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Foto: Reuters
La Jornada

Gaza.
27 de julio, 2015

El escenario no es más que un montón de escombros en el que seis músicos se colocan con sus instrumentos.

Entre las ruinas de Gaza tocan percusión y laúd, violín y piano: un concierto en medio del desastre y las cenizas.

Pero no sólo el contexto es insólito, también lo es el público. Son niños del barrio de Shejaiya, destrozado hace un año por los combates entre los soldados israelíes y los activistas palestinos. Casas, tiendas, calles. Hasta ahora es muy poco lo que se reconstruyó.

Gaza vivió tres guerras desde 2008. Los niños palestinos menores de siete años conocen la paz duradera sólo de los relatos.

El grupo musical Nissan quiere ayudar a los habitantes más jóvenes de Gaza a procesar sus experiencias de la guerra por medio de la música. Por eso este 27 de julio tocaron para los niños de Shejaiya.

Para reparar sentimientos no hace falta cemento, afirma Sarah Aburamadan, cantante de la banda. Sólo un poco de alegría. Esa es la razón de que el grupo haya tocado 14 días en diferentes barrios de Gaza.

En Shejaiya, primero, Sarah interpretó una canción tradicional árabe. Luego pidió a los niños que cantaran con ella y marcaran el ritmo con palmas. Al principio los pequeños se mostraron tímidos, luego comenzaron a cantar y a moverse al ritmo de la música. Finalmente, sonríeron.

Musa Tawfiq, quien toca el laúd, aseguró que el daño físico causado a la infraestructura de Gaza es visible y puede ser reparado tarde o temprano. Sin embargo, el impacto sicológico en los niños que experimentaron la guerra no siempre es tan evidente.

En los 51 días de guerra, 551 niños murieron y más de 2 mil resultaron heridos, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia.

Hay 326 mil niños en Gaza que necesitan ayuda sicológica para superar los traumas de la guerra, estima la sicóloga Sami Oweida de Gaza. Según la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos, muchos niños desarrollaron miedos y trastornos del sueño, se orinan involuntariamente o se volvieron hiperactivos.

Los sicólogos locales intentan calmar los traumas con terapias.

Pero cada misil que militantes palestinos lanzan contra Israel y cada contrataque del Ejército israelí hacen vanos sus esfuerzos.

La banda de Aburamadan también ofrece a los niños terapia mediante la conversación ayudando a que hablen sobre lo que está oculto en sus mentes.

Cinco niños y cinco niñas, de entre ocho y 12 años, rodearon a los músicos. Algunos tocaban instrumentos de percusión que les habían dado.

Me siento más cómodo y feliz si canto

Me siento más cómodo y más feliz si canto o hago música, afirmó Mahmud Abu Daggen. Él y sus tres hermanas se mudaron a Gaza desde los Emiratos Árabes Unidos justo unos meses antes de la guerra. Nunca viví un momento tan horrible en mi vida. Aún no puedo olvidar el sonido de las bombas y las explosiones, agregó.

Mientras sus compañeros de grupo contaban chistes para hacer reír a los pequeños, Sarah sugirió un juego. ¿Y si cerramos los ojos por dos minutos mientras ellos tocan?, preguntó. Piensen en lo que ven del pasado y en cómo ven el futuro.

Sonó el violín, luego el piano. Tras dos minutos, el viaje terminó. ¿Qué han visto?, preguntó Sarah. Primero vi aviones y bombas, señaló Iman, de 13 años. Pero luego intenté escuchar la música y deseé estar en un enorme jardín.

La pequeña gira de estos músicos fue patrocinada por una organización cultural local. En el futuro, el grupo quiere volver a presentarse y llegar a más niños. Muchas veces los menores en Gaza no tienen acceso a instrumentos y muchas familias religiosas no ven con buenos ojos que sus hijas canten o bailen. Pero muchos de los niños tienen talento, afirmó la cantante después del concierto. Agregó que desea regresar.


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