Rosa Elvira Vargas
La Jornada Maya

Ciudad de México
12 de febrero, 2016

A su llegada a México esta noche, el papa Francisco se mostró fiel a su costumbre de romper normas y protocolos: caminó a lo largo de las gradas donde cinco mil católicos lo esperaron y les repartió bendiciones.

Pocos minutos antes de las 19:30, el avión de Alitalia que lo trajo primero de Roma a La Habana y luego de la capital de Cuba a la Ciudad de México hizo alto en el Hangar Presidencial.

Al pie de la escalerilla lo esperaba ya el presidente Enrique Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera.

Caminaron los primeros metros de la alfombra roja cuando cuatro niños ataviados con trajes regionales le presentaron un cofre con tierra de todas las regiones del país.

Cuando la nave se detuvo frente a la plataforma de recepción, el mariachi tocaba Cielito Lindo.

En el aeropuerto estalló un grito de la multitud, cuando el jefe de la Iglesia Católica apareció en la puerta del avión.

Ya era de noche cuando el Papa caminó por la alfombra roja y pudo ver a la gente que lo saludaba con las luces de teléfonos móviles.

La recepción a Jorge Bergoglio incluyó coros y bailables de niños y jóvenes, instalados en tarimas en el aeropuerto.

El Papa escuchó Luz y el Son de la Negra, así como este grito insistente: "¡Queremos que el Papa nos de la bendición!"

El viento soplaba fuerte y levantaba el solideo papal, el tocado de los pontífices.

Los niños de un coro que cantó para el Papa bajaron del escenario y se le acercaron para abrazarlo. Francisco saludó a un grupo de artistas e impartió bendiciones.

Frente al Hangar Presidencial, el Papa y Peña Nieto presentaron mutuamente a sus comitivas oficiales.

Casi una hora después del aterrizaje del avión, Francisco abordó el papamóvil e inició su recorrido hacia la Nunciatura Apostólica, en la colonia Guadalupe Inn, al sur de la capital.


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