Artistas donan esculturas para la Cumbre de los Premios Nobel de la Paz

Develan la placa que otorga a la explanada el nombre de mexicano laureado en 1982

La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Miércoles 18 de septiembre, 2019

Durante la ceremonia de bienvenida en la que se recibió a los laureados con el Premio Nobel de la Paz, el gobernador Mauricio Vila Dosal realizó un recorrido por cuatro esculturas que fueron donadas por los creadores para este evento y develó la placa que otorga a la explanada el nombre de 'Alfonso García Robles', mexicano Premio Nobel de la Paz en 1982, en un acto que presenció su hijo, Fernando García Robles.

Alfonso García Robles fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz por su labor en la firma del Tratado de Tlatelolco, que prohíbe el desarrollo, adquisición, ensayo y emplazamiento de armas nucleares en la región de la América Latina y el Caribe; así como su participación en las sesiones especiales para el Desarme de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).



En su intervención, Ekaterina Zagladina, presidente del Secretariado Permanente de la Cumbre, destacó la hospitalidad y calidez con la que los yucatecos y el equipo organizador ha recibido al Secretariado y los asistentes a la Cumbre.

La primera escultura fue la llamada El ascenso de la Paz, esculpida por Adrián Reynoso, la cual presenta a la paloma blanca, uno de los íconos de la paz, levantando el vuelo y nos invita a reflexionar sobre las múltiples formas que pueden tener las aportaciones por la paz que las personas hacen. La base fue labrada por artesanos yucatecos y muestra al guerrero que renuncia a sus armas ante la sacerdotisa Maya que lo unge como sembrador de paz.



Posteriormente, los presentes se trasladaron a observar la obra Volar de la serie TIMO, hecha por Rodrigo de la Sierra, piezas que muestran la forma en la que el arte puede contribuir a la paz mediante la reflexión y la creatividad. De ellas, la obra Dédalo, permanecerá en el estado como una referencia al esfuerzo que requiere el trabajo y la búsqueda del conocimiento en favor de la protección de los demás.

Enseguida apreciaron la figura Huella por la paz, de Eduardo Achach, efigie de origami molecular que emula en perfecta escala al Templo de Kukulkcán en Chichén Itzá y está planeada para que también pueda evolucionar a lo largo del tiempo. Esta creación implica directamente la participación ciudadana, ya que las personas que ya han visitado la escultura fueron invitadas a escribir sus compromisos particulares, ideas y sentimientos por la paz.

Finalmente, se trasladaron para contemplar la obra Impactos que dejan huella, la cual fue presentada por el escultor Álvaro de la Cueva; que consiste en una huella digital hecha de desechos ferrosos que antes fueron armas, es decir que, lo que antes fueron objetos utilizados para destruir, hoy son instrumentos que invitan a la reflexión en favor de la construcción de una sociedad más pacífica y segura.