Lorenzo Chim
Un incendio forestal en la comunidad maya de Chun Ek, Municipio de Hopelchén, ya afectó al menos 2 mil 500 hectáreas de selva baja, se extendió hacia territorio del estado de Quintana Roo y afecta algunas áreas de la reserva de la Biosfera de Calakmul.
La secretaria de Medio Ambiente, Biodiversidad, Cambio Climático y Energía del Gobierno de Campeche (Semabicce), Sandra Martha Laffon Leal, confirmó que el siniestro se originó por una quema agropecuaria que se salió de control y advirtió que se aplicarán las sanciones contempladas en la ley al o los responsables.
Reveló que el estado de Quintana Roo ya intervino en el combate del incendio forestal y se solicitó el apoyo de las fuerzas armadas para combatirlo vía aérea.
Hasta el momento, se tienen 135 brigadistas de Semabicce, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y voluntarios; sin embargo, es necesario tomar medidas más estrictas, ya que las llamas no dan tregua y han abarcado más de dos mil 500 hectáreas e impactaron numerosas especies de flora y fauna en la zona de los municipios de Hopelchén, Calakmul y parte de Quintana Roo.
El incendio inició hace más de 10 días y por ubicarse en zonas de difícil acceso no se ha podido controlar, por ello la urgencia de recibir apoyo vía aérea, sin embargo, debido a que ya son once entidades, entre ellas Campeche, las que actualmente registran incendios que están muy lejos de las comunidades, no ha podido llegar la ayuda.
Aunque Conafor tiene suficiente equipo está atendiendo otros incendios y por ello han recurrido a las fuerzas armadas. Esperan que comiencen a disminuir las llamas que con las rachas de viento que son típicas de la temporada, avanzan más rápido y hasta ahora no hay resultados.
Edición: Estefanía Cardeña
La marcha también fue en contra de los proyectos inmobiliarios
La Jornada Maya
El parque donde habita recibió más de 2 mil 500 tarjetas de felicitación desde Japón y de otras partes del mundo
Efe
Cerca de 77 mil hectáreas afectadas por el fuego
Afp
Tal como sucedió el sábado, la jornada inició con un metal dorado en remo
La Jornada