Historia olvidada

La visión del PRI vencido

Gabriel Aarón Macías Zapata
Foto: LJM/Archivo
La Jornada Maya

Miércoles 30 de noviembre, 2016

Lo que haga el PRI en Quintana Roo para recuperar la confianza de los electores, en las que perdió la gubernatura que ocupó durante 42 años, depende mucho de su pasado inmediato.

Hasta hoy el PRI no ha planteado una estrategia para recuperar el poder. Lo que hemos visto es un verdadero conflicto entre su pasado inmediato (los sexenios de Félix González y Roberto Borge) y las acciones que algunos de sus líderes han pretendido realizar para reposicionar a la organización como partido hegemónico.

Para el PRI vencido, tal parece que el olvido de su propia historia es lo más conducente para superar la derrota. Es por ello que la postura del tricolor es opuesta a la visión de los vencidos que hace tiempo planteó el historiador Miguel León Portilla, quien sostenía que tras la derrota de los indígenas por los conquistadores, los primeros forjaron en sus escritos poemas y códices, además de una tradición oral que transmitían a las generaciones venideras el trazo de su propia historia frente a los vencedores. A ello agregamos que la memoria histórica y cultural de los indígenas afloraba, en son de protesta y de manera sigilosa, en los rituales cristianos que los españoles impusieron durante la evangelización. Este fenómeno se reflejó en una religión popular en la que se combinaban aspectos culturales de la tradición indígena y europea, cuestión que forjó entre los vencidos una identidad propia. He ahí la importancia que para ellos tenía la conservación de la memoria histórica, como un elemento de resistencia, aún en plena convivencia con los vencedores.

Los principales líderes del tricolor saben que su pasado fue la causa de su derrota, en la que hubo actos de corrupción. Cabe reconocer que la mayoría de estos hechos formaron parte de la plataforma electoral de la coalición vencedora, PAN-PRD. Entre ellos están el incremento de la deuda pública y la falta de transparencia sobre el destino de los recursos. Además, la carga del derroche la llevaron a cuestas numerosos burócratas despedidos bajo el pretexto de ahorrar dinero, mientras la clase gobernante lo derrochaba en renta de aviones para vuelos privados. También el alza del IVA del 11 al 16 por ciento en las fronteras, el despojo de predios privados bajo artilugios jurídicos, la venta de terrenos propiedad del estado a precios irrisorios, entre otros.

Cabe destacar que el dirigente del PRI estatal, Raymundo King, ha rehuido referirse a las causas de la derrota electoral, acción que ha calificado como una ociosidad. Para él, lo que conviene al partido es recuperar la confianza mediante la cercanía con la gente, enarbolar sus causas en aspectos “donde verdaderamente representemos a los intereses de la sociedad”. Sin añadir más, sólo mencionó los temas de género y “los regionales”.

Sin un programa visible de acción que los guíe, algunos priístas han abanderado situaciones que han sacudido a los ciudadanos, como el alza del IVA, la defensa de burócratas despedidos en la coyuntura del cambio de gobierno y por razones de austeridad y, aunque aprobaron adquirir mayor deuda para bajar intereses y tener recursos para que el gobierno tuviera margen de maniobra, se manifestaron por vigilar el uso del presupuesto. Paradójicamente, los ciudadanos vencedores, los que votaron por Carlos Joaquín, se han convertido en los guardianes de la memoria del PRI. A menudo les recuerdan que los priístas impulsaron el alza del IVA, los cuestionan por no haber defendido a los burócratas despedidos por Borge y no vigilar el ejercicio de la deuda borgista, entre otros. La novedad de este asunto es que la historia hecha por los vencedores se nutre, no de manera exclusiva, de los hechos que los llevaron a la victoria, sino también de aquellos que los vencidos se niegan a expresar como parte de su historia.

Esta ausencia de autocrítica acerca de su visión como vencido, y la falta de una estrategia que logre reposicionarlo frente a la gente, ha llevado al PRI a tomar algunas demandas de la coalición PAN-PRD, adoptadas en el pasado proceso electoral. De seguir así, para beneplácito de sus oponentes, difícilmente el PRI podrá construir una identidad propia como partido de oposición, aspecto que lo privaría de una carta de presentación y de convertirse en una opción política para los ciudadanos.

Chetumal, Quintana Roo

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*Profesor investigador CIESAS Peninsular