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La Jornada
02/03/2026 | Nueva York, EU
Un grupo reducido de médicos de alto perfil brindó atención clínica privilegiada al difunto delincuente sexual, Jeffrey Epstein, y a las jóvenes que lo rodeaban al menos durante 10 años, en algunos casos vulnerando normas éticas fundamentales de su profesión, reveló una investigación de The New York Times (NYT).
Más de 15 mil documentos (correos electrónicos, mensajes de texto, resultados de laboratorio y registros financieros correspondientes al periodo 2009-2019), muestran que Epstein cultivó esta red de médicos leales a quienes recompensó con donaciones por cientos de miles de dólares a proyectos y fundaciones vinculadas a dichos especialistas, con contactos de alto nivel, viajes a su isla privada y con estancias en su rancho de Nuevo México, a cambio de obtener acceso irrestricto a servicios clínicos de primera línea fuera de protocolos hospitalarios, al acceso a información médica privada de las mujeres atendidas y, en ciertos casos, a colocarlo como interlocutor principal en decisiones clínicas que correspondían a las pacientes, probablemente sin el consentimiento requerido por las mismas.
Entre muchos casos figura el de una joven rusa que, tras sufrir una caída en la isla privada de Epstein, recibió 35 puntos de sutura tras golpearse en la mesa del comedor de la residencia del pederasta, atención realizada por una cirujana enviada por la médica Eva Dubin, antigua pareja de Epstein.
También, en Florida, su médico personal coordinó tratamientos por gonorrea para el delincuente sexual y sugirió enviar a las mujeres a otro hospital para evitar que los reportes sanitarios lo vincularan con los casos, como exige la ley.
En declaraciones al NYT, varios de los especialistas aseguraron no haber tenido conocimiento de conductas ilegales y sostuvieron que actuaron de buena fe.
Su red de apoyo médico se mantuvo incluso después de que se expuso el historial de abuso sexual de Epstein contra menores.
En 2018 uno de sus médicos le escribió para expresarle respaldo y criticar la cobertura de la prensa sobre su conducta.
Edición: Ana Ordaz