Internacional > Rusia y Ucrania
Juan Pablo Duch
02/06/2026 | Moscú, Rusia
Otra madrugada de preocupación e incertidumbre desde que sonaron las sirenas de alarma y hubo que levantarse de la cama para correr hacia el refugio más cercano, vivieron este martes los habitantes de Kiev, Dnipró, Zaporiyia y Járkov, entre otras dos localidades ucranias, durante las horas que duró el ataque masivo con misiles y drones de Rusia, que dejó un saldo preliminar de víctimas de al menos 21 civiles muertos y más de un centenar de heridos.
La fuerza aérea ucrania, en su reporte matutino, registró que “el enemigo utilizó 73 misiles y 656 drones de distinto tipo. Entre los misiles, cinco eran de crucero Kalibr, 33 balísticos Iskander-M, 27 de crucero X-101 y 8 Tsirkon 3M22”.
Por la falta de recursos antiaéreos, “33 misiles y 33 drones impactaron en edificios de vivienda, infraestructuras e instalaciones civiles”, en tanto se destruyó o desvió de su ruta a 40 misiles y 602 aparatos aéreos no tripulados”, precisó.
El ministerio de Defensa ruso, mediante un comunicado, calificó el ataque nocturno de “respuesta al acto terrorista del régimen de Kiev en Starobilsk”, que ayer (lunes) el presidente, Vladimir Putin, prometió que los responsables de la tragedia “recibirán un castigo inevitable”.
El mando militar ruso aseguró que sus misiles y drones “impactaron en empresas de la industria militar, en infraestructuras de combustibles y transportes que se usan en interés del ejército ucranio, así como en aeródromos militares”.
Entrevistado por un medio de comunicación extranjero, Mikhaylo Podolyak, asesor de la Oficina de la Presidencia ucrania, explicó este martes que en “los ocho distritos del centro de Kiev no hay ninguna empresa de la industria militar, solo edificios de valor histórico y de viviendas”.
El vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, endosó la culpa al gobierno de Volodymir Zelensky: “como ven, estamos asestando golpes sistemáticos contra la infraestructura del régimen de Kiev”, comentó a los reporteros de la fuente presidencial.
Añadió que “la escuela normal de Starobilsk nunca ha sido un objetivo militar ni nada que se le parezca, y el régimen de Kiev lo sabía perfectamente y destruyó la escuela de modo por completo deliberado”.
Por eso, considera el portavoz del Kremlin, “el régimen de Kiev al cometer de manera intencional contra la población civil, contra niños, ese tipo de actos terroristas, acciones francamente inhumanas pasó el conflicto a una nueva fase desde el punto de vista cualitativo, una suerte de otro paradigma”.
El ya citado Podolyak, por el contrario, considera que Rusia recurre al “incidente de Starobilsk” como pretexto para “causar el mayor daño posible a la población civil ucrania” porque “ya es evidente que el ejército ruso no está en condiciones de avanzar más en el frente de combates”.
El funcionario ucranio sostiene que “fracasó la ofensiva de verano que planeaba llevar a efecto el Kremlin” y, en este momento, Ucrania “logró ensanchar la llamada zona de muerte —al menos 20 kilómetros de profundidad a lo largo del frente en los que quien intente adentrarse queda indefenso ante los drones—, en la cual hace valer su superioridad en ese tipo de armamento nuevo”.
Varios expertos que basan sus conclusiones en imágenes satelitales, geolocalización de fotografías y videos, testimonios verificables y otros recursos para analizar los avances y retrocesos en conflictos armados coinciden en que Rusia logró avanzar en el mes de mayo, con pérdidas mortales del orden de 40 mil soldados, en tan solo 14 kilómetros cuadrados, pero perdió ante el ejército ucranio cerca de 40 kilómetros cuadrados de territorio que ya había ocupado.
En lo que va de 2026, Zelensky reveló que Ucrania ha podido recuperar 596 kilómetros cuadrados de territorio. Es poco, aunque, como tendencia que se da por primera vez en mucho tiempo, no favorece el optimismo del Kremlin, opinan analistas, mientras el ejército ucranio sigue centrando sus ataques contra infraestructuras críticas en el interior de Rusia.
Esta madrugada con una incursión de drones dejó en llamas la refinería de Ilsk, en Krasnodar, sur de Rusia, una de las principales del país.
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Edición: Fernando Sierra