Internacional > Sociedad
La Jornada
09/10/2026 | Los Ángeles, EU
Carolina Aranda Cruz
El Océano Pacífico “tiene fiebre”, la más alta jamás registrada. Según el Climate Reanalyzer de la University of Maine, la temperatura superficial del mar superó los 30 °C por primera vez desde el registro del fenómeno.
El planeta no solo se está calentando, también está cambiando la forma en que sentimos el calor. Mientras los océanos reportan temperaturas nunca antes vistas, como la reciente récord provocada por El Niño, un fenómeno igualmente silencioso y devastador ocurre sobre nuestros continentes: el estrés térmico.
La nueva cara del calor
Normalmente medimos el calor con termómetros de aire. Pero el cuerpo humano lo experimenta de manera diferente. Para calcular esta percepción usamos “El Índice Universal de Clima Térmico” (UTCI), la herramienta más completa responsable de evaluar la “sensación térmica”. Este índice revela que, debido al aumento caótico del calor, un pequeño incremento en la temperatura del aire puede provocar mayor estrés térmico.
Según el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, entre la década de 1970 y los años 2015 y 2024 la sensación térmica en los días calurosas del año subió 0.27°C por década a nivel global.
Cuando el calor supera la capacidad de enfriamiento, de acuerdo con la University of Adelaide, una persona puede presentar deshidratación, pérdida de minerales y calambres por el exceso de sudor, debilidad, mareo, náuseas, dolor de cabeza, taquicardia, pérdida de conocimiento, problemas renales y muerte.
Un fenómeno global
El estrés térmico no es algo uniforme, se revela de muchas maneras.
Más días de calor extremo: Desde los años 70 se han aumentado 2 días de calor por década. El estrés fuerte incrementó 1 día más, en este caso la sensación térmica se igualó o superó los 38°C. Mientras los días por estrés extremos aumentó a 0.2°C, llegando o rebasando a los 46 °C. En total México registró (2024) 2 meses extras de estrés.
Noches tropicales más sofocantes, cuando la temperatura del aire no baja de los 20°C: Durante la noche el cuerpo necesita enfriarse para recuperarse del calor diurno. El problema es que, si la sensación térmica se mantiene alta, el cuerpo no puede descansar: el corazón sigue trabajando intensamente y el riesgo de mortalidad cardiovascular y respiratorio aumenta. Para 2024, el 11.4% de las noches tropicales impusieron un estrés térmico moderado. Esto significa que, aproximadamente, 1 de cada 9 noches tropicales el cuerpo no logró recuperarse adecuadamente a consecuencia del calor diurno.
Eventos compuestos: La combinación de días de calor extremo seguidos de noches tropicales ha aumentado en frecuencia y duración, la combinación hace que el estrés térmico se acumule con el paso de los días. En México la zona más afectada es la costa, porque el mar actúa como un banco de calor que libera su energía por la noche.
Centros de datos, la nueva forma de calentar el mar
Los centros de datos submarinos ofrecen muchas ventajas: reducción del costo de refrigeración para las empresas, mejora la velocidad de navegación por internet en zonas costeras y mayor eficiencia energética. Todo esto, según la University of Johannesburg, termina promoviendo las olas de calor marino.
Si el agua de salida del sistema de refrigeración alcanza temperaturas elevadas, la vida marina corre peligro debido a la desoxigenación. Al caer los niveles de oxígeno se altera la cadena alimenticia: los tiburones y atunes buscan aguas más frescas para encontrar aire, por lo tanto, dejan de cazar a sus presas, quienes llegan a convertirse en una plaga. También se favorece la liberación de gases de efecto invernadero, mientras las algas nocivas deterioran la biodiversidad, la salud de los arrecifes de coral y la biodiversidad del ecosistema.
Simultáneamente los animales criados en granjas acuáticas mueren masivamente, la falta de oxígeno frena el crecimiento y la reproducción de las criaturas marinas. Afectando la economía de los piscicultores.
Aun cuando no existen datos sobre la huella de carbono de los centros de datos en el océano, de acuerdo con Alex de Vries-Geo de la Vrije Universiteit Amsterdam, la huella general se situó entre 32.6 y 77.7 millones de toneladas de CO2, cifra comparable con las emisiones anuales de Nueva York.
Un impacto que ataca de manera desigual
La desigualdad en la exposición al calor se traduce directamente en una desigualdad socioeconómica. Una investigación del “Climate Impact Lab” de la University of Chicago prevé para 2050 la muerte de 391 mil personas al año debido al calor en países con bajos ingresos, en contraste con las 39 mil muertes de países con ingresos más altos.
En la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, en lugares de bajos recursos (47.7 por ciento de la población) como la Álvaro Obregón, Cuauhtémoc, Iztapalapa, Naucalpan y Ecatepec, solo el 35 por ciento de la población cuenta con automóvil propio para evitar el transporte masivo, y un tercio (34.45 por ciento) habita en viviendas hacinadas, dos factores que aumentan el riesgo de sufrir un choque de calor. En contraste, el estrato socioeconómico más alto, ubicado en la Benito Juárez, Coyoacán y Miguel Hidalgo alberga apenas al 7.59 por ciento de la población metropolitana. Dadas sus condiciones de vida, marca una diferencia abismal ante el estrés térmico.
Nos advierte el Panel Intergubernamental de Cambio Climático: “Incluso si se desplegara toda la adaptación concebible, la mayoría de los riesgos que enfrentan hoy los ricos y los pobres de las ciudades no se resolverían por completo. La brecha de adaptación urbana también es desigual".
Edición: Ana Ordaz