Conocimiento científico que no se comunica, no sirve

Este año Conacyt otorgó menos del 0.0003 por ciento de su presupuesto a la Divulgación

Dalila Aldana Aranda*
Foto: Notimex
La Jornada Maya

Jueves 8 de agosto, 2019

De las mejores inversiones del dinero público que México ha hecho están entre otros sus hospitales, sus Institutos de Salud y de Educación de los años 60 y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt, creado en 1970), en particular el programa de Becas. A través de éste, miles de mexicanos nos hemos formado en posgrado.

El Programa de Becas es uno de los pocos ejemplos de ser transexenal, lo que le ha permitido su consolidación. Hoy en día, todos los estudiantes que ingresan a un programa de posgrado acreditado por Conacyt reciben una beca para realizar sus estudios de maestría o doctorado. Este Programa de Becas y todos los demás del Conacyt operan con fondos públicos, ninguno es de crédito. Al término del proyecto de investigación o del grado obtenido no se paga ni un sólo centavo al Consejo. Ninguna Universidad o Institución, de Estados Unidos o Europea, tiene un sistema de becas como el de México.

Sin ciencia no hay innovación

Sin conocimiento, es decir, sin ciencia, no hay tecnología ni innovación, no son caminos paralelos, sino complementarios. El año pasado escribía para este Diario, que en México sus investigadores tienen al menos una historia que contar del Conacyt y del SNI. Ahora contaré la que se refiere a la Divulgación y Comunicación de la Ciencia, partiendo de la nueva propuesta de Ley de Ciencia que señala en términos de la Constitución que “toda persona tiene derecho a gozar de los beneficios del desarrollo de la ciencia e innovación tecnológica y la obligación del Estado es apoyar la investigación e innovación, así como proveer recursos y estímulos suficientes”.

En varios de sus artículos se habla de impulsar la socialización del conocimiento para promover la apropiación social de sus resultados (Art. 5). De promover la comunicación pública de las humanidades, ciencias y tecnologías e innovación, con el objetivo de socializar el conocimiento derivado de ellas (Art. 7). De que las instituciones deben recibir apoyo del Estado mexicano para investigación, desarrollo tecnológico e innovación y difundir a la sociedad sus actividades y resultados.

Se señala que se fomentará la promoción y fortalecimiento de centros de comunicación pública de las humanidades, las ciencias y las tecnologías para niños y jóvenes, procurando que tengan una distribución geográfica y de infraestructura equitativa. También el de promover y divulgar los avances científicos y tecnológicos, impulsar la apropiación social del conocimiento, la formación de vocaciones científicas y el desarrollo de las capacidades de la comunidad académica-científica (Art. 12).

Otro par de artículos señalan que el Conahcyt deberá emprender acciones que fomenten y fortalezcan las actividades de divulgación del conocimiento entre los académicos y las organizaciones de la sociedad civil. Deberá incentivar la vinculación entre éstos y el sistema educativo a fin de fortalecer la capacitación de los educadores en materia de Ciencia y Tecnología (Art.15) y que deberá aprobarse el programa anual de comunicación científica del Conahcyt (Art. 23). Por otro lado, el Conahcyt anunció cambiar paradigmas neoliberales que han estado vigentes por casi tres décadas. Planteo hacer ciencia solidaria, sustentable y con equidad. También sabemos que conocimiento científico que no se comunica, no sirve, no es útil.

Así, los avances científicos se comunican en las revistas especializadas y se vulgarizan (se ponen en un lenguaje para el vulgo) y se comunican a través de diferentes mecanismos de Difusión.

A partir de lo anterior, tomé como referencia el presupuesto destinado a Ciencia, la parte proporcional que Conahcyt destina a Divulgación y Comunicación de la Ciencia y los programas de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC). En el portal de Conacyt aparece el icono “Ciencia para la Sociedad”, al desplegar su información se encuentran la revista de Ciencia, algunas entrevistas e información de cambio climático, sin embargo, la mayoría de los iconos están vacíos y/o se están construyendo. En la página de la Academia Mexicana de Ciencias, en su portal tiene la pestaña “Programas”, en la cual se detallan doce programas, nueve de ellos para incentivar las vocaciones científicas entre jóvenes y niños y tres sobre divulgación de la Ciencia. Su presupuesto fue de 50 millones de pesos (2018) con los cuales opera varios comités de premios, conferencias y los 12 programas antes señalados, entre otros. A título comparativo, la Academia de Ciencias de Estados Unidos tiene un presupuesto de casi mil veces mayor que la de México.

El presupuesto que tuvo Conacyt este año fue de 24 mil 700 millones de pesos. De esa cantidad, casi la mitad va al Programa de Becas (46 por ciento), a los centros de investigación del Conacyt y al Sistema nacional de Investigadores (23 por ciento a cada uno de ellos), 4 por ciento para sus gastos de operación, quedando tan sólo 4 por ciento para el rubro “otros”, ínfima cantidad que es la que se destinan a apoyar proyectos de investigación y los proyectos de Comunicación y Divulgación de la Ciencia.

Este año Conacyt otorgó menos del 0.0003 por ciento de su presupuesto a la Divulgación de la Ciencia. Casi la mitad de estos recursos se van ejercer en la Ciudad de México, y en el Sureste apenas 700 mil para tres proyectos.

¿De qué sirve la propuesta de Ley, con su enunciado “en términos de la Constitución toda persona tiene derecho a gozar de los beneficios del desarrollo de la ciencia e innovación tecnológica”? ¿Cómo se va a generar nuevo conocimiento, a formar nuevos jóvenes científicos y a difundir el conocimiento que producen los científicos mexicanos a la sociedad, si el gobierno de nuestro país está destinando menos de un peso al año por habitante para socializar los avances de la Ciencia y la Tecnología?

Investigación en época de vacas flacas

Los Baby boomers-investigadores iniciamos nuestra carrera en la época de las vacas flacas y seguimos en ella. A nuestra generación se suman ya la generación X-investigadores (35-49 años) ellos también “nacieron” laboralmente en período de vacas flacas. Pero como siempre somos una raza de bronce y esperanza, esperamos que se acabe la parafernalia en torno a la Ciencia y se traduzca en acciones y presupuesto. Los investigadores en México realizamos cuatro actividades sustanciales para el desarrollo de nuestro país: Realizar trabajo de investigación, que se traduce en nuevo conocimiento, descubrimientos; Formar recursos humanos altamente especializados, a través del posgrado; Transferir conocimiento para promover desarrollos tecnológicos que mejoran los sectores productivos, públicos y sociales; y Comunicar nuestro Conocimiento a la sociedad, a través de la divulgación y hacia nuestros pares científicos.

Somos un sector laboral que rendimos cuentas de manera continua y nuestro trabajo está sometido a evaluaciones internas y externas. En días pasados, en la ciudad de Mérida, Diputados y Senadores responsables de la comisión de Ciencia organizaron una mesa con la participación de varias decenas de directivos e investigadores del sureste. En todas las intervenciones esta comunidad presentó datos para mostrar la falta de recursos que tenemos para ejercer nuestro trabajo. Esperamos tengan utilidad estos fórums, al menos a título personal me resultó positivo ver a los diputados y senadores escuchar y participar en la totalidad de presentaciones.

Tenemos un gran compromiso por México y por nuestra Sociedad. Conahcyt no te vayas a ir sin diez, como se fue el Conacyt del sexenio anterior.

*Investigadora del Cinvestav IPN Unidad Mérida.

Mérida, Yucatán
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