Nuestro hermano mayor

Nojoch suku’un

Enrique Martín Briceño
Foto: Raúl Angulo Hernández
La Jornada Maya

Lunes 18 de julio, 2016

Quienes queremos y admiramos a Fidencio Briceño Chel siempre bromeamos diciendo que posee el don de la ubicuidad. No sólo por ser ajonjolí de todos los moles relacionados con la lengua maya peninsular, sino porque, en un mismo día, puede dictar una conferencia en la Ciudad de México, participar en una mesa redonda en Chetumal y presentar una ponencia en Mérida. Y así como hoy está aquí recibiendo el justo homenaje que le rinden la Asociación de Editores y Libreros del estado y el Ayuntamiento de Mérida, no me sorprendería que al mismo tiempo esté dando un curso en París, ofreciendo una asesoría en Guatemala o haciendo trabajo de campo en Quintana Roo.

No es exageración. A lo largo de más de 30 años de vida profesional, el lingüista Fidencio Briceño Chel ha desplegado una amplísima labor en la investigación, la enseñanza, la preservación y la difusión no sólo de su lengua materna –la entrañable maaya t’aan–, sino también de otros idiomas de la familia maya y en general de las lenguas autóctonas de México. Ello le ha colocado entre los más prestigiados estudiosos de las lenguas indígenas de nuestro país y como uno de los más sobresalientes intelectuales mayas.

Las publicaciones de Briceño Chel –que de eso se trata la distinción que hoy se otorga– hablan por sí mismas de su solvencia como investigador y de su preocupación por la difusión. Podemos dividirlas en tres grupos: las de carácter académico, las de divulgación y las traducciones. Entre las primeras destacan el monumental Catálogo de lenguas indígenas nacionales: variantes lingüísticas de México con sus autodenominaciones y georreferencias estadísticas (2008), que Briceño Chel coordinó para el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas; Los verbos del maya-yucateco actual: investigación, clasificación y sistemas conjugacionales (2006); el Diccionario básico español-maya-español (1992), escrito con Juan Ramón Bastarrachea y Ermilo Yah Pech, y U nu’ukbesajil u ts’íibta’al maayat’aan / Normas de escritura para la lengua maya (2014), que coordinó con su discípulo Gerónimo Can Tec. Entre sus trabajos de divulgación, sobresalen sus recopilaciones de adivinanzas mayas Na’at le ba’ala’ paalen / Adivina iluminando. Colorín color mayas (2001) y de trabalenguas mayas K’ak’alt’aano’ob o K’alk’alak t’aano’ob (2009). Y entre las traducciones al maya peninsular que ha hecho solo o en equipo, las de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Constitución Política del Estado de Yucatán y la del Póopol Wuuj (2012), editada en colaboración con Rubén Reyes Ramírez.

Cabe decir aquí que casi todas las publicaciones mencionadas y buen número de los artículos de Briceño Chel aparecidos en libros o revistas especializadas pueden leerse en el portal www.bibliotecavirtualdeyucatan.com.mx. Su disposición a que sus trabajos se digitalicen y ubiquen en este repositorio de acceso libre y gratuito es otra muestra de su compromiso con la divulgación del conocimiento. Si aún no los conocen, les sugiero acercarse, para empezar, a sus libros de adivinanzas y trabalenguas mayas, que incluyen las grabaciones correspondientes (con las voces de la familia Briceño Cel).

Muy largo sería referirme a la trayectoria de Fidencio Briceño Chel en el campo de la docencia, que lo ha llevado a dictar cursos en una docena de universidades de México, Guatemala, Estados Unidos y Europa, y a volverse colaborador indispensable en programas de educación indígena. En este punto nada más mencionaré que Fidencio ha formado a un buen grupo de traductores mayas que están haciendo valiosas aportaciones al desarrollo de la lengua autóctona de la península. Y en lo que respecta al ámbito de la promoción cultural, sólo quisiera recordar su participación en la revista radiofónica Amigos, libros, arte y tradiciones, que dirigía el inolvidable Raúl Maldonado Coello y que le valió a éste y a su equipo el Premio Nacional de Periodismo e Información en 2001. En este programa, Fidencio tuvo a su cargo –como escritor, locutor y editor– las series “Las adivinanzas de los niños mayas” y “El habla del Mayab”.

Como condiscípulo, colega, cómplice y amigo de Fidencio Briceño Chel, he sido testigo de muchos momentos de su brillante trayectoria. En los últimos años, con la generosidad que lo caracteriza, ha aceptado colaborar conmigo en varios proyectos orientados al fortalecimiento de la lengua autóctona de Yucatán. Apenas el fin de semana pasado impartió un curso de lectoescritura en maya a 30 jóvenes cantautores mayas, y ya trabaja en el capítulo dedicado a la lengua maya de la actualización de la Enciclopedia yucatanense que estamos preparando en la Sedeculta. Estoy seguro de que don Alfredo Barrera Vásquez estaría de lo más contento de saber que será un lingüista hablante nativo de maaya t’aan quien lo desbancará…

Una obra como la de Fidencio Briceño Chel –y su don de la ubicuidad– solamente se explica por el inquebrantable compromiso que tiene con su pueblo, su lengua y su cultura. Como otros intelectuales y artistas mayas de nuestros días, Fidencio posee en grado superlativo la conciencia de que la preservación del legado de sus ancestros depende en mucho de su labor. Esta grave, pesada tarea, la ha asumido con alegría y yo diría que hasta con frenesí, y en ella ha involucrado a toda su familia –su esposa Rebeca Cel Pech, en primer lugar. Como Quijote maya, no obstante un par de sustos que le ha dado su manía de no dormir, Fidencio insiste en recorrer día y noche los viejos caminos del Mayab –y algunos del mundo– si de defender su idioma y su cultura se trata. Así, en una lucha casi siempre desigual, ha ido cosechando éxitos y sumando aliados para la causa de los derechos lingüísticos y culturales del pueblo maya y la interculturalidad.

Muchas historias nos hablan de ese andar. Como aquella de sus inicios en la Academia de la Lengua Maya de Yucatán no como lexicógrafo, sino como oficial de servicio. O la de su incipiente carrera beisbolística hecha a un lado para consagrarse al estudio del lenguaje. O la del inesperado descubrimiento –en Guerrero o Oaxaca– de una variante lingüística no reportada, durante la elaboración del Catálogo de las lenguas indígenas nacionales…

Hoy me viene a la mente una en particular. Durante un foro que organizamos en la Universidad de Oriente –en 2008 o 2009– invitamos a Fidencio como conferenciante. Para presentarlo, escogimos a don Bartolomé Alonzo Caamal, distinguido promotor de la lengua y la cultura mayas y fundador de la asociación Maayao’on–, quien se refirió a Fidencio como nojoch suku’un, “hermano mayor”. Esta denominación, en labios de un veterano defensor del pueblo y la cultura mayas, libre de las feas connotaciones que ha tomado en la política de Quintana Roo, me conmovió y me pareció totalmente justa. Fidencio Briceño Chel es, en verdad, el hermano mayor que, con su saber y su experiencia, pero sobre todo con su ejemplo de dedicación a su pueblo, su idioma y su cultura, puede señalar a los mayas –y a los no mayas– los mejores caminos para seguir siendo mayas en este nuevo baktún.

*Palabras leídas en el homenaje a Fidencio Briceño Chel realizado el viernes 15 de julio en el Salón del Cabildo del Palacio Municipal de Mérida en el marco de la LXV Feria Municipal del Libro.

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Mérida, Yucatán