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La Jornada
04/04/2026 | San Cristóbal de las Casas, Chiapas
Las víctimas de desaparición en México “no son un número a manosear en los medios de comunicación como está ocurriendo en estos días, sino personas con nombre, historia, parientes, amistades que no están en ningún lado y que es preciso ubicar y rescatar para la vida, para la memoria y para ambas”, afirmó el capitán Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Agregó que la lucha de los cientos de colectivos, grupos y organizaciones que buscan a sus familiares desaparecidos “ha sido usada para agendas políticas partidarias”.
Y sí, abundó, “tal vez por fin el equipo de futbol de México llegue al quinto partido y todo sea fiesta y celebración y se diga ‘yo siempre lo supe’ y el Vasco es vasco, pero ¡viva México, cabrones, cabronas y cabronoas y salud!, pero en el limbo incierto de lo que alguna vez fue la nación mexicana, a la que ya sólo la unen el dolor y el terror, seguirá sin descanso quien lucha por los ausentes, entre todos ellos, una que alguna vez se llamó patria y que está extraviada entre lo frívolo y superficial porque verdad y justicia, son parte de las desaparecidas”.
Marcos expresó lo anterior durante el tercer y último día de actividades del llamado Semillero Abril del 2026. La Tormenta dentro y fuera según las comunidades y pueblos zapatistas, que se realiza en San Cristóbal.
Unidad y fragmentación de la lucha
En la sesión de las 13 horas habló sobre Una mirilla a la Tormenta en el Mundo: La Fragmentación de Territorios y las Resistencias y Rebeldías y dijo que “sólo quienes tienen claro el por qué, o sea su historia; el para qué, o sea su objetivo, y el cómo, o sea su forma organizativa, son quienes no desmayan, no se rinden, no se venden y no claudican”.
Agregó: “Están aquí, por ejemplo, algunos de los padres y madres de los ausentes de Ayotzinapa, que como en otras ocasiones nos acompañan: Don Mario y Doña Hilda, quienes como el resto de sus compañeras y compañeros siguen perseverando en la búsqueda de quienes les hacen falta”.
Los cientos de asistentes a la reunión que se realiza en el Caracol Jacinto Canek, ubicado en el Centro Indígena de Capacitación Integral (Cideci), situado en San Cristóbal, corearon: “26 de septiembre no se olvida, es de lucha combativa”.
El capitán se había referido previamente a “la unidad y la fragmentación de la lucha” y dijo que “hace unos meses” el subcomandante Moisés le dio a la tropa sobre lo que había tratado en una sesión de la Asamblea general de gobiernos autónomos locales.
“Nos dijo que nuestro deber como zapatistas actuales es crear las condiciones materiales para la supervivencia de las siguientes generaciones; es decir, las condiciones para que tuvieran vida, pero que ya estaban viendo que no bastaba, que debíamos transmitirles la resistencia y la rebeldía, es decir, el no rendirse, no venderse y no claudicar, y que eso no podía ponerse en un papel o resolutivo de asamblea comunitaria. Ni siquiera es algo que pudiera transmitirse en forma verbal”.
Resignarse u organizarse
Señaló que después de varias asambleas se llegó a la conclusión de que “una de las propuestas iba en el sentido de que la herencia debía de ser el ejemplo, que la resistencia y la rebeldía, no venderse, no rendirse y no claudicar eran sólo palabras huecas si no eran acompañadas con el ejemplo; que si queríamos heredar el Común debíamos practicarlo quienes son autoridades, responsables, convocantes, responsables de área, interzona, oficiales y tropas y todos los nombres y trabajos que surgen en nuestra estructura organizativa”.
Esto de la herencia, expresó Marcos, “viene al caso o cosa, según, porque todo movimiento, organización, grupo, colectivo, individuo, individua que resiste y se revela ha tomado consciente o inconscientemente una decisión frente a ese dilema que plantea la convocatoria de este año: resignarse u organizarse”.
Continuó: “Nuestro pensamiento como zapatistas es que detrás de todo llamado a la unidad incondicional hay un intento de absorción, de hegemonización y homogeneidad. Cada llamado a la unidad está ocultando el tema principal de quién va a mandar y cómo vamos a hacer. Es decir, la implementación de una pirámide. Vemos que la fragmentación no es en realidad división, sino reconocimiento de diferencias. Nos hacen creer que somos más fuertes si nos unimos y presentamos un frente común, pero no nos aclaran que en esa unión hay quien manda y quien obedece”.
Precisó que El Común que proponen los zapatistas “no se refiere a organización de cada quien sino al objetivo: enfrentar al enemigo. Muchas luchas, muchos combates y una batalla contra el sistema. No sabemos si esta mirada que tenemos vaya a resultar y seguramente se puede debatir, discutir y rechazar el que la fragmentación de las organizaciones lleve a buen destino. Lo que sí, es que hay muchos ejemplos de que la unidad, con mayúsculas, terminan en el fracaso. Pensamos que no hay que confundir unidad en osos objetivos de comunidad organizativa”.
Edición: Fernando Sierra