Me Too pone en riesgo la relación armoniosa entre los sexos: Glantz

En su más reciente obra, "Y por mirarlo todo, nada veía", la ensayista reflexiona sobre la redes sociales

Katia Rejón
Foto: enlace.com
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Miércoles 12 de septiembre, 2018

Margo Glantz, escritora, ensayista y crítica literaria, presentó su más reciente obra Y por mirarlo todo, nada veía en el I Encuentro Cultural y Literario Curar, Historiar, Crear, Inventariar, Leer, en el Centro Cultural Dante, organizado por la Filey UC-Mexicanisima. La novelista será a partir de diciembre quien dirija el Fondo de Cultura Económica. Antes de irse de Mérida, accedió a una entrevista para La Jornada Maya.


¿De dónde surge su interés por reflexionar sobre las redes sociales, como sugiere su último libro Y por mirarlo todo, nada veía?
Me parece que las redes sociales son un fenómeno cultural, sociológico, ético y político con una importancia muy grande. Influyen de manera decisiva aun en las decisiones políticas como las elecciones en Estados Unidos. Pero como todas las invenciones tecnológicas, tiene posibilidades muy nefastas. Me gusta el fragmento y me parecía interesante trabajar frases de 140 caracteres [límite de caracteres en Twitter hasta hace un tiempo] que daban pie a la experimentación en el lenguaje.

Para mí era muy importante ver críticamente el fenómeno. Facebook, Twitter, y me gustaría en algún momento reflexionar sobre el Whatsapp y cómo ha cambiado la relación con el celular. He ido perdiendo la vista por estar en el celular. Cómo se puede advertir críticamente su efecto, beneficio y consecuencias perjudiciales, son preguntas importantes para plantearse.


¿Hay manera de mantenerse al margen de este fenómeno tecnológico?
Mi generación es una generación muy reacia a la tecnología. Algunos de mis amigos no usaban la computadora porque escribir a mano o a máquina era fundamental para ellos. Depende de cada quien. No quiere decir que así no se haya hecho una literatura muy importante como la de Sergio Pitol u otros escritores. Me interesa entrar a eso, explorarlo, reflexionar sobre eso. Mi libro no es nada más una relación con las redes sociales, aunque sí dispararon un interés particular y me proporcionaron el material, pero tenía yo que hacer un libro que fuera más organizado, literario, profundo.


Hace un momento hablaba sobre el movimiento de Me Too y las denuncias por acoso en las redes sociales...
Sí, es un movimiento revolucionario de gran envergadura. Somos la mitad de la población [las mujeres] y necesitamos tener los mismos derechos que los hombres pero hay que tomar en cuenta que la relación entre ellos es algo que no podemos abolir. El Me Too ha llegado a extremos que pueden ser peligrosos para una posibilidad de una relación más armoniosa entre los sexos. Produce una exacerbación de sentimientos que, de alguna manera, conducen a una ceguera frente a lo que sucede. Produce movimientos intolerantes, excesivos y maniqueos donde no existe la posibilidad de reflexión. Me parece extraordinario, pero, otra de las cosas que hago en mi libro, si no nos detenemos a reflexionar podemos caer en una especie de conservadurismo al revés.


¿De qué manera?
Cuando hablan de ciertos personajes a los que acusan de haber acosado por diversas razones y que no hay posibilidad de un juicio imparcial para esas personas, provoca injusticia e intolerancia brutales. En Estados Unidos, que es donde nació en gran parte el movimiento, se escribió una novela en el siglo XIX, La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne. Se trata de una mujer que es adultera y exhibida públicamente, condenada a llevar sobre el cuerpo una letra escarlata que denuncia su adulterio para toda la vida. Se le juzga públicamente por un acto nefasto. A mí me parece nefasto el acto inquisitorial de juzgarla de esa manera y eso se extiende en varios casos.


Hay quienes piensan que la acusación pública se debe a la impunidad que existe al denunciar por los medios legales.
Sí, yo no estoy de acuerdo tampoco con eso. Las violaciones masivas de la Ex Yugoslavia, apenas se declararon como un crimen en el siglo XIX. Antes las mujeres no podían denunciar y que esto haya pasado hasta este siglo me parece muy significativo. Pero al mismo tiempo, tenemos que reflexionar sobre esos problemas y verlos con inteligencia y no totalizar. Eso no impide que esté absolutamente de acuerdo con las reivindicaciones femeninas sobre el aborto, el acoso, la violación, pero tomando en cuenta que siempre hay cosas que considerar y no actuar a rajatabla.


En otros temas, sobre su próximo cargo al frente del Fondo de Cultura Económica...
Vine aquí como escritora. No quiero hablar como funcionaria porque además todavía no lo soy, soy escritora.


En ese caso, ¿qué nos podría decir de su homenaje en el Centro Cultural Dante?
Es una sensación de gran placer, agradecimiento. Se me ha tratado con una gentileza y finura. Al mismo tiempo me han dado un lugar que siento que me corresponde, pero ha sido apabullante. Estoy agradecida con la FILEY y todas las autoridades.