Hogueras del solsticio de verano

Raíces de la Noche de San Juan

Texto y foto: Kálmán Verebélyi
La Jornada Maya

Lunes 19 de junio, 2017

Según los textos sagrados, Zacarías mandó encender una hoguera para anunciar a sus parientes el nacimiento de su hijo, Juan El Bautista, que coincidía con la noche de solsticio de verano. Para conmemorar esa fecha, los cristianos del medioevo encendían grandes hogueras y celebraban diversos ritos a su alrededor.

Las raíces de la celebración de la Noche de San Juan se pierden en el tiempo. Nuestros antepasados creían que el Sol estaba enamorado de la Tierra y se resistía a abandonarla. Así comenzó a festejarse en la última noche de primavera, alrededor del 24 de junio, que es la más corta del año. A esto se unía la superstición de que ese día era el ideal para ahuyentar a los malos espíritus y atraer a los buenos, tener fertilidad y bienestar.

La víspera de San Juan o noche de San Juan es una festividad cristiana, de origen pagano celebrada el 23 de junio, víspera del día de San Juan Bautista, en la que se suelen encender hogueras o fuegos. El origen de esta costumbre, cuyo rito principal es el encendido de una hoguera, se asocia con las celebraciones para festejar la llegada del solsticio de verano, el 21 de junio en el hemisferio norte. La finalidad de este rito era "dar más fuerza al sol", que a partir de esos días iba haciéndose más "débil" ―los días se van haciendo más cortos hasta el solsticio de invierno. Simbólicamente, el fuego también tiene una función "purificadora" en las personas que lo contemplaban.

La Noche de San Juan se celebra en muchos puntos de Europa, aunque está especialmente arraigada en España, Portugal (donde recibe el nombre de fogueiras de São João), Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Estonia y Reino Unido. La fiesta cristiana de San Juan es el 24 de junio, seis meses antes de la víspera del nacimiento de Jesús, que es el 24 de diciembre. Estos seis meses son la diferencia que los evangelios indican entre uno y otro nacimiento.

En América Latina, la noche de San Juan está así mismo relacionada con antiquísimas tradiciones y leyendas españolas como la de La Encantada.

En muchos lugares no cabe duda de que las celebraciones actuales tienen una conexión directa con las celebraciones de la antigüedad ligadas al solsticio de verano, influidas por ritos precristianos o simplemente vinculados a los ciclos de la naturaleza.

Los primeros rituales de la noche de San Juan datan del año 5 mil a.C. y se cree que el pueblo celta fue el primero en realizar estos ceremoniales. Sin embargo, es difícil atribuir a una sola civilización estas ceremonias de culto al Sol ya que desde la prehistoria se vienen haciendo y pueblos como el griego, romano, kurdo o azteca lo han practicado.

Cuando se habla de la fiesta de San Juan, o mejor dicho, de rituales de alabanza al dios Sol, no se debe olvidar a los aztecas, quienes celebraban cuantiosas festividades en torno al Sol e incluso erigieron impresionantes monumentos en honor al astro, como la pirámide de Teotihuacán, desde la cual se hacían los cultos con fuego para alabarlo. Los aztecas consideraban al sol como un dios que ha querido morir para renacer y que la sangre de los humanos era la fuerza para que se elevara cada día. Por ello los sacrificios y las guerras se realizaban en su nombre.

Entre los aztecas el dios Sol se llamó Tonatiuh (tona = hacer el sol y el calor, tiuh = ir). En el gnosticismo universal el Ser o Espíritu es el que genera la vida, y al mismo tiempo, el símbolo del Sol es el trabajo que todo aspirante debe realizar en sí mismo: Hacer el sol es entregarse o hacerse uno con el Ser.

El dios Sol, Tonatiuh en lo micro cósmico, es el íntimo, la parte más recóndita y espiritual dentro del ser humano, y en lo macro cósmico es el Logos Solar o divinidad. Tanto el uno como el otro nos impulsan, mediante los anhelos espirituales y místicos, a lograr la autorrealización íntima del Ser.

En la cultura nahua, como en otros pueblos, el Sol fue el símbolo del Padre, el eterno principio masculino; la Luna, la madre o el eterno principio femenino divinal, y Venus, el símbolo del niño celeste. Tonatiuh, el dios Sol, es la encarnación y expresión del fuego que cae del cielo. Tonatiuh, es la representación de los aspectos divinales y explica en sí mismo la creación de todo lo existente.

Los sabios aztecas o de Anáhuac dieron al creador forma masculina y femenina. Al creador, en su aspecto masculino, lo nombraron Ometecuhtli (ome = dos, tecuhtli = señor), y al principio femenino eterno divinal Omecihuatl (ome=dos, cihuatl = señora).

Además de estos pueblos, hindúes, bereberes o griegos también era asiduos a este tipo de celebración. Cada uno con unas características diferentes, pero siempre con el elemento del fuego como denominador común.

Todas estas culturas tenían sus propias creencias y, como es lógico, nunca se denominó “Noche de San Juan” a las celebraciones. Con la llegada del cristianismo, el rito pagano se adaptó a las escrituras de La Biblia.

Las hogueras que se encienden haciendo referencia a la hoguera que levantó Zacarías en honor al nacimiento de su hijo Juan Bautista. Zacarias saltó por encima del fuego para celebrar la buena noticia y es de ahí de donde procede el acto de saltar la hoguera la noche del 23 al 24 de junio.

En junio tiene lugar, en Camagüey, Cuba la tradicional fiesta de San Juan, un carnaval colorido y activo que tiene ya tres siglos de existencia pues el primero data de 1725. Se celebra en este mes en el momento en que los ganaderos llevaban el ganado a la ciudad para venderlo. En aquel entonces se organizaba con este motivo una feria con competencias de caballos y distintas habilidades que daban comienzo el 24 de junio. Pasó el tiempo y las ferias se hicieron algo común, de todos los años, y entonces se fueron sumando más eventos y actividades, la gente empezó a participar más, a sumar disfraces y entretenimiento. Al día de hoy estas fiestas populares son una de las pocas que quedan en la isla.

Rituales para la noche de San Juan

Con la llegada del verano 21 de junio (la noche más larga del año según el recorrido del Sol), se suelen hacer rituales de magia blanca. Desde tiempos ancestrales, la noche del 23 al 24 de junio los celtas, los griegos, los romanos, los aztecas. Todos ellos, de una forma u otra, pedían con una serie de rituales a su dios, o a las fuerzas del Universo, que les concedieran buenas cosechas, protección para sus familias, salud, amor…Estos rituales tienen en común cuatro elementos básico: el fuego (purificador), el agua, la tierra, aire, y se acompañan también de otros como velas de colores, monedas y el laurel e incienso. Todos ellos sirven para potenciar la petición. Se necesitan una serie de objetos para montar el altar junto a la hoguera y poder hacer el ritual.

Las “herramientas” sirven para avivar la llama dorada, que aporta sabiduría e iluminación; la rosa es amor divino, opulencia, riqueza, adoración y abundancia; la llama blanca aporta esperanza, pureza, protección; la verde aporta vitalidad, virtud, la verdad, curación, concentración, consagración; la oro rubí aporta paz, gracia, curación, suministro; la violeta es transmutación, compasión, perdón; la azul da la fuerza, la fe, la voluntad de Dios, el poder y la protección.

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