetiva. Eso por un lado, pero en contra está el hecho de que usas menos la imaginación que es como un músculo y si no lo ejercitas se atrofia. No digo que sea una herramienta de dos filos, más bien que es una herramienta súper poderosa siempre y cuando sepas cómo utilizarla mejor. Estamos en una época barroca donde la posibilidad de crear es mayor, pero la tecnología no piensa y no siente. En ese sentido, nunca va a ser una amenaza para el valor del acto creativo. Hay que ver a la tecnología como lo que es, una herramienta".

Con la honestidad por delante, cuando le pregunto qué políticas públicas hacen falta en el ámbito de la música, así responde: "Hace falta dar a conocer a los nuevos compositores. Conocemos a los escritores, cualquiera con una cultura media podrá reconocer los nombres de personajes de las letras como Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska u Octavio Paz, pero si le preguntan sobre compositores, a lo mejor te mencionan a Chávez, Revueltas y a Moncayo. ¿Y los compositores nuevos, los vivos? Hace falta conocernos en términos generales y específicos; es decir, que los directores de orquesta también se preocupen por conocer a sus contemporáneos para que toquen sus obras y tengan oportunidad ser reconocidas o rechazadas por el público. Eso falta muchísimo. Existen grupos especializados, pero no dejan de ser ensambles de cámara o pequeñas orquestas. Es una verdadera tristeza que se escriban obras y se toquen una sola vez para luego quedar guardadas en el cajón. Es como tener una mina de oro y estar tirando las monedas a la basura".

¿Y qué se debe hacer para que un público más numeroso se acerque a la música?

"Hay que hablar con la gente, exponerla. Si al público lo tratas como a un niño de 5 años, va a actuar como un niño de 5 años; si lo tratas como a un joven de 17, va a actuar como joven de 17. Hay que creer en el público y explicarles lo que van a escuchar. No se necesita dar una charla técnica, simplemente es recorrer un camino y decirles qué es lo que van a ver. Cuando alguien tiene ese tipo de ruta, cuenta con más elementos para gozar la música», aclara y enseguida responde con un contundente sí a mi pregunta sobre la pertinencia de sacar la música de los grandes recintos para también ubicarla en las plazas públicas, al puro estilo de »si Mahoma no va a la montaña…".

"Si pudiéramos cambiar todas las armas de fuego que hay en este país por una guitarra, un clarinete o una trompeta, imagínate lo que sería. Uno no sabe cuál será el impacto que eso tenga para una persona, para un niño. Es como la educación, nunca tienes la certeza del resultado de un proceso educativo, eso se ve 10 o 15 años más adelante, pero hay que provocar esas situaciones, que más gente pueda asistir a los teatros y que la música salga de ellos".

¿Y qué hay de los conciertos en que se combina música de orquesta con otros géneros musicales como el mariachi o la banda?

"Vamos a ponerlo en contexto. Hablando estrictamente del arte en abstracto, probablemente esas expresiones palidezcan en valor por el repertorio, la estructura de la música y porque los retos que presentan al escucha no son complejos. Ahora, en términos de lo que puede aportar a una persona, si ese es el vehículo para que alguien cambie su arma por la guitarra, entonces está perfecto. No podemos ni debemos tratar de legislar sobre eso. Es como internet, justamente es esa diversidad, ese encuentro de cosas poco valiosas con otras extremadamente útiles, lo que nos da la posibilidad de armarnos un juicio y construir criterios y conocimientos. En una época barroca como esta, más vale que siga la mata dando. Sobre todo en un país como el nuestro donde no existe un hábito de la lectura y tampoco el hábito de la escucha. El tiempo finalmente ubica a todo y a todos en su lugar".

El autor de Temazcal, Mambo a la Braque y Metro Chabacano, no vive en una burbuja aislado del fétido olor que impregna la realidad nacional. De México le preocupa lo que a otros tantos ciudadanos: "el hecho de que el nuestro es un país sumamente injusto donde muy pocas personas tienen oportunidades, donde la corrupción y la impunidad son rampantes y donde -empezando por el presidente- estamos gobernados por una bola de ladrones y de gente que no tiene ningún escrúpulo".

En el ámbito de la cultura su inquietud está en que el grueso de la población no tenga claro el extraordinario poder que la música y el resto de las artes pueden ejercer en la calidad de vida y en el mejoramiento de las personas: "Si hubiera más música y más músicos probablemente seríamos una mejor sociedad, creo no equivocarme. La práctica de una actividad artística hace mejores ciudadanos», afirma y se explica: »Lo más tremendo de la pobreza no es solo la falta de bienes materiales. El gran problema es que la gente es pobre hasta de sí misma, se consideran nada y esa autovaloración es parte del círculo vicioso. Quizás la gente no tenga una silla donde sentarse, pero si tiene una trompeta con la cual sentirse orgulloso de tocar algo lindo para otros, ese puede ser el medio para salir de la pobreza".

No obstante, Javier Álvarez sabe y entiende que además es necesario modificar las políticas públicas para integrar la música a la vida cotidiana de la sociedad, particularmente en el ámbito escolar a través de agrupaciones musicales que contribuyan a desarrollar otras aptitudes en los estudiantes como es el trabajo en equipo, y agrega: «Se podrían hacer miles de cosas. Entre ellas asociar los recursos económicos destinados a la cultura con proyectos educativos inteligentes que tengan una visión a mediano y largo plazo».
Ingenuo sería no tocar el tema económico, por ello le pregunto si realmente se puede vivir de la música, a lo que enfático responde:

"Se puede vivir, difícilmente pero sí. La mayoría de los compositores enseñamos, esa es la manera más segura de ganar un salario. En México las orquestas nunca han tenido un compositor en residencia, me parece que solo la Sinfónica Nacional lo tuvo en una época. En Estados Unidos y Europa todas las orquestas tienen la figura de un compositor en residencia que se encarga de asistir al director en la programación y dirigir los proyectos de difusión educativa. Aquí en México ese concepto no existe. Además la creación de redes es fundamental, se podrían hacer infinidad de cosas para asegurar que los músicos tengan una manera de ganarse la vida coherente con lo que saben hacer y que sus habilidades se empleen para el bien de los demás".

Miembro Honorario de la Academia de Artes de México desde 2005, actualmente Javier Álvarez compone una obra para órgano y metales que será interpretada por la agrupación Laudus Metalis. También trabaja en otro proyecto para el ensamble de percusiones Tambuco y en un par de instalaciones audiovisuales, una de ellas se expondrá en el Museo de Arte Contemporáneo en la Ciudad de México y otra más, que realiza en colaboración con el fotógrafo Gerardo Suter, en Instrumenta Oaxaca 2015.

Así transcurre el suyo, el "tiempo barroco" de un hombre entregado a crear y recrearse, cuya presencia pone de manifiesto, como él mismo lo expresa, que "nuestro país cuenta con artistas de primerísima calidad y mientras no seamos nosotros, los mexicanos, los primeros en reconocer eso, nadie más lo va a reconocer. Somos una fuerza mundial en el arte. Esto es importante saberlo, no para exaltar los egos particulares de los artistas sino para que la gente lo valorice y se enorgullezca".