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04/01/2026 | La Guaira, Venezuela
Una familia del bloque 12 del sector La Soublette, en la parroquia Catia La Mar, en el estado venezolano de La Guaira, contó este domingo a la agencia Sputnik, que quedó en situación de extrema vulnerabilidad tras una explosión ocurrida durante el ataque de Estados Unidos el 3 de enero, que provocó la muerte de su familiar de 80 años e importantes daños materiales en la vivienda.
La víctima fue identificada como Roselena González, quien, de acuerdo con el relato de un familiar, resultó gravemente herida por el impacto. "Me dio que el impacto la reventaría por dentro, porque ella estaba viva. De hecho, murió allá abajo", expresó.
Además de la pérdida humana, la familia enfrenta ahora una grave crisis económica. "No tenemos los recursos donde quedarnos. Tenemos que enterrar a mi tía y tampoco tenemos recursos, porque somos una familia pobre", manifestó.
El familiar, de 62 años, indicó que tampoco cuenta con ingresos estables. "Ni siquiera soy jubilado, porque a mí me quitaron la pensión", agregó, mientras señaló que algunos parientes han tenido que buscar refugio en casas de otros familiares tras quedar sin vivienda.
Sorpresa y temor entre los vecinos
"Veía la bengala que llegaba y la explosión", cuenta Alpidio Lovera en el barrio Bolívar de La Guaira, el puerto y aeropuerto de Caracas blanco de ataques estadunidenses en la madrugada del sábado
que concluyeron con el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro. También se registró una explosión en la ciudad turística de Higuerote, en el estado de Miranda (norte).
Al menos dos proyectiles cayeron en los depósitos y contenedores de los muelles, a un centenar de metros de ese barrio popular. Algunos contenedores quedaron destrozados por las explosiones. La humareda continuaba saliendo de los depósitos.
Bomberos y empleados se activaron con una excavadora unas 12 horas después de los ataques. Policías en moto, armados con fusiles, patrullaban para evitar saqueos, y algunos curiosos filmaban las barreras deformadas por la explosión.
En el suelo había restos de vidrios y fragmentos de metal que fueron arrojados a decenas de metros a la redonda.
La onda expansiva dañó edificios públicos frente a la costa, hizo estallar los vidrios y destruyó varios techos de zinc de viejas casas en una calle trasera.
"Nos activamos todos y sacamos a la gente de la comunidad para allá para el cerro", explica Alpidio, de 47 años y cuya esposa está embarazada. "Llega a caer un misil de estos para acá, bueno, no queda nada", agrega.
"Traumático"
Su hermana Linda Unamuno, de 39 años y con tres décadas en el barrio, estalla en llanto al evocar su noche de pesadilla: "A las dos de la mañana se escuchó el primer sonido. Salí a buscar a mi hija" de 11 años, en la habitación vecina.
"La onda expansiva rompió todo el techo de mi casa. Me arrinconé para proteger a mi hija. Realmente se escuchó el estruendo. No sabía qué es lo que estaba pasando. Pensé que el cerro se estaba cayendo", dice, 26 años después de la tragedia de Vargas, un gigantesco deslizamiento de tierra que causó más de 10 mil muertos en esta zona.
"Cuando salí, fue que vi lo que estaba pasando. Hasta hace un ratico estaba llorando. Es traumático. No se lo deseo a nadie, de verdad", solloza.
"Está mal hecho lo que hicieron. Muy mal hecho. Muy mal hecho. Porque si ellos querían hacer lo que iban a hacer, lo hubieran hecho de otra forma. No asustarnos así como nos asustaron", concluye.
Un vecino, Alirio Elista, de 68 años, cuyo tanque de agua se rompió, asiente: "Hay que vivirlo para saber. La gente que dice que la invasión es la solución no sabe de qué hablan. Hay que encontrar una solución pacífica".
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Edición: Fernando Sierra