Eco con nuestro número cero

Umberto y su eco en La Jornada Maya

Andrés Silva Piotrowsky
La Jornada Maya

22 de febrero, 2016

Apenas el viernes pasado publicamos el número 161 de La Jornada Maya; ese día por la tarde, las redes sociales, los blogs y los portales de los principales diarios del mundo reprodujeron la noticia de la muerte de Umberto Eco, para volverla tendencia y viralizarla, como se dice desde que la presencia de la Internet marca nuestras existencias. Ese mismo instrumento de comunicación que según el filósofo italiano da voz a una legión de idiotas.

Quienes, desde la universidad o por un simple afán de lectores, nos acercamos a sus textos, fuimos marcados de manera definitiva. Su aportación a la comprensión de los procesos de la comunicación está contenida en cuando menos dos títulos, que se han vuelto obligados para periodistas, Apocalípticos e Integrados y Número Cero, su última novela, cuya lectura me recomendó Fabrizio León, director de La Jornada Maya, cuando este diario se encontraba en su etapa virtual. Después de leerla con entusiasmo le propuse contactar al escritor italiano para hacerle llegar nuestro número cero, que se imprimió para repartir entre los asistentes a la presentación del proyecto llevada a cabo en la Filey, en marzo del 2015. Valía la pena el intento, por la coincidencia de la aparición del libro de Eco y nuestro ejemplar. Con cierta incredulidad me dijo que si tenía cómo, adelante.

Al otro día, me puse en contacto con mi amiga Silvia Barbotto, italiana estudiosa de semiótica, quien vive por largas temporadas en Mérida y que, en ese momento, se encontraba en su tierra, Torino. Le comenté sobre el Número Cero de Eco y el de La Jornada Maya, y que quizá ella podía hacerle llegar un ejemplar del nuestro; por otra afortunada coincidencia, su respuesta fue que estaba invitada a la entrega del Honoris Causa que le otorgó al semiólogo la Universidad de Torino, justamente en esos días.

En la redacción de La Jornada Maya, Sabina León, jefa de información, e Israel Mijares, jefe de operación, se esmeraron en preparar un paquete especial, una caja de madera grabada con el nombre del pensador, cuyo contenido constó de una carta/invitación de colaboración, escrita con pasión por Clara Huacuja, el editorial de nuestro número cero, el discurso pronunciado el día que se presentó en el marco de la Feria Internacional de la Lectura, en Mérida, (los tres textos traducidos al italiano por Roberta Parrilla) y el libro 25 años en imágenes de La Jornada.

Después de muchas dificultades por la premura del envio, por fin recibimos la excelente noticia de que Eco tenía en sus manos nuestra primera impresión y que generosamente había puesto su firma sobre el titular; también tenía las invitaciones formales para colaborar con el diario impreso y a participar en la futura presentación del número uno.

Seguramente siguió con atención el discurso de presentación donde Fabrizio León lo menciona como defensor de la idea de que el periodismo sigue siendo necesario para la evolución de las sociedades modernas y pensé que tal vez eso lo motivaría para aceptar venir a Mérida. Silvia Barbotto nos informó que era muy improbable, pues al parecer él ya no viajaba fuera de su país, la verdad es que ya estaba muy enfermo; sin embargo, hasta el viernes pasado, mantuvimos la ilusión de que esa especie de botella que lanzamos al mar de las coincidencias nos fuera devuelta con una respuesta afirmativa; en realidad, eso ya había sucedido, desde el momento en que llegaron a nuestro correo las fotografías del gran escritor leyendo nuestro diario.

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