Romance, tradición y mitología rusa, en presentación de Shari Mason con la OSY

La violinista mexicana mostró temple, carácter y firmeza

Jesús Mejía
Foto: Comunicación OSY
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Lunes 8 de abril, 2019

De las arcadas y de las suaves, pero también vertiginosas, pulsaciones de la mano izquierda de Shari Mason sobre su instrumento de cuerda, salieron prístinas, llenas de candor, pasión y determinación las notas del Concierto para Violín y Orquesta opus 35, de Tchaikovsky.

En el escenario la violinista mexicana mostró el temple, el carácter, la firmeza para sacar adelante la interpretación del concierto, señalado al principio de su creación, en 1878, como una obra imposible de tocar por las dificultades técnicas que entraña.

Para la ganadora del primer lugar del Concurso Nacional de Violín Hermilo Novelo y en 2003 el concurso de solistas de la Filarmónica de la UNAM, las limitaciones técnicas no fueron problema, sino el medio para proyectar el sentimiento del más romántico de los compositores rusos, el gran Tchaikovsky.

Nadie en el público se atrevió a trastocar la continua sucesión de notas, algunas llenas dulzura y sentimiento, otras vertiginosas y enérgicas. Los celulares que en otros conciertos salen a relucir indebidamente, con Shari Mason desaparecieron para dar espacio total a la música.

En tres movimientos, Allegro moderato; Canzonetta: andante y Finale: allegro vivacissimo, la concertista dejó su impronta, pues desplegó el virtuosismo inherente a la obra y la belleza de sus melodías en secuencias concertantes con la Orquesta Sinfónica de Yucatán, dirigida por Juan Carlos Lomónaco.

El aplauso final, las ovaciones, fueron para la belleza de la obra considerada una de las más aclamadas del género de los conciertos para violín, junto con los de Beethoven, Brahms, Sibelius y Mendelssohn.

El público quedó satisfecho con el deleite que implicó el noveno programa de la temporada dedicada a compositores rusos, ya que también la OSY evocó los aquelarres y noches de brujas propios de Una noche en la árida montaña, de Modesto Mussorgsky.

Fascinado el público por la imponente música que da cuenta de la aparición de Chernabog (Satanás, según la partitura derivada de un cuento de Nikolái Gógol), en la cual un campesino presencia un aquelarre en el Monte Pelado, cerca de Kiev, en la noche de San Juan (equivalente a la noche de Walpurgis o noche de brujas en Europa).

El broche de oro, el cierre del concierto, correspondió a La Suite El pájaro de fuego, de Igor Stravinsky (1882-1971), uno de los grandes revolucionarios de la música del siglo XX.

La orquesta sorprendió al público por la fantástica descripción musical, con un discurso contemporáneo plagado de cromatismos y con una visión anticipada de la música para cinematografía, con el ballet El pájaro de fuego.

La suite, revisada por el compositor en tres ocasiones hasta dejarla en la versión final de 1945, está inspirado en una leyenda del acervo popular ruso, cuyo personaje central es el príncipe Iván y sus hazañas en torno de del mítico pájaro de fuego, cuyas mágicas plumas derivaron en la liberación de princesas y caballeros cautivos.

El pájaro de fuego representa al ave fénix, un símbolo prominente de la regeneración en ese tiempo de agitación en todas las artes en Rusia y la OSY dejó en el ánimo del público la genialidad y creatividad del más revolucionario músico del siglo XX, Igor Stravinsky.