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La Jornada Maya
21/01/2026 | San Francisco de Campeche
El barrio de San Román es uno de los más emblemáticos de los cinco que integran la ciudad de San Francisco de Campeche. Se fundó fuera de la muralla, en el siglo XVI, para albergar indígenas mayas y nahuas al servicio de Francisco de Montejo el Mozo, posteriormente se convirtió en un barrio de pescadores y marinos, para cuya devoción se construyó un templo, el cual, desde 1565, resguarda la imagen más venerada del estado: el Cristo Negro Señor de San Román.
A fin de garantizar su conservación, la escultura fue bajada del altar principal el 16 de enero de 2026 para iniciar trabajos de restauración que atenderán problemáticas puntuales, causadas por el paso de los años.
Se trata de una escultura tallada y ensamblada en madera, mide 1.96 m de alto por 1.94 m de ancho. Está montada en una cruz del mismo material, decorada con láminas de plata repujada, de 3.30 m de alto y 2.20 m de ancho. Se tiene registro de su devoción desde el siglo XVI, cuando, según la tradición, habría llegado en una embarcación desde Veracruz, para formar parte del templo donde hoy es venerado.
En atención a una solicitud del párroco y rector del santuario, presbítero Juan Alberto Arcos Arana, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), atiende la pieza histórica. El proyecto de conservación, financiado por la parroquia, fue diseñado y es ejecutado por la Sección de Conservación y Restauración del Centro INAH Campeche, con énfasis en el estudio de su técnica de manufactura y materiales constitutivos, el cual permitirá su adecuada conservación preventiva.
La escultura es atendida dentro del templo y el proceso se extenderá por dos meses, con la meta de tenerla lista para las celebraciones de Semana Santa. La restauradora que coordina los trabajos, María Fernanda Escalante Hernández, informó que tras separar la escultura de la cruz iniciaron los primeros estudios por medio de rayos X, para evaluar su integridad estructural interna, detectar grietas ocultas o degradaciones internas que puedan afectar su estabilidad a largo plazo.
Señaló como deterioros relevantes la formación de escamas en áreas de las piernas y pies; ampollas en el tórax, grietas y fisuras en diversas secciones de brazos, torso y piernas, generados por movimientos naturales inherentes a la madera, así como por el anclaje a la cruz, cambios de humedad y temperatura.
Asimismo, se identificaron pérdidas de policromía de menor magnitud, lo que evidencia el nivel de cuidado y compromiso en los procesos de manejo de la pieza; en los pies se observan cambios de textura y coloración, deterioro menor susceptible de corrección, el cual es reflejo de la interacción cultural y devocional; en el área de la barba hay pérdida de relieve con presencia de material residual en las comisuras.
Para estabilizar los deterioros y profundizar en el conocimiento técnico de la obra, así como establecer un programa de conservación preventiva a largo plazo, el proyecto consta de dos ejes de trabajo: la intervención directa sobre la escultura y acciones de análisis e investigación.
En el primero se hará un registro fotográfico de la obra, se elaborarán fichas técnicas y esquemas del estado de conservación. La intervención comenzará con una limpieza, empleando métodos mecánicos suaves para remover polvo y otras acumulaciones superficiales, seguirá una limpieza físico-química, con pruebas previas para ver la compatibilidad de solventes, y se fijarán las escamas con adhesivos reversibles.
Luego vendrá el fijado y la recuperación de plano de ampollas, resane de grietas y faltantes menores, con materiales reversibles. En el caso de la barba, se limpiarán remanentes de policromía, evaluando la necesidad de resane estructural que restituya el volumen para recuperar la forma original.
La especialista destacó que la reintegración cromática será con materiales reversibles y diferenciables, solo para estabilizar visualmente pérdidas puntuales que afectan la legibilidad de la obra.
Paralelamente a la intervención, se hará una serie de estudios, cuyos resultados permitan tomar medidas de conservación a largo plazo: análisis estratigráficos e identificación de materiales constitutivos, y analíticos, como espectrometría de fluorescencia de rayos X.
Los resultados de los análisis integrarán un informe técnico que constituirá la documentación permanente de la obra, la cual se compartirá con el responsable de la parroquia, para futuras decisiones de conservación y contribuir al conocimiento histórico y técnico del Cristo Negro, patrimonio del barrio de San Román.
Los trabajos fueron acordados con el párroco y rector del templo, así como con miembros de la comunidad que son custodios del Señor de San Román, quienes han aportado información y relatos sobre el patrono de los navegantes.
Edición: Estefanía Cardeña