Las fotografías de José Luis Díaz, ''una forma de imaginar el mundo''

El montaje se convierte en un complemento de las imágenes
Foto: Centro Cultural La Cúpula

Johanna Martín Mardones

La exposición fotográfica Micras de paisaje de José Luis Díaz, está siendo exhibida por el Centro Cultural La Cúpula en Paseo de Montejo que, por su muerte repentina, deviene homenaje desde el 10 de diciembre de 2020. El paisaje (re)creado por Díaz nace del universo de los insectos en relación directa con el concepto que reúne y designa la exposición micras, medida de longitud que es la millonésima parte de un metro, utilizada para medir objetos microscópicos. El artista inicia su recorrido hacia nuevos paisajes tomando como punto de referencia lo micro para ser llevado a una escala macro con la que visibiliza un territorio (in)visibilizado.

La (no)visibilización, es decir, la negación del universo microscópico, por la imposibilidad del ser humano de verlo, lleva implícita la interrogante sobre una presencia que persiste y existe en una condición paralela: cómo se vincula el ser humano con ese territorio. 

Díaz instala la idea de un estar afuera como hilo conductivo-operativo y, en el proceso, trabaja para revertir esa condición con la magnificación de la imagen y, con ello, promueve el acceso a un nuevo territorio habilitando el sentido-sensación de estar dentro.

Así, la reunión de fotografías bajo el nombre Micras de paisaje, se perfila a partir de dualidades. Por una parte, instala la imagen de un paisaje que no existe por la incapacidad de nuestro ojo de percibirlo y con ello devela la idea de un estar fuera y, por otra, (des)cubre, por las mismas características que nos impide verlo, un universo de relaciones posibles y, con ello, lo hace perceptible a nuestros ojos, es decir, nos incluye; ahora somos parte, estamos dentro

Las fotografías, de gran formato, exhibidas al aire libre, se configuran como umbral hacia lo otro y, al mismo tiempo, una urdimbre de lo inexplorado que, bajo esa mirada, rubrica la posible relación del hombre con un universo otro y las permanentes fricciones que aborda-arroja la incertidumbre de lo desconocido.

La dualidad que surge, en lecturas posibles al trabajo del artista (re)vela, de igual manera, una búsqueda de sentido de la realidad que nos rodea-le rodea. El paisaje que propone la obra es, también, el paisaje de Díaz que busca llenar de florescencia “(…) representar lo habitual es vital para apreciar las intrincadas relaciones que con sutileza sostienen el entramado de nuestras vidas” (José Luis Díaz). La mirada del artista es, en ese sentido, circular, tiene su génesis en métodos creativos, pasa por el mundo de la ciencia instrumentalizando conceptos artísticos asociados a herramientas tecnológicas que vincula a procesos del oficio, aparentemente externos al mundo del arte, para llegar nuevamente al inicio: la obra misma que, en algún lugar, se cruza y entrama procesos consientes y sensibles de dos realidades que se interpelan a distancia. 

Lo que propone Díaz no es un paisaje de tránsito, ni un pasaje “(…) no somos simples observadores de la naturaleza, formamos parte de ella, los paisajes internos se proyectan en el afuera y le dan sentido” (José Luis Díaz). El paisaje de Díaz es una cartografía del alma que busca conexiones externas con lo desconocido, la vecindad con lo ajeno y extraño, con el afuera. De ahí la necesidad de magnificar el mundo de los insectos, identificarlo y con ello identificarse. Porque el universo al que se apela, aunque no sea posible verlo sin la ayuda de las herramientas que nos ofrece la tecnología, no frena su existencia, ni la ascesis del artista, nunca completa sin el paso que la antecede y preconiza. “Necesitamos repensarnos como actores de lo natural, sentirnos de nuevo incluidos en su maraña” (José Luis Díaz)

El lugar, al aire libre, donde se emplaza y exhiben las fotografías se constituye como un elemento más que aporta y da sentido al planteamiento que tensa y somete a la obra y al observador a una relación inexplorada. El espacio abierto, otra forma de estar afuera, establece una nueva relación con la obra en la cosmovisión de entorno que nos propone el artista y, al mismo tiempo, (re)define los lineamientos territoriales-geográficos que nos divorcian de él y que, para Díaz, es “una forma de imaginar el mundo”.

Artista Visual
Investigadora y Crítica de Arte

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Edición: Ana Ordaz