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Javier Becerril*
Foto: Paulina Martínez Isidro
La Jornada Maya

Martes 2 de abril, 2019

El pasado 29 de enero este rotativo publicó una propuesta alternativa a los estudios (o Análisis) Costo-Beneficio (ACB), sugiriendo el Análisis Multi-Criterio (AMC); desafortunadamente estas propuestas no hacen “eco” en la toma de decisiones de las autoridades correspondientes.

El sesgo es un error sistemático en el que se puede incurrir cuando realizamos estudios o ensayos y se favorecen unas posibles respuestas frente a otras; y es inherente porque está unido o es parte de la metodología del estudio o análisis.

El ACB reduce todos los costos y beneficios conmensurables y crematísticos –que se pueden medir y que tiene valor de mercado– a la escala “unicriterio” de valor monetario (dinero). El error consiste en que el ACB ignora, y no considera todos los bienes y servicios inconmensurables y no-crematisticos, es decir, que no se pueden medir y que no tiene precio de mercado.

De realizar el ACB todos los bienes y servicios que provee la naturaleza, por ejemplo, que no tienen valor económico y precio de mercado, serán ignorados en el estudio. Un ejemplo de ello por excelencia son los bienes y servicios que provee la naturaleza y que no tienen valor económico (monetario) y se pueden comercializar en el mercado como el servicio de polinización que provee la abeja melipona (Xunan-kab, Melipona beecheii), el colorido y canto del pájaro Toh (Eumomota superciliosa), las áreas silvestres en donde habita el venado cola blanca (Odocoileus virginianus), o el servicio de recreación y hábitat de un Cenote (del maya dzonoot: hoyo con agua), o un árbol de Ceiba (que para la cosmovisión maya la ceiba significa vida, perpetuidad, grandeza, bondad, fuerza y unión). El valor del patrimonio biocultural y los valores de identidad, recreación, servicios de polinización, infiltración de agua, y un largo etcétera, no están incluidos en el ACB –simplemente porque no tienen precio y no es trivial medirlos, cuantificarlos o hacer su valoración económica. Usted se ha preguntado cuánto vale el aire en Yucatán, cuánto vale un Cenote de agua cristalina con una gama de colores muy amplia, cuánto un pájaro Toh. Seguramente la respuesta es no, porque no se comercializan en el mercado. Y si no hay un mercado entonces no tienen precio. El ACB normalmente es la base de diseño e implementación de la política pública, obviando, ignorando o sesgando bienes y servicios que no tienen mercado o es compleja su medición. Este es el riesgo, sesgo y error.

El Análisis Multi-Criterio (AMC) no asume la conmensurabilidad de las diferentes dimensiones del problema, ya que no provee un único criterio de elección, en este sentido, no existe la necesidad de reducir todos los valores a la escala monetaria o energética, ayudando a encuadrar y presentar el problema, facilitando el proceso decisor y la obtención de acuerdos políticos. Nos encontramos, por tanto, ante un proceso de aprendizaje iterativo, entre los analistas y la sociedad involucrada, en el que se combinan aspectos formales (aquellos propios de la metodología AMC) con aspectos informales, representados por las percepciones, intereses, deseos de los diferentes agentes locales, los saberes tradicionales, inmersos en esta toma de decisiones: el pueblo originario, académicos, científicos, empresarios, políticos, estudiantes, amas de casa, productores agrícolas, apícolas, organizaciones de la sociedad civil, etcétera.

El sesgo se ahonda más contratando empresas extranjeras (sin licitación ni adjudicación directa) para realizar un ACB, cuando existe en México más de 25 mil miembros del Sistema Nacional de Investigadores en todas las áreas del conocimiento, avalados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concyt), y mas de 2 mil 300 programas de posgrado reconocidos por su calidad (PNPC-Conacyt), es decir, miles de estudiantes de maestría y doctorado que podrían colaborar. También existen Universidades públicas y centros de investigación a lo largo y ancho del país, quienes podrían hacer todos los estudios pertinentes: sociales, económicos, ambientales, de impactos, de patrimonio biocultural, etc. Aún están a tiempo las autoridades para decidir bien en los planes de desarrollo sustentable, equitativo e incluyente. Además, gente que conozca la realidad social y características geográficas de la península.

*Profesor-investigador de la Facultad de Economía de la UADY

[i]Mérida, Yucatán[/i]
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