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Foto: Tomada de Facebook
La Jornada Maya

Tokio, Japón
Domingo 18 de junio, 2017

Naoto Hiraishi revisa cada melón con esmero, examinando bien todas sus caras. Mire, la red que forma la piel es perfecta, dice el dueño de la frutería Senbikiya mientras sostiene la pieza como si se tratara de un resplandeciente diamante. Y es que para este japonés, en cierto modo, el melón es una joya. Al menos, a juzgar por el precio que pagan los clientes: 27 mil yenes, unos 245 dólares. Y eso, por cada melón.

Vendemos los mejores melones de Japón, se justifica Hiraishi. En otras palabras: los mejores melones del mundo. La fruta como artículo de lujo se ha convertido en un lucrativo negocio en el país del sol naciente. Y eso que en la tercera economía mundial no se trata de un producto escaso: lo que este empresario vende no son productos importados, sino cultivados en su país. Cualquier supermercado vende melones, fresas, cerezas o uvas, pero lo que Hiraishi y sus colegas ofrecen en sus fruterías de lujo es diferente.

Que algo así sea posible se debe a la arraigada cultura del agasajamiento nipón. Casi 80 por ciento de nuestros clientes compran la fruta para regalarla, reconoce Hiraishi. A los japoneses les encanta la comida, de modo que no es extraño regalar alimentos a socios empresariales, parientes o amigos como un gesto de aprecio. Y cuando éste es el destino del producto, tanto el cultivo como el empaquetado se mima con esmero.

Hay también agricultores especializados en fresas de lujo. Las de Ichigo Co., en la provincia de Niigata, cuestan mil yenes por pieza (unos nueve dólares). Su precio se justifica con una producción singular: las fresas se cultivan en salas iluminadas con LED, altamente tecnologizadas y limpísimas, en las que se controla la humedad y el oxígeno. De esta forma, no están expuestas a agentes externos dañinos, por lo que no necesitan pesticidas.

Ichigo Co. distribuye sus fresas de lujo por Internet y, como si fueran delicados bombones, en paquetes de seis piezas. Su precio: 6 mil yenes.

También en Senbikiya, en Tokio, las fresas se venden presentadas en cuidados embalajes o cajas de madera. La empresa cuenta con 183 años de historia, pero cuando empezó, en 1834, la fruta que vendían no tenía nada de particular, cuenta Hiraishi. Fue la mujer del segundo dueño, hija de un comerciante de katsuobushi (bonito seco y desmenuzado), la que empezó a vender fruta selecta como artículo de lujo.

El establecimiento principal de la empresa se sitúa en la mejor zona de Tokio. Más de la mitad de los clientes son hombres de negocios, explica el empresario mientras vuelve a colocar con sumo cuidado el melón. Hace unos días, en la primera subasta de la cosecha celebrada en la isla de Hokkaido, fueron vendidos un par de famosos melones Yubari por 1.5 millones de yenes (13 mil 500 dólares).


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