Decálogo para salvaguardar la trova

Un Patrimonio Cultural en vías de extinción

Enrique Martín Briceño
Foto: Raúl Angulo Hernández
La Jornada Maya

Jueves 26 de enero, 2017


La trova, manifestación artística emblemática de la península, fue declarada en 2016 Patrimonio Cultural del Estado por el Congreso de Yucatán. Su vitalidad puede juzgarse por el número de trovadores que se reúnen noche a noche en la Plaza Grande de Mérida, el vigor de la septuagenaria Orquesta Típica Yukalpetén, las actividades del Museo de la Canción Yucateca y la Sociedad Artística Ricardo Palmerín, la labor de las dos escuelas de trova de la capital yucateca y los conciertos del género que las instancias públicas de cultura programan regularmente.

Sin embargo, hay indicios de que nuestra canción está en riesgo. Su presencia en radio y TV es marginal, y aunque en la red se encuentran grabaciones e información, no todo es de la misma calidad y hay lagunas notables. Salvo contadas excepciones, los niños ya no aprenden en la escuela canciones yucatecas ni reciben en sus casas clases de guitarra. Por ello desconocen el repertorio y les dice poco (véase el libro de Tanius Karam y Martín Echeverría sobre la recepción de la trova entre las familias meridanas). En consecuencia, su consumo –muy extendido hasta los años 70 del siglo XX– va en franco declive. La entrada de Wikipedia dedicada a “Trova yucateca” –bastante pobre por cierto– es reveladora: “Popularidad: 1920s a 1980s”.

Por otra parte, los trovadores parecen una especie en vías de extinción. Entre los que se apuestan alrededor de la Plaza Grande, el promedio de edad rebasa los 60 años, y son contados los grupos juveniles que ejecutan canción yucateca (si los comparamos con los que interpretan rock o pop). Asimismo, los compositores que pueden considerarse continuadores de la tradición (Jorge Buenfil, Angélica Balado) también ya peinan canas y sus canciones no han logrado insertarse en el repertorio trovadoresco.

Una declaratoria no implica la instantánea preservación de un bien cultural. Más bien, en este caso, habría que tomarla como una llamada de atención y una oportunidad para emprender acciones que contribuyan a la salvaguardia de la trova. Para ese fin, siguiendo la moda, aporto este decálogo:

1. Es necesario que nuestra canción tenga una mayor presencia en los medios electrónicos. En un formato fresco, con conductores bien informados y una buena selección de invitados o grabaciones, puede atraer a un público amplio.

2. Desde luego, hay que redactar una buena entrada para Wikipedia, tarea que prometo hacer este año. Además, crear un portal electrónico con información confiable, partituras, grabaciones, videos, artículos, noticias… La preparación de este portal podría correr a cargo del Centro de Investigación, Documentación y Difusión Musicales Gerónimo Baqueiro Fóster de la ESAY, cuyo director, Luis Pérez Sabido, es un estudioso del tema.

3. Hay que propiciar nuevas versiones del repertorio tradicional. Los salseros, rockeros, poperos, etc., pueden encontrar un rico filón para recrear según su género y estilo. En este aspecto, ya hay interesantes ejemplos, que van desde el del grupo Yahal Kab, con sus influencias del canto nuevo y géneros caribeños, hasta la Chan Cil Tropical de Emiliano Buenfil y su característica irreverencia. (El pasado sábado 21, en el marco del Mérida Fest, se pudo escuchar el bolero Ella de Domingo Casanova como un sabroso merengue, el bolero La gloria de besarte, de Chucho Herrera, como un rítmico reggae y la emblemática Aires del Mayab como una cumbia-rock).

4. Debería incluirse en los programas de educación artística de las primarias la enseñanza de canciones populares de la región y, de la misma manera que la Secretaría de Educación ha editado el Álbum de canciones yucatecas, de Luis Pérez Sabido y Pedro Carlos Herrera, podría publicar un disco con una selección de esas mismas canciones.

5. Del mismo modo que sostienen orquestas, ballets y otros grupos artísticos, las instituciones públicas podrían auspiciar duetos, tríos o conjuntos que ejecuten canciones de la región. Es increíble que, fuera de la Orquesta Típica Yukalpetén, no exista otra agrupación financiada por el estado que interprete trova yucateca.

6. Debe crearse un sistema de apoyos económicos para los trovadores que noche tras noche se apuestan alrededor de la Plaza Grande. Siendo los depositarios de ese legado inmaterial declarado Patrimonio Cultural de Yucatán, ¿no merecerían recibir recursos del estado –un apoyo mensual, digamos– para vivir mejor y conservar y difundir nuestra trova?

7. Hay que estimular la creación por medio de talleres, certámenes, festivales, etc. Estoy convencido de que la nueva generación de compositores y literatos –muchos de ellos con estudios superiores en sus disciplinas– puede promover un florecimiento de la canción comparable al que se dio desde los años 40 del siglo pasado. La clave está en innovar a partir de un buen conocimiento de la tradición.

8. Es necesario reeditar, en versiones restauradas, las grabaciones históricas de nuestros principales trovadores. Es significativa la fonografía producida desde que, en 1926, las primeras agrupaciones peninsulares comenzaron a grabar en los Estados Unidos. Algo se ha hecho ya, pero aún no se tienen, por ejemplo, en versión digital, las grabaciones que hizo Pastor Cervera con Coqui Navarro.

9. Hay que continuar impulsando a la Escuela de Trova Yucateca y Música Popular de la Sedeculta y la Escuela de Música Yucateca de la Segey, planteles que deberían propiciar una ejecución históricamente informada del repertorio tradicional.

10. Finalmente, debe seguir fomentándose la investigación en este campo, pues hay aún procesos por aclarar y autores insuficientemente conocidos. En este sentido, sería deseable continuar la Serie Cancioneros –de la que aparecieron los volúmenes dedicados a Pastor, Guty y Chan Cil– con sendos números dedicados Palmerín y a Pepe Domínguez.

Mérida, Yucatán
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