En su mensaje de Navidad, el cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de la Arquidiócesis de México, llamó a revisar las relaciones de familia, ya que éste debe ser el lugar “donde se aprenda a amar, y muchas veces no lo es, pero está en nuestras manos corregir, orientar y fortalecer”.
Agregó que “el camino, la verdad y la vida muestra la manera como cada uno de nosotros somos. Con todos nuestros contextos históricos, sociales y familiares”. Agregó que es posible llevar a cabo “la misión que cada uno de nosotros tenemos cuando el apoyo de la familia está detrás”.
Por otro lado, en el editorial del semanario católico Desde la fe, sostuvo que la búsqueda de un refugio de María y José, es una escena que “nos debe recordar siempre las necesidades y precariedades que están sufriendo nuestros hermanos migrantes, quienes dejan su hogar y buscan refugio cotidiano mientras intentan llegar a su destino final”.
Agregó que mientras, hay pensamientos que reducen a los migrantes como personas que estorban o afean los lugares, algunos más los clasifican de delincuentes y por lo tanto se cierran fronteras y se les captura como prófugos de la justicia.
Esa condición de migrante de la Sagrada Familia, según la Escritura, no terminó con el nacimiento, continuó cuando san José toma a María y Jesús, y huyen a Egipto para proteger al bebé de la persecución de Herodes. “Todo en su vida había cambiado, y no se trataba de situaciones bajo su control”, precisó.
Se preguntó si es válido que disfrutemos y celebremos la Navidad existiendo la injusticia, “la respuesta tiene que ser sí, porque en medio de la injusticia Dios se presentó para darnos la Esperanza, con sus enseñanzas, con su Amor, con su Resurrección final”. Lo que tenemos que hacer, agregó, es buscar compartir esa Buena Nueva, esa Esperanza.
Edición: Emilio Gómez
El Pacífico sur es una de las regiones más vulnerables del mundo al calentamiento global
Afp
El apoyo mensual es de 9 mil 582 pesos, además de seguro médico del IMSS
La Jornada
Visión Intercultural
Francisco J. Rosado May
Las piezas son resguardadas por el INAH en el Laboratorio de Zooarqueología de Chetumal
La Jornada Maya