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Nada para después

“Cada mañana hazte un regalo”. No importa nada más, allá afuera el mundo puede esperar

Por: José Luis Preciado

Estos tiempos aciagos nos invitan a colocar en primer grado de prioridades aquello que vale la pena.

Le recomiendo: 

Twin Peaks se transmitió por primera vez un 8 de abril de 1990 (en abril de este 2020 cumplió 30 años). Es una de esas grandes series que cambió por completo a la televisión del mundo. David Lynch y Mark Frost sitúan la trama en una pequeña y ficticia ciudad-aserradero, ubicada al noreste de ese Estados Unidos. Twin Peaks sigue la historia de un agente del FBI, Dale Cooper, encarnado por Kyle MacLachlan, quien acude a esa pequeña ciudad a resolver el crimen de Laura Palmer. ¿Quién mató a Laura, la chica más popular del pueblo?

Aquello enganchó a todos, a medida que la trama alcanzaba tintes de Fuenteovejuna, un enredo total con el involucramiento de todos, más las fuerzas oscuras que bajan de los cerros poblados de misterio y comicidad. No le contaré más de esta gran historia de escándalo e hipocresía que nos retrata de cuerpo entero.

A propósito de lo que me ocupa en este escrito y lo que quiero contar sobre “nada para después”, quiero recordar al detective Cooper, amante de las donas y del mejor café que pudiera encontrar en sus caminos de la vida, hay un extracto bellísimo donde la cámara se aleja y al fondo, en un pequeño restaurante, se ve al detective y al shérif departiendo una humeante taza de café. La frase fue: “Cada mañana hazte un regalo”, lo mismo puede ser una rica taza de café, una corbata, una tina de agua fresca, una rica cerveza, una amena charla. No importa nada más, allá afuera el mundo puede esperar.

El detective Dale Cooper se hacía cada mañana un regalo, dejaba sus tareas en una pequeña grabadora que llevaba al bolsillo; aunque tuviera el día muy apretado, siempre sonreía y se regalaba algo, luego salía cantando maravillas sobre el sabor de ese café o la ricura de la dona recién saboreada. La música cool jazz, el Twin Peaks Theme, además el inolvidable Blue Velvet, bajo la batuta de Angelo Baladamenti, crean esa atmósfera de pesadilla y sueño, sin dejar de lado esa genial sencillez narrativa; quizá sea una de las muchas razones por que las que Twin Peaks nunca se olvida.

La vida a colores 

Quizás sea tiempo de dar paso a esa nueva forma de mirar las cosas, ponerle colores a nuestra vida, aprender a observar aquello que nos rodea; no es el parque vacío de niños, más bien el parque poblado de árboles y aves, briznas de rocío matinal colgadas entre las ramas, el aire fresco que golpea y acaricia la cara y que al filo del mediodía y con el intenso calor se convierte en aire que nos muerde. Ese café añorado, la charla postergada, exorcizar ese interminable pretexto de querer hacer algo y dejarlo para después, el deleite de los agricultores, cuya vejez no les impide, y a su ritmo, cultivar la tierra, regocijarse con sus frutos y admirarse con esa fuerza de partos que da la tierra; nadie como el labriego se acerca más a la vida de un sabio.

No se convierta en un bote de basura

Consumir redes sociales sin orden ni control sólo nos llena de angustia. Esa realidad que nos presentan sí suele estar ocurriendo, pero es demasiada información caótica y sin filtros; nos quieren convertir en botes de basura, donde todos quieren tirarnos sus desperdicios, su odio y coraje. 

Decía Marshall McLuhan: “La indignación moral es una técnica usada para conferir dignidad al necio”. Algunas cosas de esa realidad existen, ocurren, pero honestamente, ¿podemos cambiarla?... NO. Lo que sí podemos hacer es pulir, afinar la mirada y mover nuestra vida a lugares más amables a todo color. 

No se trata de hacer el papel del optimista irredento, aquel que entre risas bobaliconas camina por la vida, mas ser nosotros mismos asumiendo los riesgos de vivir esta nueva realidad, adaptarnos a ella, escribir sobre ella, aprender a contarla. Todo va a cambiar, todo ya cambió… 

Cada mañana ¿te haces un regalo? Al dormirte ¿agradeces por el día transcurrido o miras angustiado el abismo que se abre a tus pies? “Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que vence ese temor”, lo dijo Nelson Mandela.

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Edición: Ana Ordaz

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