Lula: "en este momento, Bolsonaro es un desastre"

El país se vería obligado a imprimir dinero para proteger a los trabajadores

Texto y foto: Ap
La Jornada Maya

Sao Paulo, Brasil
Viernes 10 de abril, 2020

Desde su confinamiento en casa apenas meses después de salir de prisión, el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva declaró el pasado miércoles que el mandatario Jair Bolsonaro necesita cambiar su desdén hacia el nuevo coronavirus o se arriesga a que lo obliguen a dejar el cargo antes de concluir su periodo, en diciembre de 2022.

En entrevista con la agencia de noticias The Associated Press, Lula señaló que el rechazo de Bolsonaro a los exhortos para que la gente practique el distanciamiento social obstruye las acciones de los gobernadores y alcaldes para contener el virus.

Resaltó también que Brasil podría verse en la necesidad de imprimir dinero para proteger a los trabajadores de bajos ingresos al hacer que las personas permanezcan en sus casas, propuesta que seguramente provocará temores en un país con un historial de hiperinflación y devaluaciones.

Lula, quien gobernó de 2003 a 2010, cuando la economía de Brasil estaba fuerte, reconoció que es improbable que Bolsonaro acceda a los crecientes llamados de la oposición para que renuncie, y reconoció que no hay votos suficientes en el Congreso para abrir un juicio político en su contra.

"Sin embargo, la sociedad de Brasil podría no tener la paciencia para esperar hasta 2022", advirtió Lula en la videollamada. "La misma gente que lo eligió tiene el derecho a destituirlo cuando se dé cuenta de que no está cumpliendo lo que prometió. Es un gobernante que ha cometido errores y está creando un desastre. En este momento, Bolsonaro es un desastre", reiteró.

Algunos de los que votaron por Bolsonaro en 2018 están desilusionadas con él, y lo demuestran con cacerolazos afuera de sus domicilios en protestas que se han repetido una y otra vez en las últimas dos semanas. El hecho de que Bolsonaro esté minimizando la pandemia lo pone en desacuerdo con casi todos los 27 gobernadores del país.

Hasta ahora han fallecido unas 940 personas por COVID-19 en Brasil, que acumula más de 17 mil 800 mil casos confirmados, la cifra más alta en América Latina. El país tiene previsto alcanzar su máximo de infecciones a finales de abril o principios de mayo.

La semana pasada, Lula elogió al gobernador del estado de Sao Paulo, Joao Doria, ex aliado de Bolsonaro, por imponer restricciones para contener la propagación del virus. El mandatario, quien frecuentemente llama "ex presidiario" a Lula, dijo en una entrevista sentirse "avergonzado" cuando los políticos conservadores que le han dado la espalda son elogiados por Lula.

"Yo únicamente estoy reconociendo a quienes han hecho un trabajo efectivo", expresó Lula, quien señaló que Doria sigue siendo su adversario político.

El líder izquierdista, de 74 años y sobreviviente de cáncer, permanece en casa con su novia y dos perros en la ciudad de Sao Bernardo do Campo, en las afueras de Sao Paulo, desde que regresó de un viaje a Europa. Aclaró que no tiene síntoma alguno del virus, ni le han hecho pruebas, y se ha reunido con pocos políticos. La mayoría de sus conversaciones ahora son por Internet.

El ex presidente afirmó que los 580 días que estuvo en prisión le han servido para enfrentar mejor la recomendación médica de permanecer en casa. Está en libertad mientras apela de sus condenas por corrupción y lavado de dinero que, afirma, tuvieron móviles políticos.

"Me entrené espiritualmente para vivir bien. No es fácil habitar en 15 metros cuadrados viendo a la familia una vez a la semana", comentó. "Ahora estoy en casa con mi novia Janja. Es mucho mejor. Tengo espacio y personas con las que conversar todo el tiempo".

Bolsonaro ha rechazado las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y de su propio ministerio de Sanidad sobre el distanciamiento social y otras medidas para contener la propagación del virus. El mandatario sostiene a menudo que el COVID-19 es "una pequeña gripe".

Lula cree que Brasil podría verse en la necesidad de imprimir dinero para evitar el cierre de empresas y el caos social. La economía brasileña atraviesa dificultades desde 2015, con 12 millones de desempleados y el triple de personas en el sector informal y en empleos de corta duración.

"Quienes necesitan liquidez en este momento son los pobres, no el sistema financiero. Lo requieren para comprar jabón y gel sanitizante para las manos", apuntó.

"Para derrotar al coronavirus necesitamos más Estado, más acción de las autoridades, para imprimir más dinero y garantizar que llegue a las manos del pueblo."

La receta de Lula es contraria a la ideología del gobierno del neofascista Bolsonaro, encabezada por el ministro de Economía, Paulo Guedes, quien estudió en la Universidad de Chicago. Después de su nombramiento, Guedes prometió reducir el tamaño y la influencia del Estado por medio de grandes privatizaciones y controlando los préstamos del banco estatal.

Desde la pandemia hay un cierto reconocimiento a la necesidad de proveer asistencia financiera. Entre otras cosas, el banco estatal Caixa Economica Federal redujo las tasas de interés a los sobregiros bancarios y a los pagos con tarjeta de crédito, y el gobierno permitió a la gente sacar el equivalente a un mes de salario mínimo de las cuentas de retiro. También aprobó pagos mensuales equivalentes a 117 dólares para ayudar a los trabajadores de bajos ingresos a que se mantengan a flote.

Sin embargo, esto no es suficiente, afirmó Lula. Agregó que apoyar la posible impresión de dinero no es una postura radical, sino una medida necesaria en una circunstancia desesperada.

"En tiempos de guerra se hacen cosas que no son normales porque lo importante es sobrevivir", indicó. "El coronavirus es un enemigo del que conocemos su fisonomía, pero no sabemos aún cómo derrotarlo".

Los políticos izquierdistas brasileños, incluidos los del Partido de los Trabajadores, al que pertenece Lula, publicaron la semana pasada una carta en la cual exigen la renuncia de Bolsonaro por su gestión durante la pandemia. El ex mandatario no firmó la misiva.

Edición: Ana Ordaz