Esta es la historia de Marisa de las Nieves Delgado, la primera mujer nacida en la Antártida

La vida en el continente más austral debe ser ''ejemplo de cooperación'' para el mundo
Foto: Marisa de las Nieves Delgado

Marisa de las Nieves Delgado es la primera mujer nacida en la Antártida, en el marco de un plan que Argentina impulsó en 1978, y destacó las luces y sombras de tener una "identidad antártica" y aseguró que la vida en el continente más austral debe ser "ejemplo de cooperación" para el resto del mundo.

Desde el 22 de febrero de 1904, cuando se izó por primera vez su bandera en la Antártida, Argentina es el país que ha mantenido por más tiempo su presencia permanente en el continente blanco. De hecho, fue el único país con bases funcionando todo el año hasta 1944, cuando la participación de los demás firmantes del Tratado Antártico comenzó a multiplicarse.

Pero, además del reclamo territorial que Argentina mantiene sobre el continente más austral y las trece bases que sostiene en el lugar con personal científico y militar, hubo una época en la que el país sudamericano apostó fuerte por el poblamiento de la Antártida a través de un programa que invitaba familias y favorecía el nacimiento de niños en tierras blancas.

 

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Así fue que en 1978 los dos primeros niños nacidos en la Antártida vinieron de familias argentinas: el 7 de enero nació Emilio Marcos Palma y, el 27 de mayo, Marisa de las Nieves Delgado, la primera mujer en llegar al mundo en el continente más frío. La dictadura que gobernaba por entonces en Argentina consideraba que promover el nacimiento de niños "antárticos" argentinos favorecería el reclamo territorial que Argentina aún mantiene sobre 1.4 millones de kilómetros cuadrados de suelo antártico.

Delgado recordó que poco antes de su nacimiento, su padre, que era miembro de las Fuerzas Armadas, se presentó como voluntario para cumplir con su tercera campaña antártica. Pero ese año fue diferente: las autoridades le ofrecieron viajar junto a su esposa embarazada y sus otros hijos. "Mi madre viajó con cuatro meses de embarazo. Estaba contenta de poder acompañar a mi padre y compartir esas aventuras que mi padre contaba cuando volvía", recordó.

Viajar a la Antártida con la familia no era nada fácil por entonces. "En 1978 todo era demasiado precario y las casas recién se estaban terminando para cuando llegaron mi madre y el resto de las familias a la Base Esperanza", apuntó Delgado.

En efecto, aquello era parte de un plan piloto que requería adaptar las instalaciones para recibir, por primera vez, a mujeres y niños. En marzo de ese mismo año se inauguró la primera escuela en la Antártida, por entonces denominada Manuel Belgrano.

La estadía de Marisa de las Nieves en su tierra natal fue relativamente corta. Poco más de seis meses después de su nacimiento, su padre culminó la misión y la familia regresó a suelo continental argentino. Al igual que le sucedió a los otros siete argentinos nacidos en la Antártida, debieron adaptarse a vivir lejos de su tierra natal, que no los había preparado para la circulación de virus, bacterias y demás tipos de contaminación.

Delgado regresó a la ciudad de Buenos Aires junto a su familia y, por más que tuviera todo para considerarse "una porteña más", había algo que dentro suyo permanecía incómodo. La mujer recuerda que durante su infancia sufrió el hecho de que otros no conocieran o terminaran de comprender el lugar en el que había nacido. "A medida que uno va creciendo, no poder compartir tu lugar de nacimiento o no sentirse identificado en el otro afecta mucho tu identidad", lamentó.

Pero algo cambió en el año 2000, cuando Delgado fue invitada a regresar a la Antártida: "Pisar mi suelo y respirar de nuevo el aire que respiré por primera vez cuando nací fue algo indescriptible e inolvidable. Aún estoy agradecida de esa oportunidad porque se empezó a cerrar el círculo de mi identidad".

A partir de esa visita, que hizo con 22 años, Delgado comenzó a buscar a los otros siete nacidos en la Antártida —o nativos antárticos, como los denomina— de familias argentinas, además de expertos en antropología y otras ciencias sociales que tomaron en cuenta el caso.

 

Foto: Marisa de las Nieves Delgado 

 

"Descubrimos que ese sentimiento raro, contradictorio, que teníamos y nos hacía sentir aislados era en realidad nuestra identidad antártica. Como toda identidad, uno se ve reflejado en el otro que comparte lo mismo y es lo que nos pasó a nosotros", explicó Delgado.

Para la primera niña antártica, aquellos primeros encuentros demostraron que, si bien habían crecido separados y lejos de su tierra natal, había una conexión especial entre ellos y "un cordón umbilical" que los une a la cuestión antártica, aun cuando muchos de ellos no habían podido volver a visitar el continente blanco. Al respecto, consideró que poder volver a la Antártida "es un derecho que no se le puede negar" a ninguno de los nacidos allí, dado que "es muy importante para el desarrollo personal" de cada uno.

Las conversaciones con los demás nativos antárticos derivaron en la idea de crear una fundación. No fue fácil: la propia Delgado, abogada y residente en Nueva York, y otros dos nacidos en la Antártida viven su vida fuera de Argentina. Aun así lograron dar forma a Native Antarticans, una organización sin fines de lucro que, según consta en un documento de presentación, apunta a difundir los valores de "convivencia pacífica y pluricultural que reina en el continente blanco" y al mismo tiempo "educar y capacitar para crear conciencia de la importancia de la conservación del ecosistema antártico para el planeta".

Delgado explicó que, a través de la creación de piezas audiovisuales, exposiciones fotográficas o talleres, la fundación busca rescatar "las experiencias humanas" que proporciona la vida antártica, más allá de las actividades estrictamente de investigación científica, mucho más presente en el imaginario de la población argentina y mundial.

"Creo que hay que celebrar que, más allá de lo que pase en el resto de los continentes, hay un lugar en el mundo en el que el espíritu de cooperación y de respeto continúa, se vive cotidianamente y es un ejemplo", enfatizó Delgado.

La Antártida es, precisamente, un lugar en el que las propias condiciones de vida obligan a las personas a ver las cosas de forma diferente. "Imagínate que allá no hay centros comerciales o cines, no hay más que el otro para divertirse, llorar o para pelear incluso", ilustró.

De la misma manera, valoró que los países que participan del Tratado Antártico hayan logrado la paz "no porque ningún ser supremo viene a poner reglas" sino porque "es el mismo ser humano que las crea".
 

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Edición: Estefanía Cardeña


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